Ni la censura a la libertad de expresión nos conmueve...

 

Por Agustín Conchilla Márquez

 

 

 

 

     Dígase alto y encaminado a los cuatro vientos que en España jamás volverá a decaer la libertad de expresión. Aunque tampoco debiera decaer en el ámbito mundial y, aún menos, sobre la política de la vida, la expresión oral o escrita o sobre los afines político-familiar o coloquial de los otros... Además, se debería preservar la pureza de divina legitimidad, en todos sus frentes, sin trabas de divulgación individual o social de todo sentimiento respetuoso que de libertad individual o colectiva pudiera manar...

AÑO DE LAPIDACIÓN DE PARTE DE ÉSTE ESCRITO: 2001

EXTRACTO DE ÁMPLIO ARTÍCULO DESTINADO A REVISTA LOCAL Y CENSURADO POR EL RESPONSABLE DE EDICIÓN Y DELEGADO DEL ÁREA DE CULTURA MUNICIPAL:


      La inmigración de diferentes razas y nacionalidades nos llega en avalanchas desordenadas; a pesar que en pateras, camiones o demás siniestras envergaduras y, aún más peligrosos medios de transporte, los inmigrantes se juegan la vida... Mientras tanto, a muchos de nosotros nos aflora un escondido racismo, la xenofobia o la más cruel de las intolerancias... Aunque no es menos cierto que la llegada en masa de tantas y tantas necesitadas gentes que buscan las verdes lagunas de un presunto paraíso, a nosotros nos alerta del deterioro político por cual deben atravesar en sus respectivos países de origen: violaciones de derechos humanos, regímenes totalitarios, secuestros, desapariciones, asesinatos... En suma, la gravedad de los desordenes corresponde, en buena parte, a problemas sociales, de cuales también buena parte quedarían solucionados con inversiones productivas, en beneficio social y no de unos pocos: canalizaciones del regadió, ganadería, industria, acondicionamiento comercial y de comunicación...

      El dinero que la mayoría de esos países destina a las armas y a la ación bélica pudiera ser demasiado cuantitativo, en abandono y gravámen de la necesidad más inaudita e imperiosa de sus propias gentes y habitantes. Además de que tal proceder pudiera ser poco logrado para el estómago de aquellos que andan tan necesitados en lo esencial y humano... Ese mismo dinero, en cambio, bien encauzado, en vez de muerte y destrucción llevaría riqueza y calidad de vida a los indefensos habitantes de distintos lugares del mundo y del planeta, a cual llamámos tierra. A nosotros, los españoles, como seres humanos, libres y comprometidos con nuestra libertad y con la de los demás, cuando llegan los noticiarios internacionales y nos muestran de tan terrible a desolador panorama, por cual gentes humildes cruzan, sufren o padecen, abriríamos sin más los brazos y en hermandad cobijaríamos y reconduciríamos al necesitado...

      Sin embargo, creo que antes deberíamos ser conscientes con nosotros mismos y también con lo del peligroso juego que ello nos pudiera deparar: los éxodos no provienen de un país colateral que comienza o acaba la trifula de una discordante guerra de clases sociales, políticas o vecinales. Los éxodos, en cambio, en buena mayoría provienen de países marginados, tercer mundistas, en vías de desarrollo y con diferentes o inexistentes culturas de convivencia educativa social e intelectual. Culturas que por naturaleza del lugar o por la mala gestión de líderes villanos y autoritarios dirigentes que someten a su pueblo a opresión... Opresión que dejará huella y, aunque minoritariamente, algunos de esos ciudadanos maltratados aún llevarán allá adónde vayan su política lanzera y de machete en mano. Aunque también presiento que sólo una minoría, como bien digo y, afortunadamente, por aquello del bajo número, pudieran ser de los que no dan un duro por sus propias y sufridoras vidas, padecientes de mil y una sinrazones que para ellos valdrán bien poco, incluso a estas alturas de frialdad y sufrimiento, yo diría que nada... Por tanto, dado el caso, ante ésas poquitas pero despiadadas almas, creo que valdrían aún menos las vidas de aquellos otros cuidadanos que pueden verse sometidos a hurtos, violaciones, robos y atropellos en gentes honradas que además son libres, democráticos y acogedores del bien y de la libertad...

    Incluso para quienes ya salvamos ambigüedades y alcanzamos la meta de la concordia social, aunque no sin grandes sacrificios ni de pérdidas humanas, la acogida pudiera ser aún más grave que la propia fraternidad que a simple vista nos pudiera conmover: las epidemias sin control sanitario nos podrían asolar, de igual a las vacas locas o a la peste porcina de los cerdos: fiebre Aftosa. Además deberíamos sensibilizarnos ante la inminente desestabilización que los éxodos descontrolados pudieran causar a un país que tanto ha costado levantar y que ahora se verá mermado en derecho y bienestar: competencia salarial, declive en derechos sociales, ya adquiridos por el trabajador español, y desestabilidad económica por competencia desleal para cientos de miles de familias...

     El bienestar social de los españoles aún no abarca por igual a sus miembros o ciudadanos, ni siquiera a similitud de superar la inminente necesidad del día a día: estábamos a la espera de coger el fruto de la siembra que ahora tememos que escape de nuestras manos... Los españoles inundamos un país en cual aún intentamos supervivir entre cientos y cientos de familias interinas que habitan en la más injusta de la calamidad y la miseria. Nosotros, los españoles, además, fuimos, somos y seremos emigrantes... Y por ello, por conocimiento de causa, también comprensivos con aquellos que necesariamente deben coger y cogen la maleta para emigrar de su casa, de su tierra, de su pueblo, de su aldea o de su país...

    Aunque dado el caso y para quienes en su día nos vieramos obligados a emigrar, y aún hoy continuamos residiendo en otras tierras, como inmigrantes o desplazados. Bien, muy bien sabemos que el único paraíso que pudiera existir para cada cual, al menos para la mayoría, llegaría en la propia habitabilidad de su lugar de origen: en el familiar ascendiente y descendiente y entre vericuetos del día a día, de la vecindad de los recuerdos a la propia infancia, del añoro a lo tradicional...

    Por ello, y por el conocimiento histórico que algún día del pasado adquirimos cuando atiborramos la vieja maleta, en condiciones económicas adversas, y la sellámos con la rústica cuerda de cáñamo... O cómo no, cuando por la misma causa enrollámos la colchonería y nos desplazamos a la recolección de uva: vendimia, de los tomates, de la huerta murciana o valenciana o a las mismísimas ferias de hogaño... Sinceramente, los que hemos corrido con el bulto acuestas vemos con inquietud este otro tipo de desbordamiento. El desbordamiento no controlado que actualmente nos ocupa, nos inquieta y nos enternece en lo más humano; y también nos crea incertidumbre en aquello del ámbito social más cercano...

   Quizá sea por ello que nuestras conciencias sufridoras, padecientes aún de la emigración, nos han de dar rienda suelta a la comprensión y a la sensibilidad humana. Una sensibilidad que nos conmueve, aún más que al individuo que jamás necesitara emigrar de su casa, de su tierra, de su región, o de su país. Y por y para lo más digno de la propia vida: salir de la cruda miseria y poder subsistir entre tanta y tan mal repartida riqueza mundial... Sea pues, motivo autosuficiente para que nuestros corazones dilaten armonía al compás de la vida del necesitado y nuestros brazos acojan y protejan al afligido...

   Aunque no nos debieramos llevar a engano de la solidaridad fundada porque no es menos cierto que también deberíamos protegernos a nosotros mismos. Protegernos de avalanchas desordanadas y, no por faltos de amor, sino por miedo a perder lo que tanto sacrificio, dolor y muerte nos costáse a nosotros mismos, o a nuestros antepasados para alcanzar la gloria del bienestar, aquí, en España. Pese a ello, y, del mismo modo que a nosotros nos atendieron en el pasado, deberíamos seguir cobijando al ciudadano honrado, aunque con las garantías sociales y económicas de bienestar y salubridad que la calidad humana en convivencia social y múltirracial requiere: derechos y obligaciones para personas y bienes, de habitantes natos y llegados; seguridad ciudadana, repatriación de clandestinos y delincuentes e ilegales, acceso controlado y autorizado por pasos fronterizos, contratos laborales en idéntico modo a los nacionales, igualdad en obligaciónes y derechos a los interinos, sanidad y vivienda digna, cultura para todos y para todas...

    Jamás olvidemos o deberíamos de olvidar que la vida se nos ha regalado a través de un simple, aunque gozoso revolcón, y es vida mientras del aire se respira y del fruto de la propia vida nos nutrimos para altruistamente subsistir en dinidad bienaventurada...

                                    ENTRE FLORA Y FAUNA

                                Fauna al natural en sierras andaluzas.
                                Noches preciosas en pulidas laderas.
                                Vida nocturna anuncian las lechuzas.
                                Bosques y ríos adornan cordilleras.

                                En mis andanzas siento la brisa,
                                con que alegremente me brindáis.
                                Y cuando troto o paseo sin prisa
                                percibo la alegría que desbordáis.

                                Praderas de hierba y encinares
                                lentiscos y acebuches mostráis.
                                entre rebaños, jaras y pinares,
                                a los pájaros cantando alegráis.

                                                               Agustín Conchilla
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Amor quisiera dar y recibir y cobijar en lagunas de mil fantástico sueños...
 

 

 

 

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