RAMÓN SIJE EN TESTIMONIOS
En el septuagésimo aniversario de su muerte (1935-2005)
(Publicado en dos partes en los números 18 y 19 de El Eco Hernándiano)
Por Antonio Peñalver
‘Su vida ha sido precipitada, tormentosa y luminosa como el rayo y, como la del
rayo, ha buscado precipitadamente la tierra’
Miguel Hernández
No de todas las personas que conocieron a Sijé se han conservado testimonios. Sin embargo, bastantes de ellas han dejado recuerdos, impresiones o juicios a partir de su relación y diálogos con el oriolano, lo que contribuye a paliar, en cierta medida, los efectos negativos de su ausencia. A través de ellos, reproducidos en las obras de críticos como José Muñoz Garrigós, Vicente Ramos, Agustín Sánchez Vidal o José Antonio Sáez, entre otros, vamos a adentrarnos en la biografía de José Marín Gutiérrez.
La figura de Sijé: opiniones contrapuestas
La cita de Miguel Hernández que inicia este trabajo es muy significativa de la
‘exaltada y fugacísima existencia’ que llevó este ensayista y
periodista oriolano, en palabras del guardamarenco Vicente Ramos, doctor en
Filosofía y Letras. Más conocido por la elegía que ha perpetuado su nombre y que
le dedicó a su muerte Miguel Hernández, la corta vida de ‘Ramón Sijé’
-nombre literario usado por José Marín Gutiérrez- ha impedido que pocos conozcan
en realidad quién fue, qué hizo, cómo vivió y qué representó en su tiempo su
figura. Desde que a los doce años publicó su primer trabajo hasta la terminación
de su ensayo sobre el Romanticismo, cuando sólo contaba con veintidós años, sus
aportaciones a la cultura aparecieron en las más prestigiosas revistas, en los
periódicos más importantes y en su personalísimo El Gallo Crisis,
manteniendo contactos con las más altas personalidades de la intelectualidad
española, como demuestra su epistolario literario.
Ensalzado por unos y denostado por otros, lo cierto es que su figura no ha pasado desapercibida, al menos, para los críticos y estudiosos, que han contribuido con sus investigaciones a recuperar el nombre y la obra de Ramón Sijé, actitud que debe hacernos perseverar en la línea de recuperación de este escritor.
Fue ‘un iluminado, un orador, un filósofo crítico, ensayista vibrante, un joven genial’, escribió el oriolano Manuel Molina, escritor, poeta y tertuliano de la tahona de la calle de Arriba. Por su parte, Antonio Sequeros, profesor de Literatura, glosaba así a Sijé: ‘henchido de genio, saturado de erudición, de unamuniano estilo, ardiendo en llamaradas de misticismo y con escolástica dialéctica, discurriendo por rutas de Quevedo y con mucho Gracián’. Antonio Oliver Belmás, doctor en Filosofía y Letras y fundador de la Universidad Popular de Cartagena, llegó a manifestar que ‘Ramón Sijé era un gran espíritu, uno de los puros espíritus de la región a la que enaltece, pese a su fugaz trayectoria sobre la tierra'.Su amigo Juan Bellod Salmerón, abogado, dijo que ‘como hombre superior que era, tenía un gran concepto de la libertad, pero no era ‘liberal’ como hombre libre y, por consiguiente, era racional y profundamente religioso, que no beato’.
Por el contrario, otros se muestran muy críticos con su figura, sobre todo en relación a su ideología. Para Cecilio Alonso, profesor de Literatura en la Universidad de Valencia, ‘Sijé, sorprendente niño-maduro, contribuye a minar el progreso intelectual de España, huyendo hacia Dios, como fruto de su voluntad de impotencia, inherente, según él, a la condición de ser cristiano. Y buscar apoyo en el orden teocrático: ¿qué es si no incapacidad para comprender materialmente el mundo, aceptarlo e intentar transformarlo, al margen de otras trascendencias?’. Y el catedrático Agustín Sánchez Vidal va mucho más allá, al opinar que ‘Miguel crecerá impregnándose del ambiente conservador y católico de Orihuela y recibirá, a través de Sijé, incluso ingredientes parafascistas’.
En cualquier caso, valga la opinión de Jesús Alda Tesán, catedrático aragonés de Literatura y amigo personal de Ramón Sijé en la redacción de El Gallo Crisis, que afirmaba: ‘no falta quien ha hecho definiciones quizá no siempre bien intencionadas; pero todo se queda en la agudeza pasajera de una frase vana’.
La familia Marín
Ramón Sijé fue el primogénito del matrimonio formado por José Marín Garrigós,
vendedor de tejidos, y Presentación Gutiérrez Fenoll, procedente de una bien
acomodada familia de la huerta oriolana. Sijé nació en Orihuela a las seis de la
tarde del día 16 de noviembre de 1913. Fue bautizado diez días después por el
obispo Ramón Plaza y Blanco, Obispo de la Diócesis oriolana, en la catedral de
El Salvador. Se le impusieron cinco nombres: José, Ramón, Rufino, Justino y
Antonio. Años después, vinieron al mundo sus hermanos Justino (1915-1946)
-andando el tiempo adoptaría el seudónimo de ‘Gabriel Sijé’- y María
Dolores (1920-1966). La familia vivía en el número 27 de la oriolana calle
Mayor, en una hermosa casa de dos pisos. En los bajos, se encontraba el negocio
familiar. Según el testimonio del oriolano Francisco de Díe, ilustrador de la
revista El Gallo Crisis y amigo de José Marín, ‘la familia era extraña.
El espíritu de los Marín era muy puro y, por tanto, débil, encogido, para
este mundo disparatado. Tanto Ramón como Gabriel Sijé eran unos introvertidos
profundos. Para ellos, y dadas las circunstancias económicas de la familia, sólo
existía el mundo de los espíritus. Así que no es de extrañar que la fatalidad,
de cualquier modo, acabara con todos’.
El ambiente familiar de los Marín-Gutiérrez tuvo sus peculiaridades en el aspecto económico y en la manera de ser de los padres. La práctica totalidad de los ingresos procedía del negocio familiar, viviendo con holgura gracias a los bienes de la madre. Cuando los hijos mostraron un escaso interés por el negocio familiar, se produjo una ostensible decadencia del mismo. Pero la originalidad más destacable fue la manera de ser de la madre, que había recibido una señorial educación, de la que cabría destacar un catolicismo sin fisuras y un carácter muy enérgico y dominante, que pudo influir en el carácter y pensamiento de José Marín. El padre no tenía don de gentes. La mayoría de testimonios de los amigos que frecuentaban la casa, como Mariano Cremades, Ramón Pérez Álvarez o Miguel Hernández, apuntan a un ambiente familiar en el que la alegría no era el elemento dominante. Manuel Molina señala que José Marín ‘era pequeño y débil de cuerpo, de donde destacaba una cabeza grande y pelada a lo colegial; su cabello era de un castaño claro, y oscuro en las cejas, que enmarcaban unos ojos profundos y brillantes, y su piel morena y lunar. Era una criatura sencilla y fina por naturaleza’. Según el abogado y escritor oriolano José Martínez Arenas, Sijé gozó de poca salud, ‘por lo que fue más amigo de los libros que de la calle’. Por su parte, para Muñoz Garrigós, profesor de Gramática Histórica de la Universidad de Murcia, ‘el retraimiento no debió tener su origen sólo en su poca salud’.
Primeros estudios
Poco antes de cumplir los diez años, en octubre de 1923, ingresó en el Colegio
de Santo Domingo para hacer preparatorio inferior, coincidiendo allí, entre
otros muchos condiscípulos, con el que, andando el tiempo, habría de ser su
‘amigo del alma’, el poeta Miguel Hernández, ‘aunque la fraternal y
célebre amistad entre ambos no arranca de aquí, sino de acontecimientos
posteriores’, aclara Muñoz Garrigós. A juzgar por la documentación que
aduce el periodista y escritor oriolano Francisco Martínez Marín, debió ser
desde el principio un alumno bastante destacado. En el curso 1924-25, prepara el
ingreso para el Bachillerato, cuyos ejercicios aprueba en el Instituto Alfonso X
el Sabio, de Murcia. Al curso siguiente, obtiene en todas las asignaturas
sobresaliente y premio.
Su primer artículo en prensa
En 1926, lo más destacable en su biografía fue la aparición, con fecha de 31 de
marzo, en el número 41 de la revista madrileña Héroes, de un artículo
firmado por Pepito Marín Gutiérrez con el título ‘España, la de las gestas
heroicas’, fechado en Orihuela el día 8 del mismo mes y año. Este artículo
fue presentado a un concurso literario para menores de 17 años. Él sólo tenía
12. Aunque se ha dicho que ganó el concurso, aclara Muñoz Garrigós que ‘no
he encontrado datos seguros de que fuese éste el artículo premiado’. Pepito
Marín iniciaba así su ferviente vocación literaria. En palabras del escritor
oriolano José María Pina Brotóns, ‘Sijé es intelectual y estilista como su
maestro José María Ballesteros’, médico y escritor oriolano (1897-1939).
En el curso 1926-27, se incorpora al plan de Bachillerato de 1925. Se examina en junio de 1927 y contiene unos resultados claramente inferiores a los del curso anterior: dos sobresalientes, un aprobado y un suspenso (en Francés, 1º). Este suspenso lo convierte en aprobado en la convocatoria de septiembre. ‘No hay constancia de que durante este periodo mantuviese actividad literaria de ningún tipo; si escribió algo, no lo publicó nunca o lo hizo en fechas posteriores’, apunta Muñoz Garrigós. Durante el curso 1927-28, completó sus estudios de Bachillerato elemental, examinándose en el Instituto de Alicante, obteniendo en todas ellas la calificación de sobresaliente en la convocatoria de junio. Al mismo tiempo que estudia, ayudaba en el negocio familiar.
Inicio de su actividad periodística
Fue en 1928 cuando comenzó de un modo definitivo e ininterrumpido la actividad
literaria de José Marín Gutiérrez. Ya sabemos que la afición le venía de antes
y, aunque muy joven todavía, iba adquiriendo la formación necesaria con el
incesante estudio y el estímulo de sus continuas lecturas. Empieza a colaborar
activamente en cuantas publicaciones periódicas se editaban en Orihuela y
posteriormente en otras como La Verdad, de Murcia; La Gaceta,
de Alicante; El Diario de Alicante, de la capital de la provincia;
República, de Cartagena; El Sol, de Madrid y Cruz y Raya,
de Madrid.
La oportunidad de empezar a publicar le vino dada por la aparición, el 23 de febrero de 1928, de Actualidad, semanario que reflejó durante sus tres años de vida la línea de pensamiento del sector más progresista de las derechas oriolanas. Según el testimonio de Jesús Poveda -poeta, ensayista y tertuliano de la Tahona-, ‘estábamos en 1928. Trabé amistad por ese entonces con José Marín Gutiérrez. Nos unió en seguida nuestra afición por la lectura de buenos libros y la Literatura en general. Sabía muchas cosas del mundo de las letras que yo ignoraba y tenía el don de exponer sus teorías con precisión, con naturalidad, recurriendo a su memoria asombrosa ... Por ese tiempo no le conocí otros amigos’.
La cronología de las primeras publicaciones de Jesús Poveda, Carlos Fenoll, Miguel Hernández y Ramón Sijé confirma la hipótesis para Muñoz Garrigós de que fue Actualidad el órgano de expresión que los puso en contacto. Pepito Marín publicó a partir del número correspondiente al 13 de septiembre de 1928. Este artículo versaba sobre el poeta español José María Gabriel y Galán.
En cuanto al apartado académico, no existen datos oficiales en el expediente académico de José Marín Gutiérrez referidos al curso 1928-29.
Aparición del seudónimo ‘Ramón Sijé’
En 1929, el tema de su actividad literaria es espinoso: para empezar, no aparece
ningún artículo suyo firmado ni por su propio nombre y apellido, pero esto no
quiere decir nada, ya que sabemos de manera fehaciente por el testimonio
personal de su cuñado, el periodista José Torres López, que, a lo largo de su
carrera periodística, José Marín ‘utilizó otros varios pseudónimos. La
hipótesis de que uno de los primeros pseudónimos utilizados por Pepito Marín
fuese ‘Chás’ hay que analizarla con todo cuidado, ya que aparecen razones a
favor y en contra de ella. Esta firma aparece, por primera vez, en el número de
Actualidad del 20 de junio de 1929’, afirma Muñoz Garrigós.
Durante 1930, la actividad literaria de Pepito Marín fue abundante y variada, sobre todo desde que apareció el 15 de marzo de 1930 la revista oriolana Voluntad, en cuya creación participó decisivamente. En ella, por primera vez, coinciden Fenoll, Hernández y Sijé. Nuestro ensayista publica desde el principio, actuando casi como director de ella, aunque nominalmente lo fuera Manuel Martínez Fabregat. Desde 1930 destaca la profusión de seudónimos que comienza a utilizar (‘Chas’, ‘José Oriolano’, ‘Lola de Orihuela’, ‘Babbitt’ y ‘Ramón Sijé’), atribuyéndosele otros tantos (‘José Oriolano’, ‘Rataplán’, ‘Sascha’, ‘Marcelo de Nola’ y ‘Don Pepe’).
Según Muñoz Garrigós, entre todos los artículos de Sijé en Voluntad, hay unos que nos ofrecen un reflejo de la propia identidad del autor, como ‘Silueta quinteriana’ y ‘Tríptico de hombres vivos y muertos: Yo, Miró y Don Abelardo’. Agrega este estudioso que, en el primero de los artículos mencionados, queda claro que ‘los primeros pasos de su formación como escritor siguieron la línea del costumbrismo: el ya aludido Gabriel y Galán, ahora los Quintero’. En el segundo artículo de ellos, queda claro, por las referencias que contiene, la gran cantidad de lecturas que ya llevaba sobre sus espaldas cuando sólo contaba con 17 años (desde Platón, Sócrates y Lucrecio a Baltasar Gracián, Fray Luis de León, Santo Tomás de Villanueva, Santa Teresa de la Cruz y San Juan de la Cruz, pasando por Eugenio D’Ors y Gabriel Miró, entre otros).
El seudónimo ‘Ramón Sijé’ lo utilizó por primera vez para firmar el mencionado artículo, ‘Silueta quinteriana’, aparecido en el primer número de Voluntad. Se trata del anagrama de José Marín y está formado por las letras del nombre de pila y del primer apellido. ‘El hecho de que su segundo nombre fuese Ramón resulta, a este respecto, absolutamente aleatorio y no es más que una mera coincidencia’, apunta Muñoz Garrigós, quien afirma que Sijé empieza a utilizar este seudónimo en 1930. ‘No he encontrado testimonio alguno, ni siquiera entre sus más allegados, de que existiera en él la más mínima voluntad de utilizar su segundo nombre de pila’.
En el verano de 1930, como consecuencia de su viaje a la ciudad cordobesa de Fernán Núñez para visitar a unos familiares, escribió una serie de artículos, que llevan por título ‘Lo que yo he visto en un pueblo’, ‘El dolor, la muerte y la alegría’, ‘El Potro y el Museo Romero de Torres’ y ‘Un exvoto curioso’. Los tres primeros aparecerían en los números de Voluntad, correspondientes al 15 y 31 de agosto de 1930, y el último fue publicado en Actualidad el 18 de septiembre. Excepción hecha del segundo, los otros tres mantienen el mismo tono: descripción de lo que está viendo, acompañada de un pequeño comentario personal. En ‘El dolor, la muerte y la alegría’, ‘nos presenta tres escenas de la vida de un pueblo en las que el protagonista implícito es cada una de estas tres realidades’, comenta Muñoz Garrigós.
También empieza a publicar Sijé en 1930 sus primeros artículos en otro semanario, El Pueblo de Orihuela, órgano del Sindicato Católico Agrario, que dirigía Luis Almarcha. Hay que recordar que todos los trabajos publicados hasta esa fecha los había hecho, entre los trece y los diecisiete años, un joven estudiante de Bachillerato.
Título de Bachiller en Letras
Académicamente hablando, 1930 fue el año de la culminación de sus estudios. El
título de Bachiller Universitario en Letras le fue expedido por el Instituto de
Alicante con fecha 22 de marzo. Dos días después traslada de nuevo su expediente
al Instituto de Murcia y el 15 de abril solicita realizar la prueba de conjunto
en la Universidad de Murcia. Entre todos los que habían superado las pruebas con
la calificación global de sobresaliente, se dirimieron los dos premios
extraordinarios en un ejercicio escrito que tuvo lugar el 19 de junio. El tema
fue la literatura latino-cristiana, con el que Pepito Marín quedó en primer
lugar, ganando así el Premio Extraordinario de Bachillerato. Consecuentemente,
tras terminar sus estudios, dejó de ser alumno del Colegio de Santo Domingo, que
estaba entonces regentado por la Compañía de Jesús. Parece que entonces
‘Sijé se alineó -según Muñoz Garrigós- en otros grupos católicos y así
formó parte de la Juventud Antoniana, dirigida por el padre Salvador Juárez,
integrándose en su junta directiva y participando activamente en actos y veladas
por ellos organizados’.
La amistad con Miguel Hernández
A partir del 15 de noviembre de 1930 de ese mismo año, empezaron a aparecer sus
colaboraciones en Destellos, la revista nacida en Orihuela el 15 de
noviembre de ese mismo año. Entre otros trabajos, escribió el artículo
‘Benavente y la bohemia’, calificado por Muñoz Garrigós como ‘modesto
ensayo’. Esta publicación fue la que propició la tan fructífera convivencia
y hermandad entre Carlos Fenoll, Miguel Hernández y Ramón Sijé, quienes, según
Muñoz Garrigós, ‘hasta ese momento no eran más que unos buenos amigos unidos
por la afición común a la literatura; a partir de ahí comienza la verdadera
confraternización’. Desde entonces, el nombre de Sijé ha ido
invariablemente unido al de Miguel Hernández. En todas las numerosas biografías
dedicadas al gran poeta oriolano, se habla de este asombroso y erudito joven
Ramón Sijé. Él fue el orientador, mentor y descubridor del genio poético de
aquél.
Breve incursión en poesía
En 1930, realizó entrevistas y artículos de corte literario y también político,
pero también hay que hablar de su trabajo titulado ‘De la vida de los
hombres que sufren: Circo’, por ser el único de poesía que nos ha llegado
de Sijé. Se trata de unos versos sueltos fechados en diciembre de 1930,
evocadores del ambiente circense, ‘en los que se puede apreciar la nula
capacidad de su autor para la poesía’, señala Muñoz Garrigós.
De esta misma época data la primera semblanza literaria que hacen de Ramón Sijé como escritor. El abogado y escritor oriolano José María Pina Brotons, a cuya pluma se debe esta reseña, alude a aspectos de su personalidad, pintándolo como extrovertido, sencillo y natural, pese a la gran preparación intelectual que ya, a los 17 años, mostraba. En 1930, también fue Pepito Marín miembro de la Comisión Pro-Homenaje a Jacinto Benavente.
Durante el primer semestre de 1931, su producción periodística apareció toda ella en las páginas de Destellos, siguiendo la misma línea del último periodo del año anterior. En ella y en El Pueblo de Orihuela publicó artículos como ‘Ventanas normales’, ‘Niebla, política, frío’, ‘Etopeya’ y ‘Ante el homenaje a Benavente’, en los que, según Muñoz Garrigós, ‘es evidente que estamos ante los primeros balbuceos del ensayista ramón Sijé’.
Sijé celebra la instauración de la II República
Con un artículo firmado con el seudónimo de Babbitt, publicado en
‘Destellos’ con fecha 15 de abril de 1931, Ramón Sijé celebró la
instauración en España de la II República: ‘14 de abril de 1931. Jamás podrá
borrarse de las páginas de la Historia, los refulgentes destellos que esta fecha
memorable despide (...) triunfo rotundo de la libertad y del civismo (...) La
proclamación de la República Española viene a resucitar abiertamente el
temperamento heroico y altamente generosos del noble pueblo español. La
proclamación de la República Española, en la forma en que se ha desarrollado e
implantado, es la lección más hermosa que esta nación ha dado al mundo’.
Este trabajo, también reproducido en el semanario oriolano Renacer, es, según
Muñoz Garrigós, una muestra muy clara del carácter intelectual con que Ramón
Sijé veía el fenómeno político: ‘nos revela hasta qué punto su pensamiento
político estaba absolutamente falto de realismo, por muy elogiables que fuesen
sus intenciones y saneados sus propósitos’. El escritor, abogado y filósofo
oriolano Augusto Pescador, hombre de reconocida trayectoria en el bando de la
izquierda, afirmó en su momento que ‘Sijé fue siempre pacifista y no fue
nunca partidario de la dictadura’. Por su parte, el cronista de la ciudad
de Orihuela, Antonio Luis Galiano, añade que ‘en abril de 1931 redacta el
manifiesto del Partido Republicano Federal’.
Entrada en la Universidad
A nivel académico, Sijé inició en junio de 1931 sus estudios de Derecho como
alumno libre en la Universidad de Murcia. Sostiene Muñoz Garrigós que sus
estudios universitarios le proporcionaron la oportunidad de entrar en contacto
con un grupo de escritores y de intelectuales, cuya amistad tuvo muy fructíferas
consecuencias posteriores. La necesidad de ayudar a su padre en el negocio,
juntamente con la conveniencia de no alterar más la ya endeble economía
familiar, le obligan a cursar su carrera por enseñanza libre. Recordaba Juan
Bellod Salmerón que Sijé era ‘contable y auxiliar en la tienda de tejidos de
su padre’. Los estudios los cursa bajo la dirección de su tío Francisco
Marín Garrigós, en cuya academia se iniciaron en la abogacía muchos jóvenes
oriolanos. El resultado de este primer año de estudios universitarios ya se
podía prever a la vista de su Bachillerato: obtuvo dos matrículas de honor y un
sobresaliente.
Colaborador de ‘El Sol’, de Madrid
Tras desaparecer Destellos el 15 de mayo de 1931, su carrera
periodística y su prestigio como escritor se ven incrementados al iniciar su
participación, con una serie de trabajos de contenido cada vez más literario y
ensayístico, en periódicos republicanos de ámbito regional y nacional. Así,
comenzó a publicar artículos en La Verdad, de Murcia, y el Diario
de Alicante, dirigido por Emilio Costa y órgano del Partido Republicano
Radical de la capital de la provincia. Según Muñoz Garrigós, Sijé también se
adscribió a este partido, que en la provincia de Alicante contaba con
intelectuales de la talla de Azorín. De ahí que entrara a formar parte de los
colaboradores del Diario de Alicante -en medio de un magnífico bloque de
escritores y hombres de letras- como corresponsal en Orihuela desde mediados de
1931. En este periódico, escribió artículos que eran breves ensayos sobre
literatura, como ‘Valores de Levante: Carlos Fenoll’, ‘Acotaciones a Musset.
Para amantes y poetas’, ‘Notas a un poeta (Antonio Oliver)’ y ‘A la sombra del
Guadalquivir en flor. Don Luis de Góngora y la rosa’.
Por aquella época también empezó a colaborar en el prestigioso diario republicano El Sol, de Madrid. ‘El cambio que se experimenta en Sijé viene dado por el distinto ámbito en que su voz va a resonar. Agotada la vía de las publicaciones puramente locales, va a trasladar su radio de acción a los diarios provinciales e, incluso, por vez primera después de su inicial artículo casi infantil de 1926, se vio su firma en ‘El Sol’, un diario de difusión nacional’, afirma Muñoz Garrigós, quien apunta que Sijé pudo entrar a escribir en este periódico gracias a Juan Guerrero Ruiz, pues estaba destinado en Alicante en octubre de 1931 y en estrecha relación con el Ateneo y con el grupo editor del diario
Su epistolario: la
amistad con Giménez Caballero
El año 1932 es importante en la formación de Ramón Sijé por muchos aspectos,
pero singularmente en el de sus relaciones con otros grupos de intelectuales y
escritores. En este sentido es interesante su correspondencia literaria, porque
demuestra su contacto con las figuras más representativas de su época: Juan
Ramón Jiménez, el P. Félix García, Ernesto Giménez Caballero, Juan Guerrero
Ruiz, José Ortega y Gasset, Manuel de Falla, Adriano del Valle y José María
Pemán, entre otros. Giménez Caballero no pudo datar con exactitud al profesor
Muñoz Garrigós la fecha del comienzo de su relación con Sijé. El que fuera
director de la revista madrileña no tenía ‘más que el vago recuerdo de que
fue el oriolano el que le escribió, inicialmente, una carta a propósito de algo
que se había publicado en La Gaceta Literaria’. En cualquier caso, en enero
de 1932, Miguel Hernández ya sabía de la relación entre ambos, mientras que del
7 y del 12 de junio de ese mismo año son dos cartas de Giménez Caballero a Sijé.
‘Es claro que en estos momentos el escritor madrileño ya se sentía atraído
por posturas políticas de corte fascista italiano, y que, por lo tanto podría
haber influido algo en el ideario político de Ramón Sijé, pero la verdad es que
el planteamiento inicial de esta relación no discurrió por estos caminos, sino
más bien por los de tipo literario’, apunta Muñoz Garrigós.
En junio de ese año, obtuvo dos matrículas de honor, un sobresaliente y un notable en la universidad, mientras que, en lo personal, la primera parte del año no debió ser grata para él, porque su amigo Miguel Hernández se encontraba en Madrid pasando grandes apuros económicos y se sentía obligado moralmente ayudarle, al haber sido Sijé uno de los que lo impulsaron a realizar el viaje. Debido a las continuas cartas de su amigo pidiéndole socorros, ‘Sijé acosó a todos los amigos en busca de dinero para Miguel’, apunta Muñoz Garrigós.
Sijé y la tertulia de la tahona
En lo íntimo, las relaciones amorosas entre Josefina Fenoll y Ramón Sijé también
comenzaron en 1932, concretamente en el primer trimestre de ese año, como se
desprende de una carta que Augusto Pescador le envió desde Madrid el 19 de
marzo. ‘La tertulia nada tuvo que ver con el noviazgo, hipótesis confirmada
por el propio testimonio personal de Josefina Fenoll, quien valora más, en este
sentido, las diarias visitas a la casa de Pepito Marín, para dejar el pan, que
las pocas veces que lo había visto antes por su casa, visitando a su hermano’.
Para Muñoz Garrigós, por tanto, Sijé sólo fue a la tahona a partir de su
noviazgo con la panadera Josefina Fenoll, por lo que hubo poco tiempo para
tertulias: ‘Por imperativo del servicio militar, Poveda está fuera de
Orihuela a partir de 1932 (...) Si hasta ese año no va Ramón Sijé, ni, por
supuesto, su hermano Justino; si Miguel está en Madrid y, cuando regresa a
Orihuela, Sijé se va al campamento universitario de Sierra Espuña; si en 1933 es
Carlos Fenoll quien se marcha al servicio militar; si al regreso de Poveda, en
1934, Miguel se marcha a Madrid y se empieza a vislumbrar el enfriamiento de las
relaciones entre Sijé y él, poco espacio queda, realmente, para la tertulia con
regularidad’. Por su parte, Jesús Poveda hace una afirmación rotunda al
respecto: ‘Sijé nunca fue guía de nuestras tertulias literarias de la calle
de Arriba. Jamás tomó parte en ellas’.
Sin embargo, otros testimonios desvelan la asistencia de José Marín a otras reuniones y tertulias existentes en la ciudad, como la que formaron de inicio los firmantes de la convocatoria del homenaje a Gabriel Miró, que se vio enriquecida con la posterior incorporación de intelectuales como Jesús Alda, Augusto Pescador, Mariano Cremades y Juan Bellod, quien recuerda que Sijé era ‘ameno y magistral amigo en las peñas de ‘El Palas’ -‘Palace Hotel’, de Orihuela-‘. Allí se hablaba sobre todo de literatura. Otro grupo surgió en el convento de los Padres Capuchinos, donde se reunían para hablar de filosofía Augusto Pescador, Juan Colom, Buenaventura de Puzol, Sijé y Juan Bellod, para quien José Marín era la ‘estrella de la tertulia trisemanal’. Otra reunión o tertulia, mucho más politizada, tenía lugar en el despacho del notario José María Quílez, a la que acudían Tomás López, el padre Buenaventura de Puzol, Fulgencio Ros y otras personas afines al partido de Gil Robles. ‘Aquí no acudía Sijé que, como bien afirman cuantos le trataron en esos años, nunca tuvo nada que ver ni con la CEDA ni con la Falange Española’, apunta Muñoz Garrigós.
Los escritos salidos de la pluma de Pepito Marín en 1932 son generalmente breves ensayos sobre literatura. En palabras de Muñoz Garrigós, ‘algunos de ellos perfilaron el pensamiento de Sijé en ese momento crucial de su formación’ y se publicaron en el Diario de Alicante, como ‘Poema de amor al libro’, ‘Anti Castilla, Anti España’, ‘Del antihéroe’ y ‘España y el judío’.
Amistad con Carmen Conde y Antonio Oliver
Otro de los hechos ocurridos ese año y que más importancia tuvo en la formación
intelectual de Sijé fue su presencia en el campamento universitario de la FUE
(Federación Universitaria Escolar), que, en agosto, tuvo lugar en Sierra Espuña.
Allí, el ensayista oriolano tomó contacto con jóvenes comprometidos en empresas
literarias, como Carmen Conde, Antonio Oliver y algunos componentes del grupo de
‘La Barraca’, de Federico García Lorca, así como los poetas Félix Ros y
Carlos Martínez-Barbeito. Carmen Conde cuenta de Sijé que en la colonia
universitaria de Sierra Espuña ‘le oír hablar, sólo y con nosotros; pensé en
Rimbaud, el adolescente asombroso; en un Rimbaud que se moriría joven, como
aquel primero murió para el arte. Tuve miedo de su inteligencia y orgullo a la
vez, porque era nuestro amigo querido y de él nos envanecíamos todos. Por eso,
más tarde, al no encontrarle totalmente en mi mundo intelectual humano, se me
entristeció su amistad’. Gracias a los contactos con Oliver y Conde, Sijé
pronunció una conferencia en la Universidad Popular de Cartagena el 30 de
septiembre de 1932, reseñando los periódicos del día siguiente que fue uno de
los más bellos ejemplos del más puro estilo sijeano, desgranando aspectos poco
familiares de Gabriel Miró. Sijé dedicó esta conferencia, titulada Oleza,
pasional natividad estética de Gabriel Miró, a la escritora unionense María
Cegarra Salcedo ...
‘Su vida ha sido precipitada, tormentosa y luminosa como el rayo y, como la del
rayo, ha buscado precipitadamente la tierra’
Miguel Hernández
El homenaje a Gabriel Miró
Otro hecho de trascendencia innegable en la vida de Sijé fue el descubrimiento
del busto de Gabriel Miró en el transcurso de un homenaje, realizado a impulsos
de un grupo de jóvenes oriolanos. José Marín fue parte del comité ejecutivo y
‘quien lo organizó todo’ -como recordaba Augusto Pescador-. Este acto se celebró
en la glorieta oriolana el 2 de octubre de 1932. Tras invitar a personajes
importantes del panorama literario nacional, que declinaron el ofrecimiento por
diferentes motivos, asistió finalmente a este acto Ernesto Giménez Caballero,
quien tenía relaciones amistosas con Sijé y era entonces director de la revista
madrileña La Gaceta Literaria. Caballero ya se sentía atraído entonces
por posturas políticas de corte fascista italiano, pero, según Garrigós, ‘no
influyó en el ideario político de Sijé’. El día de este homenaje se
distribuyó una pequeña revista, dedicada toda ella a Gabriel Miró, con el
sugerente título de El Clamor de la Verdad, en la que Sijé publicó dos
artículos. El titulado ‘Gabriel, arcángel’ era la justificación no sólo del
homenaje, ‘sino también de por qué ese grupo de jóvenes escritores se sentía
tan vinculado a Miró y, especialmente, Ramón Sijé’.
El acto acabó con incidentes por las continuas provocaciones en su discurso de Giménez Caballero y la respuesta de algunos de los asistentes, como Antonio Oliver Belmás, que le replicó en mitad del acto. La policía intervino y se llevó a comisaría a un grupo en el que estaban Carmen Conde, Miguel Hernández, María Cegarra y el mencionado Oliver, entre otros. Cuenta Muñoz Garrigós que ‘conocido ya el desarrollo de los acontecimientos, el ambiente político en que tuvo lugar la inauguración del busto y las extrapolaciones que se hicieron de lo sucedido, no nos puede extrañar que se hayan sacado conclusiones erróneas acerca de la ideología política de Sijé en estos años’.
La mejor visión de conjunto que para el Sijé de esos momentos se ha escrito es el artículo que le dedicó el escritor oriolano José María Ballesteros en Diario de Alicante. No analiza las coordenadas del pensamiento del ensayista, pero sí resalta la autenticidad de su pluma y vislumbra lo que llegará a ser después.
Aunque aparecido ya en 1933, Sijé escribió también a mediados de 1932 el prólogo a Perito en lunas, del que defiende Muñoz Garrigós que ‘en cuanto a exégesis se refiere, es una de las menos afortunadas creaciones de cuantas salieron de su pluma, al menos en algunas de sus partes’. Por su parte, Sánchez Vidal considera que ‘Sijé había escrito el prólogo y había influido en toda la concepción teórica del libro, lo que nos explica algunas de sus características’.
El año 1933 es, dentro de la biografía de Ramón Sijé, un año particularmente difícil de historiar, puesto que, aun siendo muy corta su producción literaria, ésta aparece lo suficientemente dispersa como para deducir que es el momento en el que su nombre traspasa ampliamente los límites provincianos. Sus actividades anteriores le habían permitido trabar conocimiento con una serie de personas y grupos que le solicitarán expresamente su colaboración.
Relación con el grupo literario de Murcia
Con fecha 28 de enero de 1933, Sijé ofreció una ponencia titulada
‘Conferencia ridícula’ en la Universidad Popular de Cartagena. Su objetivo
era hacer una explicación comentada del cuaderno de poesía Perito en lunas
de Miguel Hernández, quien a continuación explicó su poema ‘ELEGÍA-media del
toro’.
Sijé ya no publicó en el Diario de Alicante en 1933, ‘quizás por la radicalización política que emprendió este periódico de cara a las elecciones’, comenta Muñoz Garrigós. El único artículo que publica en la prensa de la capital de la provincia apareció en El Día, dirigido por el periodista y poeta oriolano Juan Sansano, pero ‘este periódico se enmarcaba políticamente en un derechismo granítico’, como lo califica el mismo crítico. Como quiera que el grupo rector de La Verdad tenía más vocación literaria que política, era de talante más abierto y liberal y tenía una excelente amistad con Raimundo de los Reyes y José Ballester, Sijé se orientó finalmente hacia el periódico murciano. La relación del oriolano con el grupo literario de Murcia continuó en 1933. En la página dedicada a Artes y Letras del 1 de enero de ese año, Ramón Sijé publicó tres trabajos, uno de ellos es una crítica al libro Espadas como labios, de Vicente Aleixandre. Era una incursión más como crítico literario. Como dice José Guillén, ‘con ser importante en su vida literaria su faceta de colaborador en prensa, hemos de admitir la supremacía de su dimensión de ensayista’.
Su aproximación a Bergamín
Afirma José Antonio Sáez Fernández que en 1933 ‘la influencia de Giménez
Caballero es sustituida por la de José Bergamín’, poeta, narrador,
ensayista y autor teatral madrileño. En el número 4, de marzo de 1933, de la
revista Isla, de Cádiz, dirigida por Pedro Pérez-Clotet, publicó Ramón
Sijé un trabajo bajo el título ‘El héroe como concepto’, dedicado
precisamente al escritor José Bergamín. ‘¿Se trata del primer ensayo,
propiamente dicho, de Sijé?’ -se pregunta Garrigós-. Su manera de
plantear, razonar y resolver los problemas que aborda sigue siendo desde el
principio la misma; sí ha cambiado la extensión y también el soporte, por cuanto
ya no escribe en diarios sino en revistas literarias y de pensamiento’. Si
se acepta que en virtud de estas variantes entra uno en el campo del ensayo y
abandona el del periodismo, ‘hay que aceptar que este puede ser el primer
ensayo de Sijé’. La primera carta de Bergamín a Sijé fue de 1 de septiembre
de 1993, aunque en ella se hace referencia a un anterior intercambio epistolar
entre ellos. Quizás Juan Guerrero Ruiz fue la clave en el inicio de sus
relaciones.
En abril de 1933, leyó una conferencia titulada ‘El sentido de la danza. Desarrollo de un problema barroco en ‘Perito en lunas’ en el Ateneo de Alicante. El mismo acto es repetido en la Universidad Popular de Cartagena por invitación de Antonio Oliver Belmás. Mientras, en el apartado académico, ese año obtuvo un sobresaliente y tres matrículas de honor en la Universidad.
Discrepancias con Giménez Caballero
En 1933 prosiguieron sus relaciones con Giménez Caballero, a raíz de que éste
decidiera estudiar Derecho como alumno libre en la Universidad de Murcia. Hay
unas cartas de Giménez a Sijé, en las que se puede calibrar el talante político
del oriolano: el 10 de octubre de 1933, Caballero comunicó a Sijé que Gil Robles
había decidido presentarlo como candidato de la CEDA por la demarcación de
Murcia en las elecciones del 19 de noviembre, solicitando del oriolano ayuda
para su campaña electoral. Una segunda carta de Caballero del 17 de octubre
demuestra con bastante claridad que en la primera respuesta de Sijé debió haber
una serie de objeciones muy serias, a las que el madrileño se vio obligado a
contestar con mucha precisión. Afirma Muñoz Garrigós que ‘a Sijé no sólo no
le parecía bien el Bloque Derechista, sino que tampoco aplaudió la presentación
de su amigo (...) Sijé no movió un solo dedo por el triunfo de su condiscípulo y
amigo’.
Escribe en ‘Cruz y
Raya’
Dice el oriolano Manuel Martínez Galiano, licenciado en Derecho y Filosofía y
Letras, que ‘conforme se iba completando su formación cultural, iba
apareciendo en él su verdadera dimensión literaria como ensayista’,
reflejada en sus trabajos ‘El golpe de pecho o de cómo derribar al tirano’
y ‘San Juan de la Cruz. Selección y notas’, publicados ambos en
Cruz y Raya, dirigida por José Bergamín. Precisamente la última publicación
de ese año de Sijé apareció en esta revista madrileña -la antología comentada de
San Juan de la Cruz- por sugerencia del propio director de esta revista. Pasadas
las Navidades de 1933, Sijé marchó a Madrid y, en su cartas a la familia, cuenta
sus visitas y contactos, especialmente con Bergamín.
Por otra parte, en 1934, José Marín formó parte de la comisión organizadora de la Asociación de Asistencia e Higiene Social de Orihuela, entidad benéfica.
Funda y dirige ‘El Gallo Crisis’
Un año clave en la vida de Sijé fue 1934. A mediados del mismo se hizo realidad
uno de sus sueños: fundar y dirigir una revista propia de catolicismo positivo,
El Gallo Crisis, que era ‘una derivación de la madrileña Cruz y Raya’,
como apunta Muñoz Garrigós. Es en un muchacho de veintiún años como Sijé donde
nace la idea de una revista, literaria y de pensamiento, una revista
neocatólica, ‘que hizo arrugar el entrecejo de algún que otro teólogo
recalcitrante’, comentó Martínez Arenas, mientras que José A. Sáez
Fernández señala que ‘Sijé se convierte así en combatiente por el
catolicismo en medio de la efervescencia republicana (...) Sufre un proceso
progresivo de radicalización de sus posturas ideológicas, fuertemente
individualistas y personalizadas’.
Ya no se trata de pequeños escarceos de prensa local, sino una revista claramente dirigida a las minorías intelectuales de Orihuela y a los grupos más o menos afines con los que él ya había entrado en contacto. La revista fue obra personal suya. Integraron el comité de redacción Juan Colom, Buenaventura de Puzol, Juan Bellod, Jesús Alda Tesán, José María Quílez y Tomás López. Cuenta el propio Juan Bellod que fue ‘el alma, creador y realizador de El Gallo Crisis’, así como ‘estrella de la tertulia trisemanal’ que hacía con todos ellos. Para Alda Tesán, Sijé fue el fundador, director ‘et omniperitus’ de la revista. El nacimiento de la revista se debió única y exclusivamente al empeño y a la dedicación de Ramón Sijé, cuya ‘pasión por el conceptismo y las técnicas barrocas, su devoción por Eugenio D’Ors y José Bergamín, le sumergen en la ebriedad creativista cuando ensaya sus textos críticos’, según Cecilio Alonso.
Sus fricciones con Giménez Caballero
El aire bergaminesco de la revista molestó a Giménez Caballero, quien en febrero
de 1934 le dijo a Sijé: ‘¡Que su Gallo Crisis no sea tan miserable’!.
Apunta Muñoz Garrigós que ‘no se trata de un deterioro progresivo ni de las
relaciones ni de la amistad entre ambos, sino de un continuo no ir de acuerdo en
nada de lo que se plantea entre ambos’. El 19 de abril de ese año escribía
de nuevo Giménez Caballero: ‘Gallo Crisis va a ser una revista más
minoritaria, gongorista, conceptista, con aire bergaminesco de cara y cruz. Lo
siento. Ustedes (..) debían ir por un sendero más claro, rotundo, popular,
ardiente, inteligible a las masas. Pero no es así’. Opina Muñoz Garrigós
que Sijé hizo nulo caso a estas observaciones y además ‘le responde con la
apostilla contra Falange que aparece en el primer número de El Gallo Crisis que,
a mi juicio, es un no categórico a seguir el camino que Giménez Caballero le
insinúa para hacerlo desembocar en Falange y no una simple recriminación, como
afirma Cecilio Alonso y quienes sostienen el carácter fascista de la ideología
sijeana’. Agrega Muñoz Garrigós que ‘El Gallo Crisis nació ya dentro de
la misma línea ideológica que Cruz y Raya’.
Influencia en Miguel Hernández
El ya citado Agustín Sánchez Vidal se aventura a sostener que en los años 1932 y
1933, ‘había empezado a influir sobre Miguel de modo decisivo uno de los
protagonistas de nuestro trabajo, el también oriolano José Marín que (...)
mantuvo en su corta vida una intensa actividad intelectual de grandes
pretensiones especulativas, lo que lo convirtió por algún tiempo en una especie
de mentor teórico de Miguel Hernández (...) La poesía que escribe Miguel
Hernández desde ‘Perito en lunas’ hasta ‘El rayo que no cesa’ está plagada de
simbologías religiosas de influjo sijeano que penetra abundantemente en su
poesía amorosa, como se ve sin más que examinar los títulos de los dos
borradores de ‘El rayo que no cesa’: ‘El silbo vulnerado’ e ‘Imagen de tu
huella’, basados ambos en versos de San Juan de la Cruz. Es en esta
‘contaminación’ religiosa, represora y tan ajena al vigoroso panteísmo
hernandiano, lo que malogra, en cierto sentido, ‘El rayo que no cesa’, y hace
caer a Miguel Hernández en los módulos del petrarquismo’.
‘PROFECIA-sobre el campesino’, incluida en El Gallo Crisis, se basa para el crítico anterior ‘en una de las tesis típicamente sijeanas: frente a la reforma agraria laica, él propone una reforma agraria religiosa: lo que ha de hacer el campesino es ocuparse de la tierra con amor, considerando, que, al laborar el pan y el vino, tiene el privilegio de trabajar a Dios, al ser éstas las especies eucarísticas’. Otra composición clave para Sánchez Vidal es ‘LA MORADA-amarilla’ donde ‘insiste en los mismos conceptos, sólo que el componente político está aún más acusado, ya que Hernández termina el poema invitando a Castilla a emprender la recuperación de sus destinos católico-imperiales’.
Opinión paradigmática es la de Vicente Ramos para quien Sijé ‘hombre de excepcional talento, clarísima y rápida intuición, fabulosa asimilación y asombrosa capacidad intelectual’ fue ‘el verdadero revelador de la gigantesca personalidad poética de Miguel Hernández, y no sólo descubridor, sino su guía, su Virgilio, su hermano espiritual’. Según Antonio Luis Galiano, ‘no dudo en pensar que difícilmente se puede estudiar a Miguel Hernández sin conocer la tremenda influencia humana y teológica de Sijé’.
Opina Eutimio Martín que ‘si Virgilio hubiera sido efectivamente Sijé para Hernández (...) le habría fijado como meta literaria e ideológica asegurar el relevo de Gabriel y Galán. E intelectualmente lo tenía predestinado a la mísera condición de acólito de una permanente ceremonia de la teocracia en la que él, ramón Sijé, oficiaba como Sumo Sacerdote (...) aprovechándose de su ascendiente socio-cultural sobre Miguel Hernández (...) le contagió su ideología ultraconservadora. Cuando Miguel Hernández se apercibió de que por la vía del nacional-catolicismo se negaba a sí mismo, como hombre y como escritor, rompió para siempre con amigo de tan nefasta compañía’.
Inspiradores religiosos de Sijé
El pensamiento católico-reformista de Ramón Sijé no solamente procede de Peter
Wust, sino que los nombres de Maritain y con él los de quienes integraban el
grupo de neotomistas franceses, y de Romano Guardini, entre otros, han de
figurar en la nómina de las vinculaciones europeas de Sijé. ‘Católico de
raza y católico después por reflexión, hizo de la Religión una disciplina del
pensamiento’. Así le definía su amigo Jesús Alda Tesán, mientras que Manuel
Molina escribió: ‘hombre de fe auténtica, había calado hondo en los
Evangelios y sentía que la esencia del cristianismo no caducaría jamás. Sabía
que esas fuentes de verdad remozarían nuestra experiencia y defendía esta
hermosa causa contra los fariseos de dentro y los ignorantes de fuera que
pretendían destruirla’.
La ruptura con Bergamín
En octubre de 1934, en el número 19 de Cruz y Raya, publicó el ensayo
‘El golpe de pecho, o de cómo no es lícito derribar al tirano’.
Después, aparecieron en la misma otros dos ensayos realmente magníficos: ‘La
novela de Belén’ y ‘El Comulgatorio Espiritual’. Al final, la línea de
El Gallo Crisis motivó la ruptura entre Ramón Sijé y Bergamín. A la vista
del silencio de Cruz y Raya, no sería extraño que muchos de los
‘Picotazos’ del gallo -así se llamaba una sección de la revista- fueran
contra Bergamín. El 14 de agosto de 1935, en una carta a Manuel de Falla, decía
Sijé: ‘mi amigo y enemigo José Bergamín ha dicho en Madrid que El Gallo
Crisis es el tumor que le ha salido a Cruz y Raya’.
El año 1935, último de su vida, debió ser particularmente difícil para Sijé, sobre todo en el plano personal: a los disgustos con Bergamín y a los más dolorosos para él con su amigo Miguel Hernández, hay que añadir el duro trabajo en la revista, la frialdad o rechazo que había mostrado un sector de la intelectualidad madrileña hacia su revista de pensamiento, las prisas en acabar su ensayo sobre el romanticismo y la breve enfermedad que acabó ocasionándole la muerte.
Ensayo sobre el romanticismo
Su ensayo sobre el romanticismo, bajo el título ‘La decadencia de la flauta
y el reinado de los fantasmas. Ensayo sobre el romanticismo histórico en España’
(1830-Bécquer)’, es su único libro. Su edición se retrasó hasta 1973. Es
‘su obra más trabajada de todas’, afirma Martínez Galiano, mientras que
los profesores Guillén y Muñoz Garrigós apuntan que ‘este trabajo, el más
extenso de cuantos escribiera, supone la culminación de todo el quehacer crítico
disperso en las páginas de El Gallo Crisis y de otras publicaciones’. La
circunstancia dramática de hacer terminado su redacción poco antes de morir le
confiere un gran valor como síntesis del pensamiento del autor en cuanto se
refiere a formación intelectual y estimación de determinados autores. Muñoz
Garrigós opina que ‘esta obra suya ya supone la culminación de una serie de
rasgos, ideológicos y estilísticos, presentes en él desde casi los comienzos de
su actividad literaria. A esta situación ha llegado, sola y exclusivamente, a
través de un esfuerzo intelectual ininterrumpido, un estudio constante’.
Cecilio Alonso califica este ensayo como ‘bandera de combate para 1935. Sijé
servía al conservadurismo’, pero después añade que ‘tal vez sin
proponérselo’. En diciembre de 1935 presentó el ensayo mencionado al Premio
Nacional de Literatura, pero fue rechazado por caer fuera de los moldes exigidos
por el tema del concurso.
Su polémica con ‘Nueva Poesía’
‘Comedido y metódico, aparentemente frío y calculador, era de una apasionada
viveza cuando la ocasión le impulsaba a exponer o defender sus puntos de vista
sobre cualquier tema puesto en debate’, dice Manuel Molina. Esto le
ocasionó algunos problemas. Ese mismo año realizó unas declaraciones a la
revista Isla, de Cádiz en las que, entre otras cosas, habla de Gustavo
Adolfo Bécquer y se muestra al margen de la nueva literatura y de los
movimientos poéticos de vanguardia. Los dos últimos meses superan el nivel
conflictivo de los anteriores, como consecuencia de la virulenta polémica con
los componentes (Juan Ruiz Peña, Luis Pérez Infante y Francisco Infantes) del
grupo sevillano de Nueva poesía, surgida a raíz de sus palabras en la
revista de Pérez-Clotet. Sijé respondió a estos ataques desde el periódico
madrileño El Sol.
Premio Extraordinario de Licenciatura
Enmarcada por la publicación de su revista, está la culminación de sus estudios
de Derecho, final que aligera todo lo que puede, y así, entre junio de 1934 y
enero de 1935, termina las seis asignaturas que le separaban del final de su
carrera con tres matrículas de honor y tres sobresalientes. ‘De su formación
académica sólo creemos necesario decir, que cada maestro le creyó siempre un
especialista’, afirmó Augusto Pescador. Por su parte, Juan Bellod Salmerón,
ex compañero en El Gallo Crisis, apuntaba en 1987 que ‘su portentosa
potencia intelectiva y su asombrosa capacidad de asimilación serían para mí
inconcebibles si no los hubiera constatado en él. Podía a la vez estar
estudiando un texto o escribiendo un artículo o ensayo y elaborando al mismo
tiempo otra obra o idea en su increíble mente. Por eso, en el enlucido de yeso
sobre el que se adosaba su sencilla mesa de trabajo, aparecían palabras clave,
notas o anagramas que escribía allí para desarrollarlos, como así hacía, una vez
finalizado el estudio o trabajo que le tuviese ocupado (...) Era un ser
increíblemente superior y paralelamente humilde’.
Según Muñoz Garrigós, no hay certeza sobre dos viajes de Sijé a Madrid en diciembre de 1935, como se desprende de los testimonios de Juan Guerrero Ruiz y María Zambrano. El primero de ellos, en el pésame a los padres de Sijé por su fallecimiento, alude a que Pepito Marín había estado en Madrid unos veinte días antes, pero él no lo pudo ver: ‘si estuvo realmente o si a Guerrero le dijeron que iba a ir, y él pensó que de verdad había ido, aunque no lo hiciera, es algo que, de momento, no puedo precisar’. Después, Zambrano dice que Sijé murió en el momento mismo en que se disponía a tomar el tren para ir a Madrid de visita, que Miguel lo esperó en la estación y siguió esperándolo todo el día, y que ella esperó a los dos aquella tarde navideña. Para Muñoz Garrigós, es ‘poco probable que en el mismo mes fuese dos veces a Madrid con su poco saneada economía. De referirse ambos testimonios a un mismo desplazamiento, cosa que me parece más probable, el testimonio de María Zambrano demuestra que no lo hizo’.
Su inesperada muerte
Poco antes de morir, obtuvo el Premio Extraordinario de la Licenciatura. Tan
intensa actividad le agota. Hacia el 13 o 14 de diciembre entró en cama aquejado
de un ligero malestar de estómago. Su muerte acaeció el 24 de diciembre de 1935
en la casa donde había nacido. A las once de la noche falleció de septicemia al
corazón, tras la toxi-infección intestinal que lo retuvo en cama apenas diez
días. Junto a sus familiares, le acompañaron en el último momento el reverendo
P. Carrió y el escritor José María Ballesteros. En su entierro, se disputaba el
pueblo el peso de su cuerpo en el ataúd. Como relataba el periódico oriolano
Acción, el triste suceso de dar sepultura a Ramón Sijé ‘constituyó una
imponente manifestación de duelo reveladora de las simpatías y de la admiración
con que contaba el inolvidable Pepe Marín en su ciudad natal’.
Las circunstancias del fallecimiento han sido narradas por Vicente Ramos, para quien ‘fue un héroe y resistió mientras pudo a pie firme las violentas tempestades que se organizaron y chocaron de continuo entre su corazón y su cerebro. Pocos hombres han vivido una vida interior tan intensa y sangrientamente volcánica como Ramón Sijé’. Por su parte, Manuel Molina manifestó que la lucha por la doctrina católica ‘agotó su frágil fortaleza’ , mientras que José María Quílez, notario y financiador de El Gallo Crisis, dijo que ‘ha muerto a punto de madurar los frutos, precozmente sabrosos, de su ingenio privilegiado, en vísperas, quizás, de la consagración oficial de su nombre y de su obra’. Según Juan Bellod, ‘su poderoso espíritu, su sobrehumana y constante tensión, ‘fundió’ los plomos de su humanidad corpórea y murió a los veintidós años, lleno de plenitud y madurez, cuando la mayoría de los humanos comenzamos a abrir los ojos’.
El dolor de Miguel Hernández
Desde el punto de vista literario, la consecuencia más importante de este hecho
fue la elegía que le dedicó Miguel Hernández, gracias a la cual el nombre de
Ramón Sijé ha penetrado en todos los rincones del mundo. Es universalmente
conocido Sijé por la ‘loca elejía’, en palabras de Juan Ramón Jiménez, que
Miguel dedicó a su ‘compañero del alma’ con motivo de la temprana
muerte del amigo-hermano. Antonio Luis Galiano considera que Sijé ‘hubiera
permanecido en el anonimato si no hubiera sido por la dedicatoria introductora
en la elegía del poeta oriolano. Sijé no hubiera apenas traspasado el umbral de
lo local y lo provincial, a no ser por dicha rabiosa, resentida y dolida
elegía’.
Cuando Sijé muere, su relación con Miguel estaba deteriorada. La historia de las relaciones Neruda-Hernández fue la causa de las discrepancias entre los oriolanos. Sánchez Vidal las sitúa en el marco de lo religioso y de lo estético. Muñoz Garrigós dice que hasta mediados de 1935, Sijé intentó hacer reflexionar a Miguel por carta, ve que no lo consigue y, aunque el poeta le sigue escribiendo, él hace un montón silencioso de cartas incontestadas. A pesar de ello, es Miguel el que confiesa haberse ‘conducido injustamente con él en estos últimos tiempos’.
El propio Miguel escribía en 1936 en La Verdad, de Murcia: ‘¿Es cierta su muerte? Es la primera que me hace llorar aún dormido. Uno de los lados más escogidos de mi corazón se ha quedado como un rincón vacío (...) Orihuela ha perdido su más hondo escritor y su más despejado y varonil hombre’. Señala Martínez Galiano que ‘Miguel Hernández intentó recoger sus escritos para su publicación, pero la guerra española impidió a Miguel realizar este homenaje póstumo a su hermano’. José María Ballesteros, que le acompañó en los últimos instantes de su vida, escribió en La Verdad, de Murcia, el 28 de diciembre de 1935: ‘La hora de la consagración de Sijé como escritor no necesitará como condición precisa la de saltar la valla de su vida corporal. El despejo de su inteligencia, su voluntad y su buena estrella serán acicates que harán pueda saborear (...) las halagadoras caricias del triunfo (...) Ramón Sijé triunfó como escritor. Y también como hombre, pues dejó tras de sí una estela brillante de ejemplaridad. Sirva el recuerdo de su figura como espejo en donde se miren las juventudes venideras’.
Por su parte, Eutimio Martín escribió que ‘la muerte brutalmente súbita del joven Sijé (...) provocó un caudal irrestañable –aún hoy día- de delirio laudatorio que más tiene que ver con la mística que con la crítica literaria’. Carmen Conde dijo ‘Gabriel Miró se ha muerto otra vez’.
La figura de Sijé tras su muerte
Hasta 1973 los escritos de Ramón Sijé no fueron conocidos más que por un
estrecho círculo de allegados, paisanos suyos, como apunta Eutimio Martín. Ese
año el Instituto de Estudios Alicantinos publicó el ensayo, hasta entonces
inédito, ‘La decadencia de la flauta ...’ y el Ayuntamiento de Orihuela
publicó la edición facsímil de la revista El Gallo Crisis a cargo de
José Muñoz Garrigós, quien editó también en 1987 una recopilación sobre la vida
y el resto de la obra del autor, dispersa en periódicos y revistas, la mayoría
locales y regionales. Un poco antes, en 1985, José A. Sáez Fernández publicaba
una colección crítica de textos sobre Ramón Sijé.
Juicios sobre Sijé
La muerte, excesivamente temprana de nuestro autor, le impidió llegar a escalar
un puesto de categoría nacional en el concierto de los escritores españoles. ‘Sólo
veintidós años se mantuvo en el tiempo esta existencia realmente extraordinaria.
Asombra, en verdad, cómo, en tan breve tiempo, José Marín alcanzó tan alto grado
de sabiduría y tan elevado nivel artístico’, afirma Vicente Ramos. Según
Carmen Conde, ‘fuera de Orihuela, no se habría muerto tan joven Ramón Sijé:
le faltaba salud para vencer a la ciudad e independizarse (...) Desde que le oí
hablar en Sierra Espuña con Antonio Oliver Belmás comprendí su próxima muerte’.
Para Antonio Oliver Belmás, ‘hemos perdido con su tránsito una figura de la
gran crítica literaria española’. Pese a vivir tan poco tiempo, el nombre
de Ramón Sijé ha pasado a la inmortalidad literaria gracias a su obra. Apunta
Ramos que ‘de un cristianismo ardiente, juvenil y entrañado, Ramón Sijé
luchó por una catolicidad desnuda, limpia, en tensa vigilia ascética, totalizada
en la perfecta encarnación del hombre nuevo del Evangelio, por lo que aconseja a
la Iglesia que se lance a la vida civil’. Por su parte, Jesús Alda Tesán,
profesor de Lengua y Literatura españolas, escribió que ‘sus hombros se han
doblado con un escalofriante crujir de huesos bajo el peso de lo inexorable,
truncando lo que de promesa se había convertido en realidad (...) Con esta
muerte se frustraba una cimentada esperanza, se desvanecía la promesa de un
inmediato escritor de primer orden que por entonces tensaba febrilmente sus
fuerzas en los mares más engallados del pensamiento’.
Consideraba también el catedrático aragonés que José Marín ‘era un reformador aconsejado por los más hondos afanes. Excluyendo la Biblia, han sido los escritores más profundos con meollo reformador los que se han señalado más recientemente en su formación de hoy, Unamuno, Azorín, Bergamín, Giménez Caballero; de ayer, Quevedo, Gracián, Larra; de fuera, Nietzsche. Giménez Caballero habría tenido que compartir con él la nietez del 98’. Para Eutimio Martín, ‘Ramón Sijé no perviviría hoy más que en el nomenclátor callejero de la ciudad de Orihuela (...) Perdió su vida en el intento, pero Miguel Hernández hizo que no se perdiera su nombre en el olvido’.
Finalmente, Agustín Sánchez Vidal dice que ‘aunque el influjo de Sijé jamás llegó a ahogar el personalísimo y potente estilo hernandiano, hay que decir que en buena parte de ‘Perito en lunas’, en el auto sacramental, en la poesía publicada en ‘El Gallo Crisis’ e, incluso, de forma ya difusa, en obras más tardías, en ocasiones Hernández actúa como portavoz plástico de algunas nociones doctrinales de Sijé’.
Para Manuel Martínez Galiano la primera impresión que causa la lectura atenta de la obra de Sijé es la de un sentimiento de admiración hacia su persona, su voluntad de trabajo y su inteligencia. ‘Solamente en un ser excepcionalmente dotado podemos concebir que en tan corto espacio de tiempo pudiera asimilar una cantidad tan grande de conocimientos no sólo jurídicos, sino también literarios, filosóficos, teológicos y sociales (...) Cuando observamos su perfecto conocimiento de la literatura, de nuestros autores clásicos -especialmente Quevedo y Gracián-, de nuestros pensadores –Balmes, Unamuno, Ortega y Gasset, d’Ors-, de la filosofía y teología escolástica -principalmente de Santo Tomás-, y del pensamiento europeo moderno –Kant, Hegel, Nietzsche, Freud, Guardini y otros tantos, no podemos experimentar más que un profundo asombro ante su excepcional capacidad de trabajo y ante su inteligencia’.
El olvido de su pueblo
Pocos meses después de morir, se le dedicó a Ramón Sijé la antigua Plaza de la
Pía, cuya placa se descubrió el 14 de abril de 1936, en un acto donde Miguel
Hernández leyó unas cuartillas en memoria de su amigo. Pero esa plaza terminó
perdiendo después el nombre del ensayista: ‘hemos perdido con Ramón Sijé a
un genial escritor, si aún temprano de sazón, ya tardío de humanidad’. Añadió
Miguel Hernández en ese homenaje: ‘Orihuela se ha dado cuenta a su muerte, ya
que siempre es a la muerte cuando nos damos cuenta del valor de ciertas vidas,
de la grandeza del hijo que habíamos criado sin advertirlo (...) Pueblo donde ha
nacido y agonizado esta gran criatura: todos los homenajes que le hagamos se los
merece. Procuremos que éstos resulten lo más duraderos y de verdad y lo menos
teatrales y de relumbrón (...) Ramón Sijé verá desde la tierra que ocupe lo que
hagamos por él, y juzgará desde su sombra’.
Miguel demostró ser muy confiado en el agradecimiento de sus conciudadanos para con Ramón Sijé. Actualmente sólo dos calles, por cierto nada significativas en el entramado urbano de Orihuela, están relacionadas con su figura -una lleva su nombre y otra el de su revista El Gallo Crisis- en medio de un olvido generalizado en la misma ciudad, porque ya no hay ni un busto, ni una plaza, ni un premio literario dedicado a su persona, ni un acto o jornadas anuales que lleven su nombre, ni un centro docente o cultural dedicado a este ensayista ... Sin duda, muy pobre tributo de la ciudad de Orihuela hacia uno de los hijos que más nombre le ha dado.
BIBLIOGRAFÍA
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(1932, Orihuela) y Acción (1935-¿?, Orihuela).
Antonio Penalver