LOS POETAS ROMÁNTICOS EN ESPAÑA

 

Por Ramón Fernández Palmeral

 

 

 

 

 

   El Romanticismo fue una reacción contra el espíritu racional e  hipercrítico de la Ilustración y el Neoclasicismo, y favorecía, ante todo,

        Efectivamente, romanticismo no significaba enamoramiento cuando se creó en el primer tercio del siglo XIX Ramón Sijé, lo sitúa en España en 1833, cuando salió Hernani, la obra de Víctor Hugo, don inauditas libertades artísticas, mas el famoso prefacio para Cromwell tomado como manifiesto del romanticismo.  El oriolano Ramón Sijé era uno de los que estaba en contra del romanticismo, y lo demuestra en su lago ensayo La decadencia de la flauta y reinado de los fantasmas, en 1935, aunque no se publicó hasta 1973, gracias al Instituto de Estudios Alicantinos. Ramón Sijé, muy cercano a los jesuitas de Orihuela, amigo también del capuchino de Fray Buenaventura de Puzol (que por cierto lo mataron en 1936). Según Cecilio Alonso, Ramón Sijé era falangista joseantoniano, recordemos que a José Antonio, fundador de la Falange el 29 de octubre de 1933, lo fusilaron en Alicante, estaba en contra del romanticismo como entelequia de la libertad individual, reivindicación del nacionalismo, que es una de las consecuencias del romanticismo del S. XIX, y en contra del desmoronamiento de la Unidad de España. Hablamos de los años marxista de la II República.  Como dice el Diccionario Abreviado de Seco: «Corriente literaria, cultural e ideológica de la primera mitad del s. XIX, caracterizada por su oposición al clasicismo y por su exaltación del sentimiento y la libertad», pero es algo más, además de estilo literario lo es también político. La ideología de Falange es elnacionalsindicalismo. Se trataba de un fascismo a la italiana con componentes tomados delcatolicismo.

    El romanticismo no tienen reglas, de aquí surge la polémica contra del clasicismo que define un sistema de orden, exactitud, reglas, es decir, inmutable. El éxito del romanticismo sueña «con la perfectibilidad del hombre y su espiritualidad». En las artes interesa el genio individual.  Nacen los pronunciamientos, las barricadas, la exaltación de lo nacional (desemboca en la idea de nacionalismo o recuperar la memoria nacional) y de lo tradicional y lo revolucionario. Reaparecen los temas medievales, heroicos, leyendas de Zorrilla y los milagros, los temas luctuosos, el gusto el gótico, las cruzadas, lo que Larra intenta en sus Artículos es la regeneración nacional. Era una regeneración que sacaría a las bellas artes de su letargo.

 

    Efectivamente y como también apuntó Guillermo Díaz Plaja en su libro Introducción al estado del romanticismo español, con el que ganó el Concurso Nacional de Literatura de 1935. El clasicismo en contraposición del romanticismo, porque aquéllos mostraban una fuerte resistencia  a los cambios y seguía los cánones de la rigidez inmovilista del Antiguo Régimen, hubo una polémica entre el romanticismo y el clasicismo. Las ideas de Schlegel fueron difundidas en España por Böhl de Faber, padre de la poetisa que firmaba Fernán Caballero.

 

    El primer movimiento romántico surge en Inglaterra y Alemania tras la Reforma, por las transformaciones que sufre la Iglesia. Las nuevas ideas del romanticismo españolas nos llegaron desde Francia, por diversos caminos: los viajeros románticos, los exiliados fernandistas, libros y noticias que se filtraban sobre lo que pasaba fuera. Y las traducciones al castellano de obras románticas importantes que realizó la generación anterior. Se tradujeron las obras importantes de Rousseau, Chateaubriand, Hugo, Voltaire, Dumas, Sand entre otros franceses; Young,  Ossian, Richardson, Lord Byron y Scoutt entre los ingleses; y entre los alemanes, Böhl de Faber difundió las ideas románticas de Schlegel sobre el teatro. Se tradujo a Goethe (Werther, Fausto), a Schiller, Hoffmann; Cooper e  Washintong Irving entre los norteamericanos.

    La ideas de Schlegel fueron difundidas en España por el alemán Böhl de Faber (padre de Fernán Caballero), el colector de la Floresta de rimas antiguas españolas (1822-25). En el primer periodo constitucional se declaró la libertad de imprenta  En Cádiz, donde residía Böhl de Faber, surgió la polémica con el clasicismo y el romanticismo con José Joaquín Mora.   

   

     El Romanticismos español empieza tras la muerte del Fernando VII, el Deseado en 1833, donde empieza con la regencia de María Cristina un periodo de resurgimiento de la libertad creadora y la libertad de expresión o como nos expone Vicente Ramos en su libro Literatura Alicantina: «El Romanticismo, más que himno a la libertad y sin dejar de serlo, implicó una total y renacida concepción humana y estética, basada en el mundo del sentimiento, en la legendaria y casi mística atracción del Medievo, en el libérrimo despliegue de la fantasía creadora...». Es el año en que regresan los exiliados intelectuales, e importan este movimiento de Francia e Inglaterra:  Espronceda,  Martínez de la Rosa. Las nuevas tendencias se materializan en su Blanca Flor (1828) de Gallardo, en Moro expósito de Antonio Alcalá Galiano, el drama de Macías de Larra,  Don Álvaro o la fuerza del sino en verso del Duque de Rivas en 1835.

      Los temas románticos denotan un anhelo libertad de expresión, la aversión a la autoridad (liberación del Antiguo Régimen), libertad de pensamiento, pensamiento psicológico por encima de lo ético de revolución.  Supone un cambio, una rebelión contra el mundo ordenado del racionalismo: la razón, caminos para renovar el arte, la política, la educación, la filosofía y la religión de la época.

       El malagueño Serafín Estébanez Calderón (1799-1867). Autor de sonetos como A la ciudad reina de Andalucía.
Obras importantes: La España Artística y MonumentalLos españoles pintados por sí mismos. 
Como escritor y político andaluz fue una de las figuras más destacadas del costumbrismo español, inclinándose por unos 
ideales políticos, y alejados de cualquier exaltación o base revolucionaria. Su estilo persigue un léxico amplio y cuidado, 
 para redondear sus frases, y trabaja una prosa difícil de seguir, muy elaborada. Su producción literaria no fue demasiado 
extensa ni acertó a dar testimonio de unas décadas decisivas para España. Influenciado por las corrientes francesas 
encontró en el costumbrismo el campo de acción ideal. En sus Escenas Andaluzas propone la defensa de las costumbres
 y tipos que él conoce de cerca y ama, y a los que considera en peligro de extinción. En 1873 se incorporan a la Biblioteca 
Nacional cuatro colecciones fundamentales: las del Marqués de la Romana y Serafín Estébanez Calderón -más de 28.000 
impresos- raros.

 

           

     Una revista muy del romanticismo fue El Artista  (1835-36) son sesenta y cinco números, colaboraron unos setenta escritores.  La contribución de Ochoa fue la más extensa. El segundo en el orden de importancia fue Pedro de Madrazo. Por lo que se refiere a la parte ilustrada de la revista, el principal colaborador fue Federico de Madrazo. Entre los colaboradores más ocasionales merecen destacarse Cecilia Böhl de Faber, Bretón de los Herreros, Patricio de Escosura, Bartolomé José Gallardo, Juan Nicasio Gallego, García de Tassara, Alberto Lista, José de Madrazo (padre de los hermanos Federico y Pedro), Juan María Maury, Nicomedes Pastor Díaz, Roca de Tagores, Julián Romea y Ventura de la Vega, es decir, muchos de los nombres que iban a componer la plana mayor del romanticismo español. En El Artista publicó también Espronceda su Canción del pirata y algunos fragmentos del Pelayo, además de su famosa sátira El Pastor Clasiquino, y Zorrilla cinco poesías y un relato en prosa con anterioridad a su “revelación” ante el cadáver de Larra .

     En Alicante también llegó el romanticismo, el cual conocemos al encomiable trabajo de Vicente Ramos, por su libro Literatura Alicantina (Alfaguara, 1966) que ganó el premio Azorín en 1965. Gracias a la creación del Liceo Artístico y Literario de Alicante inaugurado la noche del 8 de agosto de 1839: «pues bien podemos afirmar que no hay literatura alicantina propiamente dicha hasta al apertura de aquel centro». Si primer presidente fue el Sr. Barón de Petrés. Nos habla V. Ramón  de la generación del 1850.

    Indudablemente los poetas de hoy en día entienden el romanticismo en su acepción errónea de enamoramiento, luna de miel poética y amores eróticos, y no entienden la verdadera razón de la poesía romántica como libertad del individuo, riesgo y provocación, porque no leen a los maestros, no se enteran de la historia de la poesía, no saben que son las vanguardias, el Ultraísmos, la poesía de la experiencia y se ponen a rimar lo primero que les viene a la cabeza. Siguen con los clásicos sonetos, siguen sin escuchar a nadie que les plante cara, que no le aplaude y que les dice la verdad de su poesía.

    Uno se puede hacer médico, ingeniero, pintor, pero no se puede hacer poeta, y, menos aún sin leer a los clásicos como referencia, esto es lo que muchos tristes poetas modernos pretenden, que sin estudiar la técnica, la historia de la poesía se meten a remendones de versos de cuarta fila, recitándole a la luna y a las marchitas margaritas. ¿Entonces para qué sirvió tanto riesgo en el absolutismo, tanto peligro en las dictaduras, tanto sortear a la censura franquista?, y ahora que no tenemos obstáculos, nos ponemos a recitar rosarios, letanías ya machacadas, a rimar versos como si solo la música importara.  Hay poeta que se vuelven locos por buscar una rima cuando en realidad se deberían volver locos para buscar una asonancia, un versículo, un adjetivo que concentre y resuma el sentir del poema, un adjetivo que te puede tardar  años en llegarte.  Horacio  consagrada a la teoría literaria, la Epistula ad Pisones (Epístola a los Pisones),  Donde nos dice que cada verso es una arquitectura independiente del poema.

   Los que se meten a poeta sin leer leído un solo verso de Espronceda lo tienen crudo.

 

   Libros de viajes y estampas costumbristas en el romanticismo, tomo notas  de  María Jesús Ruiz Fernández): TEXTOS LITERARIOS ESPAÑOLES DEL BARROCO:

   “De ahí la importancia que adquiere el grabado impreso y las ilustraciones. Ejemplos de esta convivencia la encontramos,
 por ejemplo, en los Recuerdos y bellezas de España (1839-1865) de Pedro de Madrazo, Pablo Piferrer, José Mª Cuadrado,
 Francisco Pi y Margal y Javier Parce risa, dedicado a Baleares y Cataluña, o en la España Artística y Monumental (1842-1850) 
de Patricio de la Escosura y Jenaro Pérez Villaamil; sin olvidar -claro está- las colecciones como el Semanario Pintoresco Español
(1836-1857) o Los españoles pintados por sí mismos (1843-1844)”.

 

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