LA IDEOLOGÍA POÉTICA DE RAMÓN SIJÉ
(Publicado en dos parte en los números 18 y 19 de El Eco Hernandiano)
Por Antonio Peñaver
Quizás sea la ideología política uno de los aspectos que más interés, al tiempo
que polémica, ha despertado en la mayoría de críticos y estudiosos cuando han
abordado la vida y obra del punzante ensayista oriolano (1913-1935). Unos han
encasillado a Sijé como fascista o cercano a ese entorno, a tenor del contenido
de algunos de sus artículos, argumentando los críticos que sus fórmulas
imperiales y arcaicas se encontraban en los aledaños del totalitarismo y que su
búsqueda de apoyo en el orden teocrático no era progresista. Otros difieren
claramente, y basándose no sólo en el contenido de su obra sino también en el
testimonio de aquellos que convivieron con él, se atreven a quitarle ese
estigma, esgrimen la defensa que hizo de la II República tras su instauración,
su militancia en el Partido Republicano Federal, la línea ideológica alejada del
fascismo de las publicaciones por las que discurrió su trayectoria periodística
y literaria y su catolicismo alejado de posturas radicales y vinculado a las
corrientes más renovadoras de la Iglesia. Por tanto, para estudiar su ideología
política, lo más adecuado e imparcial, como dijo el catedrático de Literatura
José Muñoz Garrigós, es ‘dejar que los textos de Sijé hablen por sí mismos
y, abandonando cualquier tipo de interpretación subjetiva, por muy lícita que
ésta sea, investigar el marco en el que habría que situar no nuestra
interpretación, sino los propios textos’.
Su educación
religiosa y el ambiente oriolano
Presentación Gutiérrez Fenoll, madre de Sijé, se caracterizó por un ‘catolicismo
sin fisuras y un carácter muy enérgico y dominante’, lo que, según el
catedrático de Literatura José Muñoz Garrigós, ‘pudo influir en el carácter
y pensamiento de José Marín’. Además, todavía con 9 años, en octubre de
1923, Ramón Sijé ingresó en el Colegio de Santo Domingo entonces regentado por
la Compañía de Jesús. Allí permaneció durante 7 años, abandonándolo tras
terminar sus estudios. Parece que entonces ‘Sijé se alineó –según este
crítico- en otros grupos católicos y así formó parte de la Juventud
Antoniana, dirigida por el padre Salvador Juárez, integrándose en su junta
directiva y participando activamente en actos y veladas por ellos organizados’,
tal y como refleja la prensa de la época. Por otra parte, la esencia de la
Orihuela de la época, asentada en pilares como el conservadurismo político, la
aristocracia agrícola, la tradición religiosa y el barroquismo -entendido éste
como canon de vida y pensamiento- debió influir en su manera de ser. Muñoz
Garrigós recuerda de Sijé su ‘inexcepcional presencia física en Orihuela, a
lo largo de sus veintidós años de vida, donde nació, se formó, vivió y murió
(...) En este ambiente cargado de nostalgia y de emotividad se cuajó la
personalidad humana, literaria y política de Ramón Sijé’.
Sus primeras
lecturas: José María Gabriel y Galán
Según el testimonio del oriolano Francisco de Díe, ilustrador de la revista
El Gallo Crisis y amigo personal, ‘el espíritu de los Marín era débil,
encogido, para este mundo disparatado. Tanto Ramón como Gabriel Sijé eran unos
introvertidos profundos’. Este carácter y su formación académica debieron
contribuir a su vocación por la lectura. El médico y escritor oriolano José
María Ballesteros (1897-1939) fue uno de sus primeros mentores, si nos atenemos
a las palabras del escritor oriolano José María Pina Brotóns, cuando afirmó que
‘Sijé es intelectual y estilista como su maestro José María Ballesteros’.
El primer trabajo literario de Sijé publicado en prensa apareció en 1926 en la
revista madrileña Héroes. Sólo tenía 12 años. Este artículo, titulado ‘España,
la de las gestas heroicas’, lo presentó a un concurso literario para
menores de 17 años que tenía el objetivo de exaltar la gesta de los aviadores
españoles. Pepito Marín debía tener ya afición por escribir al decidir
presentarse al certamen.
Su debut
periodístico en Actualidad
Tendrían que pasar dos años para que comenzara de un modo definitivo e
ininterrumpido la actividad literaria de José Marín Gutiérrez. Mientras tanto
siguió adquiriendo la formación necesaria con el incesante estudio y el estímulo
de sus continuas lecturas. La oportunidad de empezar a publicar le vino dada por
Actualidad, un semanario oriolano que ‘reflejó durante sus tres
años de vida la línea de pensamiento del sector más progresista de las derechas
oriolanas’, afirma Muñoz Garrigós. En cambio, Sijé colaboró muy poco en el
coetáneo El Pueblo de Orihuela, editado por los sindicatos católicos y
vinculado a los ámbitos más conservadores. Pepito Marín publicó en
Actualidad a partir del número correspondiente al 13 de septiembre de 1928.
Todavía no tenía los quince años. Este artículo versaba sobre José María Gabriel
y Galán, un joven poeta español triste, melancólico, muy sensible, atento al
mundo que le rodeaba y de convicciones profundamente religiosas recibidas de su
madre. Curiosamente estas características presentaban muchas semejanzas con la
de Sijé. De hecho, apunta Muñoz Garrigós que en este artículo ‘hay citas que
evidencian una lectura directa de su obra’.
Jesús Poveda, poeta, ensayista y tertuliano de la Tahona, ya que nos permite saber como era Sijé a los quince años: ‘en 1928, trabé amistad con José Marín Gutiérrez, un joven estudiante de Bachillerato, alumno del colegio de los Jesuitas. Nos unió en seguida nuestra afición por la lectura de buenos libros y la Literatura en general. Sabía muchas cosas del mundo de las letras que yo ignoraba y tenía el don de exponer sus teorías con precisión, con naturalidad, recurriendo a su memoria asombrosa. Lo que yo escribía de mi cosecha pasaba luego por su mano para recibir su valiosa opinión (...) Por ese tiempo no le conocí otros amigos’.
En 1929, seguir la estela en prensa de Sijé es difícil, porque no aparece ningún artículo suyo firmado por su propio nombre y apellido, pero pudo hacerlo con algún seudónimo. La hipótesis de que uno de ellos era ‘Chás’ hay que analizarla con cuidado, según Muñoz Garrigós. Esta firma apareció por primera vez en Actualidad el 20 de junio de 1929 y su autor era claramente favorable a la prensa católica, ‘pero no de una forma incondicional, sino duramente crítica, muy acorde con la que fue siempre la postura de Sijé’, comenta este crítico, añadiendo que ésto ‘invita a pensar en Sijé como autor del artículo’. Las restantes colaboraciones amparadas bajo este seudónimo, en este mismo periódico y en el mismo año, se dividen, casi por igual, en temas políticos y literarios.
Voluntad y
sus primeros artículos políticos
A partir de 1930 la actividad de Ramón Sijé fue abundante y variada en lo
literario, pero no empezó hasta el 15 de marzo, fecha en la que apareció el
primer número de Voluntad, revista quincenal oriolana de corte
literario, pero también de información local, fundada por Poveda y el propio
Sijé, que fue también su director real. Apunta Muñoz Garrigós que, bajo el
seudónimo de ‘Babbitt’, aparecían firmados los artículos de Sijé de
orientación más claramente política: ‘a lo largo de toda la vida de Ramón
Sijé, su ideología política no fue más que una especie de plasmación práctica de
un ideario que abarcaba campos mucho más extensos, y el caso del conceptismo
puede ser un buen ejemplo. Con mucha más razón cabe afirmar esto para el año
1930, etapa inicial de su formación, en la que algunos de sus elementos
fundamentales no están, a lo sumo, más que en un periodo de mero esbozo: su
posición política está absolutamente huérfana de trascendentalidad, y no pasa de
ser una postura personal ante hechos muy inmediatos, como ya vimos en el caso de
‘Chás’, lo que no quiere decir que esa postura no fuera sintomática de su manera
de pensar, sino que no existía tal ideario político definido’.
Opinión muy distinta sobre el periódico Voluntad es la que tiene Eutimio Martín, profesor de la Universidad francesa de Aix-en-Provence: ‘la amistad o relación Sijé-Miguel Hernández nace con la primera andadura netamente totalitaria de Sijé: el periódico ‘Voluntad’ (...) La cabecera muestra ya en el propio título una agresividad sospechosa: los caracteres góticos de ‘Voluntad’ adoptan en la L y en la T la forma de sendas espadas. Para esta empresa, de indudable signo bélico (...) Ramón Sijé se considerará siempre un jefe nato y obrará en consecuencia. ‘Voluntad’ será el primer banco de prueba de su vocación de mando’. Sin embargo, en el editorial del número 1, la publicación no se define ni de derechas ni de izquierdas: ‘no pertenecemos a bando alguno’. Ante ésto, añade Eutimio Martín que ‘nunca la extrema derecha consideró (la siempre derecha, tampoco) que hacer política ultraderechista sea hacer política: los fascistas ‘hacen patria’. Su único programa: la violencia contrarrevolucionaria’.
Según Muñoz Garrigós, entre todos los artículos de Sijé en Voluntad, hay unos que nos ofrecen un reflejo de la propia identidad del autor, como ‘De re política’ y ‘Estudiantina revolucionaria’. En el primero de ellos, publicado el 30 de abril de 1930, sostenía Sijé que ‘tras el prisma de nuestra juventud vemos, quizás con más claridad que algunos, el aspecto de la actualidad política española. Y en esa pantalla hemos contemplado otras porque (...) hemos tirado al suelo el prisma de nuestra consideración nacional ... Quiera Dios que cuando muramos sea nuestro epitafio una España, y por ende una Orihuela, nueva, feliz, sana. Y así habremos hecho algo, moriremos contentos’. Opina Muñoz Garrigós que ‘la solución ofrecida por Sijé no es otra que la vuelta a los ideales clásicos, a los que hicieron posible nuestro Siglo de Oro’.
El titulado ‘Estudiantina revolucionaria’ responde a las algaradas universitarias de los primeros días de mayo de 1930: ‘Nos parece que a los bonachones que suscribieron en las soberanas cortes gaditanas la famosa [Constitución] del 12, al enumerar los derechos de los españoles (...) les faltó una cosa. ¿La adivináis? Pues el derecho a la estaca (...) ¿Qué quieren los estudiantes? ¿Una España o un caos? (...) Es el ciudadano una pieza de la inmensa y complicada máquina del estado. Una pieza que contribuye al buen funcionamiento de la máquina (...) el ciudadano debe respetar la Constitución y por ende debe guardar el orden (...) el que ataca, el que viola ese orden debe ser castigado (...) Hace pocos días un grupo de estudiantes con el grito subversivo en la boca, la piedra en la mano, el cuerpo envuelto en el paño rojo ..., dieron un espectáculo grandioso, apoteósico. La Meca de la intelectualidad española (...) convertida en barricada ¡Dios mío!’, decía Sijé. Sobre este artículo Eutimio Martín se muestra muy crítico con el oriolano porque ante la agitación universitaria de finales del curso 1929-30, ‘Ramón Sijé (que, no lo olvidemos, no es universitario todavía) propugna la dialéctica de la estaca’.
Por otra parte, Eutimio Martín afirma que ‘no disimula Sijé su pretensión de erigirse en unificador de las derechas oriolanas’ a raíz de que en el editorial de esta revista del 30 de mayo de 1930 se dijera textualmente que ‘las derechas oriolanas no se han formado, están por formarse (...) No basta ser derechista, ser buen católico (...) Católicos, gracias a Dios, hay en Orihuela. Derechas, no’. En este mismo artículo, Voluntad propone que, cuando José María Albiñana venga a Orihuela, las derechas oriolanas tengan la valentía de ‘salir a la calle, proclamarse derechistas y luego acompañar al derechista más derechista español’, concluyendo que ‘o eres de las derechas o de la acera de enfrente’. Albiñana era un médico valenciano que fundó en abril de 1930 el Partido Nacionalista Español, en cuyo manifiesto sus huestes se definían como el voluntariado ciudadano con intervención directa, fulminante y expeditiva en todo acto atentatorio o despectivo de la patria.
El crítico palentino añade que ‘en esta actitud ‘viril’ de nuestro profesor de fascismo no podía faltar el toque machista. Con el seudónimo de ‘Lola de Orihuela’, este mocoso virginal de 16 años acapara la rúbrica feminista’. Se refiere Eutimio Martín al artículo aparecido en el número 2 de Voluntad de 30 de marzo de 1930 -y no en el número 6 como dice él-, donde hay citas sorprendentes de Sijé para la edad que tenía: ‘lectora ¿tienes bien entendido lo que es ser mujer? Me creo que no; por lo tanto esta mi primera charla va dedicada a eso, a haceros entender lo que es ser mujer. La mujer fue esclava con el pagano, compañera con el cristiano y superhombre en la época moderna (...) Yo que creo entender la sensibilidad femenina contesto por vosotras diciendo que el tipo de mujer es el de compañera. La mujer no debe ser esclava (...) La mujer no debe ser superhombre (...) al hombre le gusta la mujer en su intimidad, no perorando en un escaño del congreso, ni practicando una delicada cura (...)El día que las mujeres comprendan lo que es ser mujer habrán desaparecido del mundo las ideas tan absurdas como la independencia, su voto, etc (...) Ha de ser [la mujer] (...) débil como la Margarita cantada por Rubén Darío; debe ser fuerte como la católica Isabel’.
Desde que desaparece Voluntad el 30 de agosto de 1930 hasta la aparición de Destellos el 15 de noviembre, Sijé colaboró en Actualidad y también en El Pueblo de Orihuela. En este último periódico publicó a finales de 1930 el artículo ‘Consideraciones literarias’, en uno de cuyos fragmentos decía: ‘recluído en una especie de inacción espiritual -polo opuesto de lo noble y divertido de la república de las letras- se piensa con más holgura, se discute con menos pasión, se juzga con serenidad y se lucha con mucha más lealtad’.
Su abrazo a
la II República en Destellos
Destellos fue una revista todavía más puramente literaria que
Voluntad, aunque no exenta de inquietudes. De hecho, en uno de sus números
se decía: ‘resurgir de juventud, juventud que piensa, juventud que lee,
juventud que trabaja. Despierta ahora, Orihuela dormida. Eso es una esperanza.
Optimismo puro. Y es también una lección: la escuela y la despensa’, como
propugnaba Joaquín Costa. En esta revista, destacan dos artículos de talante
claramente político: ‘Meditaciones políticas’ y ‘República Española’,
escritos bajo el seudónimo de Babbitt. En el primer trabajo, Sijé
denunciaba el continuo ‘tejer y destejer de casi todos los hombres públicos
en España. Como hombres que se creen infalibles en sus actos e insustituibles en
el difícil oficio de gobernar, cuando ocupan los sillones de los ministerios, de
dedican a deshacer de una plumada lo que otros antes hicieron (...) se suprimen
automáticamente muchas cosas útiles por el sólo hecho de haber sido creadas por
el enemigo político Se comprenderá fácilmente que (...) no salgamos de un estado
de estancamiento sumamente perjudicial para el natural avance progresivo de la
Patria’.
En el segundo artículo, con fecha 15 de abril de 1931, Ramón Sijé celebraba la instauración en España de la II República: ’14 de abril de 1931. Jamás podrán borrarse de las páginas de la Historia, los refulgentes destellos que esta fecha memorable despide (...) triunfo rotundo de la libertad y del civismo (...) La proclamación de la República Española viene a resucitar abiertamente el temperamento heroico y altamente generoso del noble pueblo español. La proclamación de la República Española, en la forma en que se ha desarrollado e implantado, es la lección más hermosa que esta nación ha dado al mundo’. Sijé había crecido en una España gobernada por la Dictadura del general Miguel Primo de Rivera y, como venía colaborando en la prensa desde 1928, conocía, entre otras consecuencias del régimen político imperante, la existencia, en el plano literario y periodístico, de la censura previa. Al hilo de la instauración de la II República, el cronista de Orihuela Antonio Luis Galiano, apunta un dato importante, al afirmar que José Marín ‘en abril de 1931 redacta el manifiesto del Partido Republicano Federal’.
Este trabajo sobre el nuevo régimen político, también reproducido en el semanario oriolano Renacer, es, según Muñoz Garrigós, una muestra muy clara del carácter intelectual con que Ramón Sijé veía el fenómeno político: ‘nos revela hasta qué punto su pensamiento político estaba absolutamente falto de realismo, por muy elogiables que fuesen sus intenciones y saneados sus propósitos’.
Dice Cecilio Alonso, profesor de la Universidad de Valencia, al referirse a Sijé que ‘fue la suya una voz joven que en la República manifiesta vehementemente sus deseos de contribuir a la vertebración de España, haciendo de este afán un acto transparente. Su propuesta -inmadura e impetuosa- cobraba cuerpo en un tipo de vertebración teocrática que difícilmente podía hallar eco en el marco del historicismo cultural dominante’.
‘El reino de
Dios en la tierra’
Agustín Sánchez Vidal, profesor de Literatura de la Universidad de Zaragoza,
cree que, en sustancia, el ensayista oriolano analiza la historia de España,
constatando que ésta alcanzó su cenit cuando fue imperial y católica, es decir,
con una forma política, el Imperio, que consistía en realizar el Reino de Dios
en la tierra. Este crítico fundamenta la doctrina de Sijé en los siguientes
puntos: ‘identificación de España con el Imperio, de las esencias del Imperio
con Castilla, de la salvación (o recuperación) de España con el catolicismo;
si España alcanzó su grandeza cuando fue imperial y católica, bastará
restituirle estas características para que se restaure la nación en todo su
esplendor’. En consecuencia, ese Siglo de Oro, en bloque, se constituirá en
canon absoluto para Sijé: ‘políticamente el Imperio se postula como el gran
paradigma de organización del Estado, entendido en el sentido de una sumisión
del poder temporal al catolicismo; estéticamente, el conceptismo pasará a ser la
forma cimera de pensar y de escribir, definiéndolo como barroco eterno y
antirromántico’. Según Sijé, ‘el gran ejemplo de la historia hispánica:
reconciliación del ESTADO con CRISTO por lo que pudiéramos llamar ESTATIFICACIÓN
DE CRISTO. España es -en su época clásica- como la SANTÍSIMA VOLUNTAD DE CRISTO
HECHA NACIÓN, CRISTIANISMO’ (las mayúsculas proceden del original). Se
trata de unos apuntes de Sijé para una presentación pública de Miguel Hernández,
que fueron sacados a la luz por Eutimio Martín en su ponencia titulada
‘Ramón Sijé-Miguel Hernández: una relación mitificada’ presentada en el I
Congreso Internacional Miguel Hernández de 1992.
Articulista
en diarios republicanos
En la segunda mitad de 1931, tras desaparecer Destellos, hay un cambio
en Sijé: deja de publicar a nivel local y traslada su radio de acción a diarios
provinciales y nacionales de ideología republicana. Sijé fue en 1931
corresponsal del Diario de Alicante, dirigido por Emilio Costa y órgano
del Partido Republicano Federal de la capital de la provincia. Incluso se vio su
firma en un diario de difusión nacional, como El Sol, de Madrid,
periódico republicano independiente, que publicó su artículo ‘Tristeza y
ruina estética de la conversación española’ el 25 de noviembre de 1931.
Decía Sijé: ‘Y como nos duele España miramos con tristeza el hundimiento de
la conversación española, nuestro propio hundimiento psicológico y estético
(...) Conversar debe ser intercambiar, traspasar un pensamiento o deseo nuestro
que se hace carne del amigo o del hermano; no debe ser acometer. Y la
acometividad -violencia en la conversación- rige nuestros hablares (...) Sean
los españoles -mirando un poco más a lo suyo y a lo eterno- finos, amenos,
elegantes conservadores’.
Contrario al
marxismo
De 1931 son también los artículos ‘Utopía y realidad españolas’ y ‘Concepto
y sentido de España en judíos y catalanes’, amparados ambos por el título
genérico de ‘Periodismo político’, que aparecieron en el Diario de
Alicante. En ‘Utopía ...’, afirma Sijé: ‘que no vuelvan los
gobernantes republicanos españoles a falsificar la historia de España, con
marxismo y soluciones comunistas rusas. Yo me atrevo a decir, paradójicamente,
que España es anarquista y gubernamental, individualista y gremial, egoísta y
comunera (...) Creer en una futura ciudad marxista española es una utopía, una
bella utopía si se quiere (...) Nuestra revolución popular y nacional terminará
cuando nuestra gran ciudad española sea la exaltación del Sindicato y la
exaltación de la Universidad’. Aquí hacía Sijé una nota a pie de página, en
la que decía textualmente: ‘Algo se parece esto a lo que sostienen Giménez
Caballero (Gecé) y Ledesma Ramos, sin embargo ‘algo’ también me separa de
ellos’. Muñoz Garrigós considera este trabajo de Sijé como ‘primer hito
de un camino que no dejará nunca’, llamando la atención también sobre ‘la
nota final del artículo, en la que, para que nadie se llame a engaño, destaca
con meridiana claridad (...) que existen discrepancias entre su propuesta y las
que sostenían Giménez Caballero y Ramiro Ledesma’.
Su
adscripción al Partido Republicano Federal
Muñoz Garrigós ve ‘una evolución positiva entre la falta de realismo de los
primeros escritos políticos de Sijé y estos dos artículos’, debido a que ‘se
adscribió al Partido Republicano, que en la provincia de Alicante contaba con
intelectuales de la talla de Azorín. De ahí que entrara a formar parte de los
colaboradores del Diario de Alicante’. Además, al terminar 1931, se
evidencia en Sijé ‘una muy clara inclinación a la apertura, tanto en lo
literario como en lo religioso, e incluso en lo político’. Su ingreso en la
Universidad de Murcia en junio de ese año le proporcionó la oportunidad de
entrar en contacto con un grupo de escritores e intelectuales, cuya amistad tuvo
muy fructíferas consecuencias posteriores. En agosto, en un campamento que en
Sierra Espuña organizó la FUE (Federación Universitaria Escolar) -uno de los
principales frentes de oposición a la Dictadura de Primo de Rivera-, entró en
contacto con Carmen Conde, Antonio Oliver y algunos componentes del grupo de
‘La Barraca’ de Federico García Lorca , así como con los poetas Félix Ros y
Carlos Martínez-Barbeito.
Su política de diálogo y compenetración territorial
En el artículo ‘Concepto y sentido de España en judías y catalanes’, José
Marín escribía: ‘organicemos grandes cruzadas misionales; misiones de España en
Cataluña; misiones de Cataluña en España. Prediquemos amor por todas partes; no
odio. Hagamos una política de compenetración; ni engaño ni resistencia. Hagamos
nuestro el concepto judío de España. Que también lo hagan suyo los catalanes del
bello catalán de Ausias March y Verdaguer. Es hora de patriotismo’. En el
año 1932, escribió Sijé otros dos artículos de interés político en el Diario
de Alicante: ‘Anti Castilla, Anti España’ y ‘España y el judío’. Ambos se
refieren a un mismo problema: los estatutos de autonomía emanados de la nueva
forma del Estado español: ‘nuestro parlamento, nuestra nacional conciencia
política, resolverá el problema estatutista -más concretamente el problema
catalán-, como crea debe resolverlo: sin mengua de la unidad espiritual de
España; mortificando si es preciso su falsa y forzada unidad política. Sin
embargo, se hace necesario el defender (...) la castellanidad de España, el
sentimiento castellano como sentimiento nacional y de unidad (...) Sea la
serenidad ley’. Sijé defiende ‘el sentimiento castellano como sentimiento
nacional y de unidad (...) Pero de ahí no se puede deducir ni antiautonomismo,
con la consiguiente defensa numantina de la unidad de España, por encima de
cualquier otra razón’, según Muñoz Garrigós, mientras Sánchez Vidal dice
que Sijé ‘sigue en sus trece: la época paradigmática de España fue el Siglo
de Oro’.
Por aquellos años, el oriolano Sijé ya acumulaba bastantes conocimientos no sólo jurídicos, sino también literarios, filosóficos, teológicos y sociales. Según Manuel Martínez Galiano, tenía un perfecto conocimiento de la literatura, de los autores clásicos -especialmente Quevedo y Gracián-, de nuestros pensadores -Balmes, Unamuno, Ortega y Eugenio d’Ors-, de la filosofía y teología escolástica -principalmente de Santo Tomás- y del pensamiento europeo moderno -Kant, Hegel, Nietzsche, Freud y Guardini. En cuanto a influencia periodística, el artículo titulado ‘Acotaciones a Musset. Para amantes y poetas’ nos revela, según Muñoz Garrigós, una de sus fuentes de Sijé: el crítico Ricardo Baeza, redactor del diario madrileño El Sol, hombre de clara formación filobritánica y primer presidente de la Alianza de Intelectuales Antifascistas.
La relación
Gecé-Sijé
Al llegar a 1932, es preciso profundizar en la relación Sijé-Ernesto Giménez
Caballero ‘Gecé’. Son doce las cartas que se conservan en el archivo de
José Torres López y abarcan desde enero de 1932 a septiembre de 1935. ‘Como
Sijé murió tres meses más tarde, podemos afirmar, ya de entrada, que las
relaciones no se interrumpieron nunca’, señala Eutimio Martín. A preguntas
de Muñoz Garrigós, Giménez Caballero no pudo datar con exactitud la fecha del
comienzo de su relación con Ramón Sijé, ya que no tenía más que ‘el vago
recuerdo de que fue el oriolano el que le escribió, inicialmente, una carta a
propósito de algo que se había publicado en La Gaceta Literaria’.
Para Eutimio Martín, ‘Giménez Caballero y Sijé se conocieron haciendo Derecho, ambos por libre, en la Universidad de Murcia (...) Fue el origen de una amistad de cuyo alcance e implicaciones políticas podemos juzgar a través de la correspondencia dirigida por el ‘Robinson Literario’ a su compañero de Orihuela’. Sin embargo, según Muñoz Garrigós, Miguel Hernández ya sabía en enero de 1932 de la relación entre ambos y del 7 y del 12 de junio de ese mismo año se conocen dos cartas de Giménez Caballero a Sijé, añadiendo que ‘en 1933 prosiguieron sus relaciones a raíz de que éste decidiera estudiar Derecho como alumno libre en la Universidad de Murcia’. Hay discrepancia en cuanto al momento en que ambos se conocieron. En cualquier caso, las mencionadas cartas del 7 y del 12 de junio de 1932 demuestran para Muñoz Garrigós que ‘el planteamiento inicial de esta relación discurrió por caminos de tipo literario’, mientras afirma el crítico palentino que ‘Sijé, desde Orihuela, ponía al corriente a su condiscípulo enviándole a Madrid textos y apuntes’.
El madrileño visitó Orihuela el 2 de octubre con motivo del acto de homenaje a Gabriel Miró. Según el abogado y catedrático de Filosofía en la universidad chilena de Concepción, el oriolano Augusto Pescador, ‘formé parte de la comisión que organizó los actos (...) Sé que Sijé escribió por lo menos a dos escritores antes que al director de ‘La Gaceta Literaria’ y, en primer lugar, a Azorín, pero declinaron venir (...) Giménez Caballero hizo un discurso bastante político (...) Aquel acto y los exabruptos fascistas de Giménez Caballero repercutieron más en Madrid, donde fueron bastante comentados, que en Orihuela’.
Muñoz Garrigós, refiriéndose a este homenaje a Miró, añade que debido al ‘ambiente político en que tuvo lugar la inauguración del busto y las extrapolaciones que se hicieron de lo sucedido, no nos puede extrañar que se hayan sacado conclusiones erróneas acerca de la ideología política de Sijé en estos años’. Sin embargo, Carmen Conde, al recordar lo sucedido en el homenaje, decía que Ernesto Giménez Caballero ‘ya influía un tanto ideológicamente a través del acendrado catolicismo de Sijé’.
Las afirmaciones de
‘Gecé’ y sus secuelas
Concha Zardoya ya situó el filofascismo de Sijé en 1932, a raíz de una
afirmación que le hizo por carta -fechada el 19 de marzo de 1954- el propio
Giménez Caballero. Según comentó la profesora chilena a raíz del homenaje a Miró
en Orihuela, ‘Giménez Caballero acababa de llegar por entonces de su viaje a
Italia y ya empezaba a difundir por España las ideas fascistas o filofascistas.
Parece ser que Ramón Sijé, por vía del catolicismo, se inclinaba a coquetear con
aquellas ideas. Y aún hay informantes que han osado afirmar que también M.H.,
contagiado por su amigo, no sólo las toleraba, sino que las suscribía’.
Según Concha Zardoya, el escritor madrileño le dijo en la citada carta que Sijé
y Miguel Hernández ‘fueron de los primeros falangistas’ y que ambos, a
su llegada a Orihuela para el homenaje, le ‘saludaron con la mano abierta’.
Apunta Eutimio Martín que ‘Giménez Caballero siempre ha incluido a
Ramón Sijé y a Miguel Hernández entre los fascistas oriolanos’, pero añade
que ‘Gecé desbarra’ cuando afirma: ‘Miguel Hernández conmigo y Ramón Sijé y
alguien más iniciamos un saludo de mano abierta ante el busto inaugural de
Gabriel Miró’. Martín llega a esta conclusión, porque ‘si a Sijé o a Miguel se
les hubiera ocurrido hacer el saludo romano ante el busto de Miró, Carmen Conde
y su marido, Antonio Oliver, allí presentes, ambos republicanos de izquierda, no
les hubieran dirigido nunca más la palabra’.
Basándose también en el anterior testimonio, muchos críticos han fundamentado sus críticas, entre ellos Agustín Sánchez Vidal, quien ha llegado a afirmar que ‘el primero en detectar un cierto filofascismo en la obra de Sijé fue Ernesto Giménez Caballero, toda una institución en la materia (...) Sus relaciones, según éste, eran de discipulaje filofascista’. A este respecto, Muñoz Garrigós recuerda que en 1932 Sijé colaboraba con mucha asiduidad en el Diario de Alicante, ‘totalmente ajeno, al menos hasta donde yo he podido averiguar, a la ideología fascista (...) Que Giménez Caballero lo reconociera así en 1954, en una carta a Concha Zardoya, a mí no me sirve para nada, a menos que se me demuestre que los testimonios posteriores a 1932, tanto suyos como de otras personas, son falsos’.
De 1933 hay unas cartas de Giménez Caballero a Sijé, en las que se puede calibrar el talante político del oriolano: el 10 de octubre de 1933, Caballero comunicó a Sijé que Gil Robles había decidido presentarlo por la demarcación de Murcia en las elecciones del 19 de noviembre como candidato del bloque de las derechas (CEDA), patrocinado por Gil Robles y Goicoechea. A través de Sijé (carta del 10-X-1933), solicita ayuda de sus amigos de Orihuela para su campaña electoral. ‘Ignoramos en qué términos contestó Sijé, pero podemos deducir por la reacción del candidato que la proposición no fue acogida con hostilidad (...) Existía una indudable confluencia ideológica. Porque ambos compartían un visceral antiliberalismo’, señala Eutimio Martín.
En una segunda misiva del 17 de octubre, le escribía ‘Gecé’ al oriolano: ‘qué carta sana, reconfortante, pura, limpia, la suya. Así lo quiero, Sijé, encendido, ilusionado, exigente, intransitable. No tema, no tema nada por su amigo Ernesto. Le conoce poco si cree que eso de la diputación podrá ser su impurificación o bastardeamiento (...) espero seguir en ese trozo de tierra viva de España lo que inicié en Orihuela una tarde de octubre del año pasado’. De lo dicho por Giménez Caballero, se desprende para Muñoz Garrigós que, en la primera respuesta de Sijé, ‘debió haber una serie de objeciones muy serias, a las que el madrileño se vio obligado a contestar con mucha precisión, porque a Sijé no sólo no le parecía bien el Bloque Derechista, sino que tampoco aplaudió la presentación de su amigo (...) Sijé no movió un solo dedo por el triunfo de su condiscípulo y amigo’. En cualquier caso, resulta curioso lo que, con fecha 18 de diciembre de 1932, escribió en La Verdad Ramón Sijé: ‘Ernesto Giménez Caballero es un chulito; un mocito antieuropeo (...) un verbenero intelectual’.
También de la Semana Santa de 1972 es la dedicatoria de Giménez Caballero que aparece en un ejemplar dedicado a un correligionario: ‘Para (...) en recuerdo de cuando en Orihuela nació el movimiento con nuestra semilla azul, con la semilla de Miguel Hernández, Ramón Sijé y otros camaradas y yo’. Dice Eutimio Martín que ‘esta dedicatoria de carácter privado y a un testigo de la época no puede ser desechada, sin más. Máxime cuando viene seguida, en la portadilla del mismo libro, de otra de rúbrica de la primera’. Esta rúbrica decía: ‘Para (...) ya la Orihuela donde Miguel Hernández y Ramón Sijé se ungieron de azul’. Después de todo lo dicho, resulta curiosa la opinión de Eutimio Martín para quien ‘las declaraciones públicas de Giménez Caballero merecen ser puestas en tela de juicio dada su manía de endosar la camisa azul a todo personaje que le sale al encuentro (cuanto más de actualidad, mejor)’.
Su paso por La Verdad
En 1933, ya no publicó en el Diario de Alicante José Marín, ‘quizás
por la radicalización política que emprendió este periódico de cara a las
elecciones’ -comenta Muñoz Garrigós- y en la prensa de la capital de la
provincia sólo aparece la firma de Sijé en El Día, dirigido por el
periodista y poeta oriolano Juan Sansano, pero ‘este periódico se enmarcaba
políticamente en un derechismo granítico’, como lo califica el mismo
crítico, y el oriolano sólo publicó en este diario un único artículo. Quizás por
este motivo Sijé se decantó entonces por La Verdad, de Murcia, ‘de
más vocación literaria que política’, aunque este diario ‘no disimulaba
una tendencia antisemita y profascista que no debía incomodar mayormente a Ramón
Sijé’, según afirma Eutimio Martín, en base al contenido de varios
artículos publicados en sus páginas: califica como ‘entusiasta’ la
reseña de la traducción en español de Los Protocolos de los sabios de Sión
(publicado el 3-VII-1932) y como ‘apología del fascismo’ el artículo
‘Diez años de fascismo’ (aparecido el 14-XII-1932).
La
influencia del neocatolicismo de Bergamín
En aquellos momentos, hay que hacer referencia a sus relaciones con otro
escritor, José Bergamín, que era un calco de Sijé, al ser un hombre con una
concepción teológica de la vida, con una visión teocrática del mundo. Sáez
Fernández considera que ‘el pensamiento neocatólico, conceptista y barroco
de Bergamín va a calar hondo en la personalidad de Sijé y a prefigurar al futuro
escritor’, mientras que Cecilio Alonso sostiene que su ‘pasión por el
conceptismo y las técnicas barrocas, su devoción por Eugenio D’Ors y José
Bergamín, le sumergen en la ebriedad creativista cuando ensaya sus textos
críticos’.
En marzo de 1933, el oriolano ya había escrito en Isla, de Cádiz, el trabajo ‘El héroe como concepto’, dedicado al madrileño. La primera carta conocida de Bergamín a Sijé fue del 1 de septiembre de 1993, aunque en ella se hace referencia a un anterior intercambio epistolar entre ellos. Quizás Juan Guerrero Ruiz fue la clave en el inicio de su relación de amistad. Lo cierto es que Sijé ya finalizó 1933 escribiendo una antología de San Juan de la Cruz en Cruz y Raya, revista católica y moderada, dirigida por el propio Bergamín, que le pidió expresamente al oriolano este trabajo. Finalizada la Navidad de ese año, el oriolano marchó incluso a Madrid, visitando a Bergamín.
Apunta Vicente Ramos que ‘de un cristianismo ardiente, juvenil y entrañado, Ramón Sijé luchó por una catolicidad desnuda, limpia, en tensa vigilia ascética, totalizada en la perfecta encarnación del hombre nuevo del Evangelio, por lo que aconseja a la Iglesia que se lance a la vida civil’. Ese sentido religioso de Ramón Sijé estaba vinculado a las corrientes más renovadoras de la Iglesia: la corriente del humanismo cristiano y la corriente del movimiento guardinista. El pensamiento católico-reformista de Ramón Sijé no solamente procedía de Peter Wust, sino que los nombres de Maritain y con él los de quienes integraban el grupo de neotomistas franceses, y de Romano Guardini, entre otros, figuraban en la nómina de las vinculaciones europeas de Sijé. ‘Católico de raza y católico después por reflexión, hizo de la Religión una disciplina del pensamiento’. Así le definía su amigo Jesús Alda Tesán, para quien ‘era un reformador aconsejado por los más hondos afanes. Excluyendo la Biblia, han sido los escritores más profundos con meollo reformador los que se han señalado más recientemente en su formación de hoy, Unamuno, Azorín, Bergamín, Giménez Caballero; de ayer, Quevedo, Gracián, Larra; de fuera, Nietzsche. Giménez Caballero habría tenido que compartir con él la nietez del 98’. En torno al catolicismo de Sijé, Manuel Molina escribió: ‘hombre de fe auténtica, había calado hondo en los Evangelios y sentía que la esencia del cristianismo no caducaría jamás. Sabía que esas fuentes de verdad remozarían nuestra experiencia y defendía esta hermosa causa contra los fariseos de dentro y los ignorantes de fuera que pretendían destruirla’.
El Primero
de Mayo de 1934
En palabras de Eutimio Martín, ‘Ramón Sijé no se limitó a la especulación
política de signo totalitario. Excepcionalmente podía lanzarse a la arena
política reforzando las filas del fascio español. Ello ocurrió, efectivamente,
en fecha tan señalada como un 1º de mayo’. El crítico palentino hace este
comentario a raíz de un testimonio oral aportado por Ramón Pérez Álvarez, que
fue testigo de un suceso que refería así: ‘El 1º de mayo de 1934, Ramón
Sijé, acompañado del falangista Juan Bellod, secretario de ‘El Gallo Crisis’, se
metieron en una manifestación obrera y comenzaron a repartir octavillas
fascistas. Un camarero socialista se metió con Bellod echándole en cara su
reciente militancia socialista. La situación se volvía amenazadora para los dos
propagandistas. Yo, personalmente, me llevé de allí a Sijé para evitarle
posibles riesgos’.
Contaba el propio Pérez Álvarez que Bellod le dijo al respecto: ‘me acuerdo perfectamente. Recuerdo que el manifiesto fue escrito por Sijé en mi despacho de la plaza de Santiago donde yo vivía. Allí estaba la dirección de ‘El Gallo Crisis’. Recuerdo aún una frase de Gonzalo de Berceo que Sijé coló en el texto’. Y concluyó Pérez Álvarez diciendo que ‘me recitó Bellod la frase de Berceo que siento ahora no poder repetirle porque la he olvidado (...) Sijé era falangista militante. Me lo confirmó el propio Bellod, a quien llegué a interrogar a este respecto’.
La controversia del grupo redactor de 'El Gallo Crisis'
A mediados de 1934, se hizo realidad uno de los sueños de Sijé:
fundar y dirigir una revista propia de catolicismo positivo, El
Gallo Crisis. Como apunta Muñoz Garrigós, esta revista
‘nació ya dentro de la misma línea ideológica que Cruz y Raya’.
Los nombres de las personas que formaron el equipo de redacción han
motivado el encasillamiento político de Ramón Sijé por una parte de
la crítica. Aclara al respecto José Muñoz Garrigós que de aquellos
años hay noticias de una reunión o tertulia muy politizada, que
tenía lugar en el despacho del notario José María Quílez y a la que
acudían Tomás López Galindo, el padre Buenaventura de Puzol,
Fulgencio Ros y otras personas afines al partido de Gil Robles,
‘pero aquí no acudía Sijé, que, como bien afirman cuantos le
trataron en esos años, nunca tuvo nada que ver ni con la CEDA ni con
la Falange Española’.
El testimonio del oriolano Augusto Pescador, filósofo y hombre de reconocida trayectoria en la izquierda, arroja luz al respecto: ‘como había hecho amistad con don Juan Colom, catedrático del Instituto, y había otra persona interesada en filosofía, un fraile capuchino, Buenaventura de Puzol, acordamos reunirnos una vez a la semana en el convento para conversar sobre temas filosóficos; casi desde el principio asistió Bellod, y después Sijé. En declaraciones que hizo Martínez Arenas a Couffon, y en otros libros, se ha desvirtuado totalmente el origen de esta tertulia, que fue conversar de filosofía (...) A mediados de 1934 apareció el primer número de ‘El Gallo Crisis’ (...) integraron el comité de redacción don Juan Colom, el padre Buenaventura de Puzol y Juan Bellod, es decir, las personas que habían constituido la tertulia filosófica de los capuchinos (...) y se consideró que también habían integrado aquella tertulia Alda Tesán, José Mª Quílez y Tomás López, que nunca fueron a la tertulia, al menos hasta abril del 36, pues después yo no fui más ... No colaboré en la revista, pero siguió mi amistad con Ramón Sijé’.
En esta revista neocatólica de Sijé, ‘ciertos textos desconcertantes eran de tal naturaleza como para hacer fruncir las cejas a más de un teólogo rigorista’, comentó el ex alcalde oriolano José Martínez Arenas, mientras que José A. Sáez Fernández señala que ‘Sijé se convierte así en combatiente por el catolicismo en medio de la efervescencia republicana (...) Sufre un proceso progresivo de radicalización de sus posturas ideológicas, fuertemente individualistas y personalizadas’.
Repercusión de unos comentarios de Neruda
Llegó a decir Pablo Neruda que no le gustaba El Gallo Crisis,
porque le hallaba ‘demasiado olor a iglesia, ahogado en
incienso’, y que el poeta oriolano Miguel Hernández era
demasiado sano para soportar ‘ese tufo sotánico-satánico’.
Afirma Muñoz Garrigós que ‘este sentimiento católico le granjeó
la opinión que más ha impedido el conocimiento exacto de su
personalidad: me refiero a las dos conocidas bufonadas que Pablo
Neruda escribió en sendas cartas a Miguel Hernández a propósito de
El Gallo Crisis’. La opinión del chileno demuestra, según Muñoz
Garrigós, la total incapacidad que, tanto por razones geográficas
como ideológicas y de formación, tenía para poder comprender unos
movimientos que le resultaban tan ajenos y lejanos como los de la
renovación católica europea y, consecuentemente, española. ‘A
partir de Concha Zardoya y de Dario Puccini, las ocurrencias
nerudianas han sido tomadas como ciertas, sin proceder a mayores
indagaciones, por los investigadores de la personalidad de Miguel
Hernández, tanto los de reconocido prestigio, como Cano Ballesta,
Sánchez Vidal o José-Carlos Mainer, como por otros de menor
solvencia, excepción hecha de Vicente Ramos; seguramente porque,
estigmatizando la personalidad de Ramón Sijé, resulta más fácil
comprender el cambio operado en la personalidad hernandiana a raíz
de su amistad con Neruda, aun cuando para ello hubiera que dar por
cierta una mentira, nacida de una incomprensión total y absoluta’.
Giménez Caballero escribió a Sijé: ‘Gallo Crisis va a ser una revista más minoritaria, gongorista, conceptista, con aire bergaminesco de cara y cruz. Lo siento. Ustedes (..) debían ir por un sendero más claro, rotundo, popular, ardiente, inteligible a las masas. Pero no es así (...) Una cosa más franciscana y menos jesuita se necesita hoy (...) Hay que dejar en literatura la acción indirecta, ese parlamentarismo del circunloquio, la perífrasis y el arabesco’.
Respuestas de Sijé en El Gallo Crisis
Sostiene Muñoz Garrigós que Sijé hizo nulo caso a estas
‘observaciones muy sutilmente lanzadas por el madrileño, quizás con
el fin de instalarlo en las filas de la recién fundada Falange’
y además ‘le responde con la apostilla contra Falange que
aparece en el primer número de ‘El Gallo Crisis’ que, a mi juicio,
es un ‘no’ categórico a seguir el camino que Giménez Caballero le
insinúa para hacerlo desembocar en Falange y no una simple
recriminación, como afirma Cecilio Alonso y quienes sostienen el
carácter fascista de la ideología sijeana. Incluyo aquí también, a
quien fuera amigo del propio Sijé, y miembro del consejo de
redacción de su revista, Tomás López Galindo’. Éste último
llegó a afirmar, en las páginas del periódico oriolano Acción
el 30 de diciembre de 1935, que Sijé simpatizó con las ideas
falangistas de Giménez Caballero: ‘aceptó sincera, auténtica y
honradamente las teorías del Estado totalitario’, sin embargo
añadía también que ‘Sijé tiene poco de político y mucho de
filósofo y literato’.
Lo cierto es que el aire bergaminesco de la revista molestó a Giménez Caballero, quien le diría a Sijé: ‘¡Que su ‘Gallo Crisis’ no sea tan miserable’!. Apunta Muñoz Garrigós que ‘no se trata de un deterioro progresivo ni de las relaciones ni de la amistad entre ambos, sino de un continuo no ir de acuerdo en nada de lo que se plantea entre ambos’.
Apunta Agustín Sánchez Vidal que Ramón Sijé ‘no acepta los intentos de construcción de un estado no cristiano, aunque se le imponga, a modo de adjetivo oficial y piadoso, el marchamo de católico’. Así, hay que referirse a la crítica que Sijé hizo del libro ‘La nueva catolicidad. Teoría general sobre el fascismo en Europa’, publicado en 1933 por el madrileño. Decía el ensayista de Orihuela que ‘la catolicidad es una forma de reducción política del catolicismo. Porque el Estado católico no se hace: frutalmente nace’. Ante esta afirmación, apunta Sánchez Vidal que ‘lo que rechaza Sijé es la conversión de lo católico, que para él es sustancial, en un adjetivo, y ese es su caballo de batalla con los fascismos (...) Eso significaría convertir el catolicismo en un ismo más. Sijé aquí desconfiaba de Giménez Caballero’.
Crítica de Sijé al catolicismo oficial
Leyendo los diferentes números de El Gallo Crisis, hay
bastantes comentarios políticos de Sijé. En las páginas 2-4 del
número 1, en el artículo ‘España en la selva de aventuras del
cristianismo’, escribía el oriolano que ‘España es como el
Imperio invisible que dramatiza en su Estado, en su nación, en su
Campo, en su Burgo, en su Gremio la imposible carrera del
cristianismo. España se ha convertido en la historia como hombre
invisible, es decir, como cristiano individual perfecto, corriendo
en su lucha espiritual por la vida, contra sí misma,
contradictoriamente, hacia la inhumanización productora del reino de
Dios en la tierra, hacia la unidad por la muerte: haciendo de sus
crisis, éxtasis, plástica de crisis (...) Negra y barroca, surge la
España crítica, romántica, de Baltasar Gracián, tras la España
extática de Juan de la Cruz, azul y blanca. España en éxtasis y en
crisis, en Poema y en Tratado, jugando a la libertad o tiranía con
el pensamiento y con el albedrío, es la mitad de España’.
Sánchez Vidal apunta que ‘en uno de los artículos más
paradigmáticos de ella’, Sijé define ‘su idea de lo que el
Estado debe ser para superar la crisis a que se alude en el título
de la revista’.
En el artículo titulado ‘Re-catolicismo y católica reforma’ (página 36 de los números 3-4), dice: ‘el catolicismo oficial provocó la salida revolucionaria, la huída hacia los ismos, de la pobre gente de España: huían, en un afán escolástico de amor sustancial, de la Iglesia: porque la Iglesia jugaba decorativamente con la historia y el estado oficiales. Se justificó, pues, una revolución: una revolución social-ista se justifica cuando una religión imperante olvida su valor social. Abandonemos, cristianos, la conquista del Estado: marchemos a ser conquistados por el pueblo’. Concluía Sijé que ‘se demuestra la eternidad temporal del catolicismo, cuando reformando los modos y los cuadros eclesiásticos continúa manteniéndose su virtud creadora de vida: cuando se acerca la primavera: como estilo de nueva forma’.
Defiende Sánchez Vidal que en este comentario de Sijé hay una nueva alusión a Ramiro Ledesma Ramos, que en febrero de 1931 lanzó el manifiesto ‘La Conquista del Estado’ que se convirtió en el título del semanario de la JONS y añade que el oriolano ‘estaba muy al tanto de este tipo de publicaciones. Basta con leer los acuses de recibo de El Gallo Crisis’.
Por su parte, Muñoz Garrigós opina sobre el artículo anterior que ‘nos ofrece la posición de Sijé en torno a la actitud del cristianismo en un Estado laico. Esta alusión es más religiosa que política, pues aunque la alusión al concepto imperial de España es inequívoca, me parece que habría de entenderla en el marco del dorsianismo de Ramón Sijé, y ello sin perder de vista que, mientras para José Carlos Mainer estaríamos ante un precedente del fascismo falangista, José L. López Aranguren no lo considera así (...) Creo que este texto de Sijé resulta mucho más fácil de entender si, en vez de considerarlo en solitario, se estudia a la luz de algunos párrafos del manifiesto sobre ‘Las responsabilidades del cristiano y el momento presente’, publicado por algunos intelectuales católicos franceses en abril de 1934’. Añade el estudioso que ‘este artículo demuestra, sin lugar alguno a la más mínima duda, que no era partidario de un Estado teocrático, como se ha venido repitiendo de modo incesante (...) sino exactamente lo contrario’. También señala: ‘conviene que no olvidemos, para cuando se hable de su presunto filofascismo, una frase: ‘abandonemos, cristianos, la conquista del Estado’, por las resonancias que puede tener de la revista fundada por Ramiro Ledesma Ramos, ateo integral, con el que no me explico cómo se puede alinear a Sijé, aun antes de la crisis que afectó a Falange Española a mediados de enero de 1935’.
Sijé: ‘El fascismo no tiene la fuerza de la razón’
Dentro de la sección ‘Las verdades como puños’, de El
Gallo Crisis, dice Muñoz Garrigós que se registran varias
apostillas de matiz político. En el número 1, en ‘Obrero parado
de no vivir’, critica la poco humanitaria, y cristiana, Ley de
Vagos; y en ‘San Agustín y el fascismo’, censura acremente el
fascismo español, ‘por más que Cecilio Alonso piense lo
contrario’, argumenta Muñoz Garrigós. Unos afirman que en este
último artículo, aparecido en la página 25 del primer número de esta
revista, Sijé rechaza a algunos partidos totalitarios, al afirmar:
‘Oficiales de Correos y Telégrafos ocupan, ya, los puestos
rectores del naciente fascismo español (...) Fascismo, por
consiguiente, partido, partido político y partido por el eje (...)
El fascismo tiene la razón de la fuerza, pero no la fuerza de la
razón. Agota su propia capacidad creadora antes de llegar a la
nación, cosa racional una, cosa real una: puño temeroso y
amenazador. ¡Falange! ... bueno; falange, falangina y falangeta: un
dedo. Para moldear el concepto de España se necesitan todas las
manos del alma’. Sijé hacía referencia a las tres modalidades
fascistas peninsulares: la de Ledesma Ramos (que era oficial de
Correos y Telégrafos), la de Falange y la de José María Albiñana,
que con la frase aludida ‘Tenemos la razón y la fuerza’
terminaba su arenga en el periódico La Legión del 2 de
abril de 1931. De este párrafo del número 1 de El Gallo Crisis,
que fue suprimido completamente en la edición facsímil de 1973,
otros críticos hacen una lectura diferente. Considera Cecilio Alonso
que ‘el fascismo inconsciente de Sijé alcanza su cota más
explícitamente contradictoria en el número 1 de ‘El Gallo Crisis’.
Con violencia verbal acusa al naciente fascismo hispánico de
desarrollarse como un partido político incompatible con la unidad de
la razón. Los conceptos de unidad y de nación se diluyen
confusamente en el lenguaje de Sijé en una imagen amplificadora que
no parece corresponderles: la del puño temeroso y amenazador (...)
No estamos ante un alegato antifascista, sino ante una
recriminación. Sijé teme un fascismo tibio, un partido más, cargado
de intereses particulares’.
Para Eutimio Martín el hecho de que se diga que había discrepancias entre la propuesta de Sijé y las que mantenían Giménez Caballero y Ramiro Ledesma es un argumento endeble, ya que ‘por esa misma regla de tres habría que eximir a Ramiro Ledesma o a José Antonio Primo de Rivera de toda etiqueta fascista dada la feroz enemistad personal y política que mediaba entre ellos’.
‘Alemania, locura y tristeza de Europa’
En el número 2, dentro de la sección ‘Verdades como puños’,
destaca el trabajo titulado ‘El veraneo del hambre’, donde
Sijé aborda un aspecto muy concreto de justicia distributiva:
‘no tiene el cristiano derecho a la felicidad cuando la desgracia
acompaña a sus semejantes. O dicho en términos más concretos: No
tiene el cristiano derecho a veranear cuando otros cristianos, u
otros hombres, atraviesan el veraneo del hambre’. También
interesante es la apostilla que lleva por título ‘La muerte por
atropello del estado’ (página 25 del número 2): ‘Dolfuss y
Hitler, actores de un drama: Austria y Alemania, dos figuraciones
dramáticas del concepto de nación. Alemania, locura y tristeza de
Europa: nación sin nación: sin alma. Nación sin memoria de unidad:
de Dios: sumergida en una penumbra de mitos. Nos encontramos, pues,
ante un ideario político que es una aplicación, a la praxis de la
vida diaria, del religioso’. Sánchez Vidal dice que, como la
clave de la unidad del Estado para Sijé es Dios, que lo dota de alma
y espiritualidad, convirtiéndolo en nación, ‘por eso ataca a
Hitler’.
Contra el capitalismo y en defensa del campesino
También atacaba Sijé al capitalismo en los números 3-4 (p. 28) en el
artículo’Cuatro caballeros de frac o cuatro granujas sin tacha’,
en la sección ‘Las verdades como puños’: ‘Vosotros, caballeros
de frac, hicisteis un capitalismo imperialista, que por reacción
originó el capitalismo sentimental de la envidia del pobre, del
obrero y del campesino. Pero, el frac va a pagar los pecados de la
blusa y de la camisa: vosotros responderéis de los crímenes que
cometieron los pobres de espíritu y los desheredados incitados por
vuestra soberbia’. Cecilio Alonso califica el texto anterior
como de ‘apariencia socializante y, en su significado profundo,
ingenuamente demagógico’.
Es posible que el artículo titulado ‘La primavera de las hipotecas y el otoño de los labradores. La crítica de la tierra en Jovellanos’, publicado por Sijé en el número 5-6 de la revista (pp. 6-14), tuviese su origen en los sucesos provocados en el campesinado andaluz por ciertas decisiones gubernamentales en el ‘bienio cedista’ (noviembre 1933-febrero 1936). Sijé defiende el derecho a la propiedad privada y el que tienen los agricultores a su bienestar, libre de opresiones y de ser considerados como clase inferior. Al mismo tiempo exige al Estado la asunción de sus funciones: ‘el Estado permanece quieto, sin ayudaros, y sin oír el eterno lamento (...) La hipoteca se está adueñando de los campos españoles (...) Se recolectan hipotecas, cuando el Estado debía crear la cosecha (...) El estado no le oye, y las fuerzas productoras del campo descansan en el bolsillo del prestamista’, escribe textualmente Sijé. Sobre este artículo Sánchez Vidal reproduce las citas evangélicas y se ampara en ellas para argumentar su teoría, mientras que Muñoz Garrigós no está de acuerdo con que de las referencias bíblicas se quiera deducir que ‘Sijé pretendía ofrecer apocalípticos consuelos espirituales, a modo de paliativos de la explotación de algunos sectores de la producción’.
Hay en El Gallo Crisis un detalle que el crítico Sánchez Vidal considera muy significativo que en la viñeta que acompaña a ‘PROFECIA-sobre el campesino’ se colocan un racimo y unas espigas atados formando un grupo posiblemente inspirado en el yugo y las flechas. ‘Además, entre los grabados que no llegaron a incluirse en ‘El Gallo Crisis’, pero que estaban ya confeccionados para su publicación, figuran un yugo y unas flechas, no sabemos si como una adhesión o rechazo al falangismo. Debo este dato a la amabilidad del catedrático José Guillén, que me mostró diversos materiales que no llegaron a ver la luz en la revista’.
En cualquier caso, un comentario del propio Ramón Sijé a Manuel de Falla, en carta fechada el 14 de agosto de 1935, resume los objetivos de El Gallo Crisis para el ensayista oriolano: ‘quiero que vea en ‘El Gallo Crisis’ una voluntad de hombría, humildad, cólera y cristianismo (...) Mi revista ha querido conciliar el ideal del buen hombre con el ideal del escritor, ha querido que las artes sean, para el católico artista, medios purificativos de justificación. Por consiguiente, mi revista ha hablado del conceptismo hispánico como actitud metafísica ante la vida, y ha presentado el siglo de oro de las justificaciones como ideal pasado que hay que volver a idealizar en el futuro’. Por su parte, Miguel Hernández la calificaba en junio de 1935 como ‘exacerbada y triste revista’, mostrándose ‘harto y arrepentido de haber hecho cosas al servicio de Dios y de la tontería católica’ en carta a Juan Guerrero Ruiz.
El antirrománticismo sijeano
Ya en 1935, José Marín Gutiérrez presentó al Premio Nacional de
Literatura su ensayo ‘La decadencia de la flauta y el reinado de
los fantasmas. Ensayo sobre el Romanticismo histórico en España’
(1830-Bécquer)’. Cecilio Alonso califica este ensayo como
‘bandera de combate para 1935’, con el que ‘Sijé servía al
conservadurismo’, pero después añade que ‘tal vez sin
proponérselo’. A la luz de este ensayo y de las opiniones
vertidas en El Gallo Crisis, este crítico estima también
que ‘el rasgo más definido de los textos de Sijé es su
radicalismo polémico (...) Sijé cree en la unidad cristalina del
mundo clásico cristiano rota por el romanticismo, como movimiento
histórico-naturalista disolvente y negativo. Se impone en él la
nostalgia activa del siglo de oro teológico (...) El
antirromanticismo de Sijé supone su autoafirmación en los límites
idealistas de un reformismo radical dentro del orden católico
(clásico) vivido subjetivamente con autenticidad y sentido
conflictivo pero sin superar un rudimentario maniqueísmo
intelectual: buenos y malos se identifican demasiado fácilmente con
clásicos y románticos. Por ello expresamos nuestra duda sobre el
carácter renovador del catolicismo de ‘El Gallo Crisis’: si acaso
innovador en cuanto suponía una vivencia católica fuertemente
intelectualizada que no podía dejar de sorprender en el marco de la
caduca sociedad estamental oriolana’. Por su parte, según
Sánchez Vidal, para Ramón Sijé ‘el romanticismo es el hombre
abandonado a la selva de sus instintos y el conceptismo es una
manera cristiana, clásica y racional de abordar la moral, la
estética y la intelectualidad’.
La figura de Sijé tras su muerte
Tras la muerte de Sijé, un hecho fue muy evidente. Tanto la derecha
como la izquierda lloraron su desaparición. Hay dos ejemplos claros
al respecto. El semanario conservador oriolano ‘Acción’
hizo un especial sobre la muerte de Sijé. En sus páginas escribieron
hombres de izquierdas como Pescador y Poveda. Por otra parte, pocos
meses después de morir, se le dedicó a Ramón Sijé por acuerdo
municipal la antigua Plaza de la Pía, cuya placa se descubrió en una
fecha tan señalada como el 14 de abril de 1936, cuando se cumplía el
quinto aniversario de la II República, en un acto donde Miguel
Hernández leyó unas cuartillas en memoria de su amigo. El propio
Miguel inició las gestiones para editar la obra de su amigo
inmediatamente después de su fallecimiento. Sin embargo, resulta
curioso que, tras la guerra civil, en plena posguerra, se revocara
esta decisión de dar nombre a dicha plaza, no utilizándose tampoco
su figura en plan proselitista por el régimen franquista en
Orihuela. Aunque en este punto, Eutimio Martín se pregunta ‘cómo
se ha tardado tanto en poner al alcance del lector medio el corpus
textual y la crítica suscitada por un autor que goza de una
consideración tan insólita’ y añade que, en el seno de la
‘todopoderosa Iglesia Católica de la época franquista’, el entonces
obispo de León y ‘capitoste del Régimen’, Luis Almarcha,
escribió al abogado oriolano Antonio García-Molina una carta fechada
en León el 14 de febrero de 1961 en los siguientes términos: ‘la
revisión de la obra de Sijé produce la impresión esperada (...) El
chantre de la catedral, Luis López Santos, director del Instituto de
C.M. y Director del Centro de Estudios e Investigaciones San
Isidoro, me acaba de dar su buena impresión y cree que debe
publicarse (...) Conviene reunir todo el material publicado e
inédito de Sijé’.
Habría que esperar aún doce años para que la idea de publicar la obra de José Marín Gutiérrez comenzara a llevarse a cabo. La Corporación presidida por el alcalde Pedro Cartagena Bueno instauró un efímero premio literario con el nombre de Ramón Sijé en 1971 y publicó la edición facsímil de El Gallo Crisis en 1973, ‘pero con fines puramente literarios y con el objetivo de recuperar la figura de este intelectual oriolano para las generaciones posteriores’, según testimonio a quien suscribe del propio ex alcalde. Asimismo, el Instituto de Estudios Alicantinos hizo lo propio en 1973 con el ensayo La decadencia de la flauta y el reinado de los fantasmas. El entonces director de publicaciones de dicho organismo, Gaspar Peral Baeza, en declaraciones al filólogo Aitor L. Larrabide, define como ‘estrictamente literarios los criterios seguidos a la hora de elegir las obras a publicar’ , así como ‘apolítico’ el espíritu de dicho Instituto.
Juicios sobre la ideología sijeana
Agustín Sánchez Vidal, catedrático de Literatura, sitúa a Sijé
‘en los aledaños del fascismo’, fijando la diferencia que
separa de forma radical a Sijé de los fascismos. Afirma el aragonés
que ‘aquél postula un Estado teocrático, mientras que éstos son
esencialmente laicos (...) e incluso anticlericales, con la
excepción de Albiñana (...) No se trata, desde luego, de una
cuestión de matiz; es una discrepancia fundamental. Pero, hecha esta
salvedad, sus fórmulas rígidamente imperiales y arcaicas, se
encuentran en los aledaños del fascismo. Los reproches que dirige
Sijé a esas doctrinas están hechos en función de esa discrepancia,
lo que puede inducir a error y dar la impresión de que era un
antifascista cuando, en realidad, sólo se opone a la disgregación en
partidos políticos laicos, ya que para él el Estado requiere la
unidad y la clave de esa unidad no está en el Estado tomado como un
absoluto, sino en Dios, que lo dota de alma y espiritualidad,
convirtiéndolo en nación’. Añade Sánchez Vidal que ‘quizá
el nombre que mejor convenga a los retazos doctrinales que expone
Sijé sea el de nacional-catolicismo, que se ha usado para designar
ese clima colaboracionista y tridentino entre ciertas elaboraciones
del catolicismo y de los totalitarismos (...) Con quien quizá tenga
Sijé mayores puntos de contacto en doctrina y estilística dentro del
falangismo sea con Eugenio Montes, para quien ante la intemperie y
la aflicción no hay más que un cobijo: la Iglesia’.
Concluye este crítico aragonés que ‘Ramón Sijé mantuvo en su corta vida una intensa actividad intelectual de grandes pretensiones especulativas (...) A juzgar por sus escritos, Sijé era, más bien, un utopista a la manera de los tratados políticos doctrinales de Quevedo, como se comprueba en su tesis de la ilicitud de derribar al tirano (...) este carácter utopista puede observarse en los encendidos elogios que Sijé tributa a Sto. Tomás Moro, apóstol de la preeminencia de la Iglesia frente a los intereses del Estado. De todos modos, quizá el nombre que mejor convenga a los retazos doctrinales que expone Sijé sea el de nacional-catolicismo, que se ha usado para designar ese clima colaboracionista y tridentino entre ciertas elaboraciones del catolicismo y de los totalitarismos’.
En esta misma línea, el citado Cecilio Alonso señala que: ‘Sijé, sorprendente niño-maduro, contribuye a minar el progreso intelectual de España, huyendo hacia Dios, como fruto de su voluntad de impotencia, inherente, según él, a la condición de ser cristiano. Y buscar apoyo en el orden teocrático, ¿qué es si no incapacidad para comprender materialmente el mundo, aceptarlo e intentar transformarlo, al margen de otras trascendencias? (...) El rasgo más definido de los textos de Sijé es su radicalismo polémico (...) Sijé cree en la unidad cristalina del mundo clásico cristiano rota por el romanticismo, como movimiento histórico-naturalista disolvente y negativo. Se impone en él la nostalgia activa del siglo de oro teológico’. A Alonso le ha bastado la lectura de El Gallo Crisis para poner de relieve un ‘fascismo inconsciente’ por parte de Sijé y habla de ‘la raíz tozudamente religiosa y el talante intelectual de un Sijé que constata el presente y se aferra al pasado, frente al sentido práctico-político, futurista y arrollador de los textos falangistas de la época. Donde José Antonio Primo de Rivera ve una unidad de destino, la angustia de Sijé percibe la falta de unidad espiritual, de unidad de vida; donde aquel concibe la patria como una gran empresa colectiva, éste niega con acritud que en el presente exista voluntad de vida en común. Coinciden en el deseo de orden, en la definición jurídica de la persona frente al simple hombre o individuo, en la afirmación de realidades superiores trascendentes (dios o la nación) en las que cobran sentido las cosas públicas’.
Por su parte, Eutimio Martín cree que ‘Ramón Sijé no se contentó con ser un filofascista teórico sino que fue un fascista militante, camarada reconocido de Ernesto Giménez Caballero (...) hay que reconocerle a Ramón Sijé innegables dotes de niño prodigio en su precocidad fascista de signo católico. Junto con Giménez Caballero se merece el título de pionero del nacional-catolicismo o teocratismo, el único fascismo viable en España, como se demostró a su tiempo’. Añade este catedrático de Literatura Española que Ernesto Giménez Caballero ‘dejó, pues, sembrada en Orihuela, en octubre de 1933 -en realidad fue en 1932- la simiente del fascismo y Ramón Sijé no se mostró indiferente a la labor proselitista de su compañero de clase. ¿Hasta dónde llegó concretamente su compromiso con la ideología totalitaria? (...) Del nacional-catolicismo predicado por Giménez Caballero a Sijé no le interesaba más que la dimensión teocrática (...) No tenía por qué desembocar en la satisfacción de las apetencias económico-imperialistas del autor de ‘Genio de España’. La satisfacción de las reivindicaciones del proletariado externo que abastecería la conquista de un imperio colonial le tenía a Sijé sin cuidado. Ramón Sijé padecía de paranoia teocrática. Su obsesión era hacer del cristianismo un istmo político. Para él, ni comunismo, ni socialismo, ni fascismo: Cristianismo’.
Pese a todo lo dicho, Eutimio Martín finaliza afirmando que ‘la mente de Ramón Sijé estuvo más cerca de la Religión que de la Literatura o la Política. Del galimatías barroco de sus escritos se desprende (quizá sea lo único claro) un antiliberalismo a ultranza sobre el que se asienta un teocratismo obsesivo. Ramón Sijé era presa fácil del fascismo desde el momento en que, miembro de una familia burguesa en vías de proletarización, se consideraba un desclasado (...) La muerte prematura de Sijé nos impide concluir en la confirmación o invalidación de la actitud teórica y prácticamente profascista de Ramón Sijé, ya que el revelador de la verdadera personalidad de cada uno fue la guerra civil y no sabremos nunca qué partido hubiera tomado tan complejo personaje a partir del 18 de julio’.
Jesús Poveda escribió que Sijé y Miguel Hernández ‘eran dos polos muy opuestos. [Sijé] era como un soñador de un Renacimiento Cristiano, apologético y con visiones celestiales de una España que tenía que regresar a su pasado histórico (...) Yo era y soy de izquierdas, y él lo fue de derechas, muy católico, apostólico y romano’. Por su parte, José Bergamín declaró en diciembre de 1969 a Marie Chevallier que: ‘el catolicismo de Ramón Sijé, influenciado por Giménez Caballero, sufría inclinaciones filofascistas que llegaron hasta transparentarse en los escritos de Miguel Hernández’.
Como contrapunto a estas opiniones, hay otras muchas. Juan Bellod Salmerón hacía una descripción bastante definitoria de algo tan complejo como la ideología del ensayista oriolano: ‘Ramón Sijé tenía un gran concepto de la libertad, pero no era ‘liberal’ como hombre libre y, por consiguiente, era racional y profundamente religioso, que no beato’. Por su parte, un reconocido izquierdista, el prestigioso filósofo oriolano Augusto Pescador, era rotundo al afirmar que ‘Sijé fue siempre pacifista y no fue nunca partidario de la dictadura’. Vicente Ramos, que también ha tenido acceso al archivo de Sijé, afirma no haber ‘encontrado ningún texto de Ramón Sijé, que pruebe la más leve inclinación a favor de las teorías fascistas (...) Siempre mantuvo una postura democrática’.
En esta misma línea, el catedrático aragonés Jesús Alda Tesán llegó a decir que ‘su talento no estaba al servicio de una siringa más o menos templada; era ante todo un pensamiento trascendental (...) Ramón Sijé prefería a la lírica azul la colérica colorada. No hablaba ni escribía más que cuando tenía que decir algo, para sentar ‘las verdades como puños’ y decírselas al lucero del alba’.
Según el abogado y licenciado en Filosofía y Letras Manuel Martínez Galiano, ‘si estudiamos el pensamiento de Sijé podemos observar que está asentado sobre los cimientos de una sólida base filosófico-teológica esencialmente tomista, matizada por un cierto sentido vitalista de la realidad, que proviene, no precisamente de Nietzsche, sino más bien del raciovitalismo de Ortega y Gasset y de un tinte de existencialismo cristiano’.
Por último, Muñoz Garrigós afirma que ‘seguramente estigmatizando la personalidad de Ramón Sijé resulta más fácil comprender el cambio operado en la personalidad hernandiana a raíz de su amistad con Neruda (...) Pese a su juventud, no fue persona propicia a los cambios espectaculares de ideología antes al contrario, se identificó plenamente con el ideal de vida que se había trazado y, no sólo lo mantuvo, sino que también lo llevó a sus últimas consecuencias (...) Fue desvinculándose de grupos o de personas concretas en el momento en el que ha considerado que los nuevos caminos que emprendían no eran los que él aceptaba como buenos. Así se desvinculó del ‘Diario de Alicante’, recriminó la decisión política de Giménez Caballero e incluso con las revistas locales fue modificando su línea hasta conseguir con ‘Destellos’ lo que exactamente buscaba (...) Fue en vida ferviente católico, simpatizante del Partido Republicano Federal y amigo de personas, políticamente tan dispares, como Ernesto Giménez Caballero y Antonio Oliver’.
Muñoz Garrigós estima que ‘quizás la única alternativa que no tenía decidida en el momento de morir era la opción política, al menos no hay pruebas de que fuese de otra manera y creo que por varias razones’. En primer lugar (...) él necesitaba ‘una formación política que fuese católica progresista, humanista, dispuesta a emprender una serie de reformas sociales, ajena a toda violencia y garante de la libertad individual’. Además, su experiencia en las filas del Partido Republicano Federal ‘debió hacerle especialmente cauto, cuando no desconfiado’. La segunda razón es que ‘murió antes de tenerse que decantar definitivamente. Algunos de sus amigos ya lo habían hecho, circunstancia que para él no suponía cambio alguno en sus relaciones con ellos; pero mi impresión es que él no había tomado decisión alguna cuando murió, pese a que, desde bastante tiempo antes, estaba escuchando cantos de sirena’. Esa es la razón por la cual las interpretaciones que se han dado sobre él, en este aspecto, son tan dispares: ‘solamente respecto de las dos extremas, fascismo y marxismo, dio sobradas pruebas de rechazo. De ahí que no me parezca lícito suponer que, en el momento de la polarización, por razones de violencia extrema, se hubiese decantado hacia un bando u otro, puesto que todo son meras especulaciones, que (...) no pueden pasar de ser lo que son (...) No he podido hallar ni tan siquiera indicios razonables de cuál hubiese sido su postura (...) Lo difícil es saber hacia dónde se hubiese encaminado: lo inapelable es que el 24 de diciembre de 1935 murió un conceptista’.
Conclusiones
Tras leer cuanto han dicho unos y otros al respecto, es para
preguntarse si quienes sostienen tesis tan opuestas han leído los
mismos textos de Sijé. Llama poderosamente la atención lo poco
contrastadas que son algunas críticas y el carácter interesado y
tendencioso de las mismas, no contándolo todo. Muchas están marcadas
por el momento político en que se vertieron. Otras se contradicen a
menudo. En algunos casos, todo esto ruboriza todavía más, si se
tiene en cuenta su autoría, ya que a quienes las firman se les
supone, o se les debe suponer, dada su trayectoria profesional, un
rigor exquisito. Pero lo más grave de muchos trabajos sobre Sijé es
que sus autores no han bebido en fuentes directas, como su archivo o
sus publicaciones en la prensa de la época, que debe ser el primer
mandamiento de todo investigador. Muy al contrario, se han basado en
trabajos ya publicados, arrastrando no sólo algunas erratas, sino
también las informaciones sesgadas o no demostradas que contenían
éstos. Además, también se echan en falta estudios que intenten dar
una imagen global del ensayista oriolano. Todo ello ha contribuido a
crear, intencionadamente o no, con el paso del tiempo, la aureola de
tópicos negativos y en su mayoría malintencionados que han rodeado y
rodean a Ramón Sijé, al que no ha habido conveniente en estigmatizar
-lo más fácil y recurrente-, sin importar las consecuencias de ello,
sobre todo si se trataba de dar más realce al cambio político
experimentado por Miguel Hernández, como sostiene Muñoz Garrigós, el
crítico más tenaz de Ramón Sijé. Y generalmente también se ha
estigmatizado a Orihuela, donde, pese a lo dicho, un pequeño
movimiento obrero fue calando, gracias a la labor del semanario
local Renacer, en la sociedad oriolana, rompiendo el bloque
monolítico secular de las derechas oriolanas hasta llegar a una
cierta polarización, que contribuyó a la instauración de la II
República.
Antonio Peñalver
BIBLIOGRAFÍA
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b) Periódicos
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Orihuela), Voluntad (1930, Orihuela), Destellos
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Orihuela) y Acción (1935-¿?, Orihuela).