MIGUEL HERNÁNDEZ Y EL ENSAYO DE RAMÓN SIJÉ SOBRE EL ROMANTICISMO
(Publicado en la versión impresa de la revista El Eco Hernandiano, 9 primavera 2006.Fundación Cultural Miguel Hernández)

Por Gaspar Peral Baeza
Cuando en la Nochebuena de 1935 fallecía el ensayista oriolano José Marín Gutiérrez, conocido literariamente por el anagrama de Ramón Sijé, su amigo entrañable Miguel Hernández se encontraba residiendo en Madrid. Allí trabajaba a las órdenes de José Mª de Cossío redactando fichas para una obra sobre los toros destinada a la editorial Espasa-Calpe. Miguel supo de la muerte de Ramón por medio de Vicente Aleixandre, quien había leído en el diario El Sol -dos días después de acaecida- la noticia del fallecimiento del joven pensador. El óbito de su amigo-hermano provocó en Miguel Hernández un impacto brutal. Su “corazón desmesurado” se hizo añicos. Y sintió un gran arrepentimiento al autoinculparse del deterioro, evidente desde meses atrás, de aquella hermosa amistad-hermandad. No era, por supuesto, la primera vez que entre ambos se producía un enfriamiento de su relación fraterno-amistosa. Recuérdese, por ejemplo, cuando un día de otro diciembre, el 9 del año 1932, Miguel le escribió a Raimundo de los Reyes, a propósito de su viaje a Murcia en vistas a la edición de Perito en lunas, que “Sijé no vendrá conmigo pues me he disgustado seriamente con él” (O.C., T. II, Madrid, Espasa-Calpe, 1992, p. 2305) y la carta que Sijé le escribe a Hernández, el día 16 del mismo mes y año, tratándole de usted y despidiéndose con un “queda de Vd. aff. ex amigo íntimo pero compañero transeunte [sic] y cordial” (Hacia Perito en Lunas. El nacimiento a la poesía de Miguel Hernández, Ajuntament d’Elx, Centro Hernandiano de Estudios e Investigación, 2005, p. 35), o lo que contó Mari Lola, la hermana de Ramón, “¡Cuántas veces los vi ascender los peldaños que conducían a la ‘habitación de los libros’! Allí encerrados dialogaban sobre poetas, filósofos, escritores... Mi curiosidad (...) hizo que en distintas ocasiones aproximara el oído a la vieja puerta (...) Escuchaba (...) también sus discusiones, hasta encolerizarse, y sus reconciliaciones repentinas (...)”, (Oleza, Orihuela, junio 1961). En efecto, es de resaltar que siempre volvían las aguas a su cauce y se imponía entre los dos la verdadera amistad que les había llevado en los iniciales tiempos de conocerse a juramentarse para que el primero que muriese fuera enterrado con sus propias manos por el que sobreviviera.
Ramón Sijé había acabado la carrera de Derecho en el mes de enero de 1935 con Premio Extraordinario de Licenciatura y preparaba oposiciones a Abogado del Estado. También había comenzado a trabajar intensamente -doce horas al día- para terminar a tiempo un ensayo sobre el romanticismo español que quería presentar al Premio Nacional de Literatura, cuyo plazo de admisión de originales terminaba el 15 de noviembre. Se titulaba este trabajo La decadencia de la flauta y el reinado de los fantasmas. Ensayo sobre el romanticismo histórico en España (1830-Bécquer). Consiguió participar en la convocatoria, si bien parece ser que el ensayo no fue tomado en consideración por el Jurado al estimar que no se ajustaba a las bases. No ganó el Premio, por tanto, ni Sijé supo el resultado del concurso, ya que éste se hizo oficiosamente público en el periódico madrileño La Libertad de fecha 2 de enero de 1936, y, oficialmente, unos días después, el 8, en la Gaceta de Madrid. Las horas que Ramón Sijé había dedicado a redactar este texto sobre el romanticismo y la angustiosa premura del inexorable plazo de entrega de los originales, marcado en la convocatoria del Premio, así como los disgustos que estaba recibiendo a lo largo del año que acababa, minaron su ya quebrantada salud. A propósito de esos disgustos cabe hacer mención de su ruptura con José Bergamín, quien, entre otras cosas, había dicho que a su revista Cruz y Raya le había salido un tumor con El Gallo Crisis, y de la agria y cruel polémica que mantuvo con el grupo sevillano de Nueva Poesía debida a sus declaraciones acerca de Bécquer y el romanticismo, en la encuesta que planteaba la revista gaditana Isla de Pedro Pérez Clotet. Pero, sobre todo, lo que profundamente le dolía y le desazonaba era el alejamiento poético e ideológico, más que el físico, que notaba respecto a él por parte de Miguel Hernández, ya en la órbita nerudiana, aleixandrina y albertiana, como le escribía en su carta de 29 de noviembre de 1935 al quejarse de no haberle enviado la revista Caballo verde para la poesía, en cuyo número 1 había publicado Miguel Hernández su poema “Vecino de la muerte” y criticar acerbamente dicha revista (“Un caballo impuro y sectario”, entre otros denuestos) y, sobre todo, por cuanto se refiere a su persona: “Quien sufre mucho eres tú, Miguel. Algún día echaré a alguien la culpa de tus sufrimientos humano-poéticos actuales. (...) Me dice todo esto la lectura de tu poema “Mi sangre es un camino” (...)”. (Permítaseme aclarar que este poema hernandiano “Mi sangre es un camino” no se publicó en la revista Caballo verde para la poesía, nº 1, como se afirma en O.C., T. I, Espasa-Calpe, Madrid, 1992, p. 1002, ni, añado, en ningún otro número de la misma. Este error lo sufrieron algunos de los primeros biógrafos del poeta e, inexplicablemente, lo siguen manteniendo biógrafos o antólogos más recientes. Obsérvese que Sijé no cita que la lectura de ese poema hernandiano la haya realizado en tal revista). En esta carta también Ramón le comunica a Miguel que “He ido recibiendo tus cartas y las he guardado en el montoncito silencioso de las cartas incontestadas”. A propósito de esta afirmación es de reseñar que estas cartas no aparecen ni en T.II de O.C. antes mencionada, ni en Miguel Hernández. Epistolario, Alianza Editorial, Madrid, 1986, aunque espero que ese montoncito de silencios cobre voz pronto al dar a conocer públicamente el archivo personal de Ramón Sijé gracias a la reciente cesión del mismo a la Fundación Cultural Miguel Hernández, de Orihuela, para su catalogación, estudio y difusión, por parte de doña Carmen Saldaña, viuda de José Torres López -casado en primeras nupcias con Mari Lola Marín, la hermana, como antes se dijo, de Sijé- y que aparezcan entre los cerca de 40 documentos, como se ha publicitado, relacionados directamente con Miguel Hernández.
El dolor de éste por la muerte del amigo-hermano se plasmó poéticamente con la composición de la famosa Elegía, el mejor planto de las letras españolas desde las Coplas, de Jorge Manrique y el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, de Federico García Lorca. La Elegía lanzó a los cuatro vientos el nombre de Ramón Sijé, desde entonces ya conocido en todo el mundo. Pero el poeta oriolano no se contentó sólo con eso. Compuso otra elegía (a Josefina Fenoll, la novia de Sijé, “la panadera lilial de piel de era”) y se propuso como tarea fundamental e inmediata de su conducta reparadora hacia el “compañero del alma”, recién muerto a los veintidós años, conseguir la edición de la obra que el joven pensador había ya publicado en revistas y periódicos, y, en especial, el ensayo sobre el romanticismo.
Ese propósito lo manifestó Miguel Hernández en algunas cartas y otros escritos a diversos destinatarios. Sin ánimo exhaustivo se citan los que siguen:
En carta manuscrita, sin fecha (aunque tiene una anotación, al final, con distinta letra:”C 14 Enero 1936”), dirigida a los padres de Sijé (a los que llama “Queridos padres”): “Quiero que nadie toque sus libros ni papeles: he de hacer por la publicación de sus cosas y no se ha de perder ni tocar ninguna”. La fecha de esta carta dada como del 14 de enero de 1936 en algunas publicaciones no es correcta, ya que se observa en la parte anterior del sobre -de Espasa-Calpe S.A.- en la que se envió, que en el matasellos figura la indicación “30 DIC 35”, con el nombre y la dirección del padre del amigo muerto y, entre paréntesis, “manda, Miguel Hernández, Vallehermoso, 96, Madrid”, escrito todo a máquina, y con una añadida idéntica anotación a la de la carta, “C 14 Enero 1936”, a mano y misma letra, que corresponde a la fecha de contestación y que para Claude Couffon en Orihuela et Miguel Hernández, Centre de Recherches de l’Institut d’Études Hispaniques, 1963, p. 147, es del destinatario, el padre de Sijé.; confirmada la data porque en la parte posterior de dicho sobre se aprecia con claridad el matasellos de destino, “Orihuela (Alicante) 31 DIC. 35 11M”.
En carta mecanografiada, en papel también con membrete de Espasa-Calpe, de 17 de enero de 1936, a los padres y hermanos de Sijé: “Quiero que me mandéis cuanto antes el resguardo para recoger el ensayo (...) hacedme el favor de enviarlo enseguida para recogerlo (...) mandadme la colección completa de El Gallo Crisis (...) Yo le he dicho esto mismo a Quilez (...) pero será preciso que hagan suscripciones para poder editar la obra aquí. He hablado con Bergamín sobre este asunto y me ha dicho que no tiene otro remedio. (...) Aquí habrá que hacer una selección de los trabajos, ya que haría muy extensa la obra incluirlos todos”. Hay dos anotaciones escritas a mano. Una, en la carta: “C 20 Enero de 1936 -mandando el resguardo para retirar del Ministerio de Instrucción Pública el trabajo sobre el Romanticismo.”. Otra, en el sobre: “C 20 Enero de 1936 = mandándole el resguardo para recoger el ensayo sobre el Romanticismo del ministerio de Instrucción pública.”. En el libro Yo, Miguel, de Francisco Martínez Marín, Editorial Félix, Orihuela, 1972, p. 189, se dice que la anotación es de Justino, el hermano de Ramón, conocido luego literariamente como Gabriel Sijé, y fecha, erróneamente, el envío del resguardo el 21; las anotaciones a mano de esta carta y de la anterior son de idéntica grafía por lo que uno de los dos, Couffon o Martínez Marín, se equivocan.
En carta a Carlos Fenoll, sin fecha, pero de después del 30 de enero de 1936, puesto que en tal día se publicó el artículo en el periódico que cita (“¿Has visto en La Verdad mi breve escrito a Sijé?)” : “No he conseguido ver a Bergamín en varios días que le persigo para ver si quiere encargarse de la edición de los trabajos de Sijé. He recogido del Ministerio de Instrucción Pública su ensayo sobre el romanticismo; me lo he leído casi de un tirón, a pesar de tener más de doscientas páginas. Es formidable. (...) Yo podría hacer que lo editara Altolaguirre (...) pero como él no tiene linotipia y el componer las páginas a mano resulta más caro prescindo de él porque quiero que los padres de Pepito obtengan algún dinero. Quiero ver a Bergamín (...) y creo que podré lograr lo que quiero. Me gustaría anticipar un fragmento del ensayo que tengo en mi poder en Cruz y Raya (...)”.
En carta a Juan Guerrero Ruiz, enero 1936: “Yo estoy muy dolorido de haberme conducido injustamente con él en estos últimos tiempos. He llorado a lágrima viva y me he desesperado por no haber podido besar su frente antes de que entrara en el cementerio.(...) Sí, hay que hacer un número extraordinario de El Gallo Crisis, querido Guerrero. Hay que tributarle el más grande homenaje. Yo no haré nunca bastante por él. (...) Haré los mayores esfuerzos por llegar [a Orihuela] y sacar el número final de la revista que hasta [hace, en el libro de F. Martínez Marín] un mes me decía él volver a sacar, alentado por Juan Ramón y Manuel de Falla.(...) Ahora mismo voy a escribir a Juan Ramón dándole las gracias por su recuerdo de ayer en El Sol y a pedirle un poema, para empezar a tener con qué cubrir las páginas del número postrero de nuestra muerta revista”.
En otra carta a Juan Guerrero Ruiz, sin fecha, pero cercana a la de la anterior: “He visto por vez primera a Juan Ramón (...) Él ha sido quien me ha aconsejado que no se publique ningún ‘Gallo Crisis’ extraordinario, sino la edición de los trabajos mejores (...) Por lo pronto he pedido a Orihuela todas las cosas de Sijé para hacer una selección y estoy esperando respuesta”.
En Tarjeta postal, con membrete de Espasa-Calpe, escrita a máquina, aunque con la fecha a mano 27 enero 1936 (véase en la Fundación Cultural Miguel Hernández el archivo de Sijé antes aludido), si bien en O.C., Madrid, Espasa Calpe, 1992, T. II, p. 2367 y en otras fuentes, pone 19 enero 1936, dirigida a los “Queridos padres y hermanos”, -los de Sijé, a quienes Miguel Hernández consideraba como propios-: “Tengo en mi poder el ensayo recogido en el Ministerio de Instrucción Pública.(...).Voy a pedir presupuesto a la editorial que quiero haga el libro (...). Creo que dentro de un mes y medio a lo más estará el volúmen [sic] hecho. Me voy a dedicar al exámen [sic] del ensayo recogido y los publicados en “El Gallo Crisis”. Todo se hará. Mi elegía (...) se incluirá también...(...) Pediré a Bergamín su colección del Gallo y no hace falta que os molesteis [sic] más. (...)”. Aquí, en esta Tarjeta postal, se repite el asunto de los matasellos: en la cara anterior, aunque dificultosamente, se lee el de origen, “28 ENE”, y en la posterior, con claridad, el de destino, “Orihuela (Alicante) 29 ENE. 36”.
En Tarjeta postal con membrete de Espasa-Calpe, febrero 1936, remitida a Sr. D. José Ballester, Plaza de los Apóstoles (Editorial “La Verdad”), Murcia, dice: “(...) Hace una infinidad de tiempo que no veo a Raimundo. Estoy queriendo resolver el asunto de publicación de las cosas más representativas de Ramón. Ya le diré todo. (...)”.
En carta, desde Orihuela el 24 de abril de 1936, a Antonio Azorín Polo, que se había interesado por conocer la obra de Sijé (“de mi querido muerto”, dice Miguel): “(...) Estoy ultimando el asunto de publicación en Madrid -seguramente por la revista Cruz y Raya- del ensayo escrito unos meses antes de su muerte por nuestro joven y genial escritor. Pienso tenerle al tanto de mi gestión y en cuanto esté hecha la edición del libro se la enviaré. (...)”.
En carta a Josefina Manresa, en Elda, finales abril 1936: “(...) estoy resolviendo la publicación del libro de mi amigo Pepito y en cuanto sepa cuando está hecho sabré también si iré a Orihuela para este mes que viene o no. No depende de mí la cosa sino de los amigos de mi amigo, que han de organizar el homenaje a éste y me dijeron que sería para junio. Si el libro está hecho para entonces y ellos están dispuestos a hacer el homenaje, pasaré por tu pueblo (...)”.
En carta a Juan Guerrero Ruiz, fechada en Madrid a 29 de abril de 1936, entre otras cosas, le dice en relación con homenajes a Sijé: “Se piensa hacer varios a nuestro muerto para fines de mayo 27, fecha de la muerte de Miró, o a mediados de junio. Yo no sé cómo poder editar en Madrid el ensayo del romanticismo para entonces. Benjamín [sic] no lo puede hacer. Veremos.(...)”. Se supone que debe ser una errata, por Bergamín, aunque hay estudiosos como Agustín Sánchez Vidal que en Miguel Hernández. Epistolario, p. 156, escriben que es Benjamín Palencia.
Fechada en Amor a 31 de mayo de 1936 le escribe una carta a Josefina Manresa, que sigue en Elda, donde dice: “ (...) No sé, ya veré cómo me las arreglo para poder verte pronto. No está resuelto todavía lo del libro de mi amigo (...)”.
El lunes 13 de julio de 1936 da un recital Miguel Hernández en la emisora Unión Radio, de Madrid. La prensa regional murciana de aquellas fechas recoge la noticia: “(...) Miguel Hernández fue presentado ante el micrófono por el popular crítico literario de ‘Heraldo de Madrid’, Miguel Pérez Ferrero. El cual, en rasgos marcadamente acertados y estilísticos, hizo una semblanza literaria de nuestro llorado amigo Ramón Sijé, de la que fue motivo principal ‘La decadencia de la flauta’ -estudio crítico sobre el Romanticismo español- que el malogrado Sijé mandó pocos días antes de su muerte al Concurso Nacional de Literatura y que en breve publicará la Editorial Espasa-Calpe (...)”. A propósito de esta noticia periodística de publicación de la obra de Sijé cabe leer la carta-informe de don Manuel Gómez Moreno, de 6 de mayo de 1936, dirigida a Espasa-Calpe, que reproduce como Documento nº 36 el profesor José Muñoz Garrigós en la página 383 de su libro Vida y obra de Ramón Sijé, Universidad de Murcia-Caja Rural Central de Orihuela, 1987, que comienza así “Este libro es muy bueno” y entre otras afirmaciones escribe que “Vivamente recomiendo la publicación de la obra”, pareciéndole, sin embargo, conveniente hacer dos advertencias.
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Pero llegó el 18 de julio de 1936 y la guerra civil española interrumpió todos los planes o proyectos que había soñado Miguel Hernández para llevar a cabo la publicación de los escritos de su “compañero del alma”. Sueños que ya en sólo unos meses se habían reducido desde la edición de toda su producción (ya publicada en prensa o en revistas, e inédita), a confeccionar un extraordinario de El Gallo Crisis, a dar a conocer una selección de su obra, o, final y únicamente, a que viera la luz pública el ensayo sijeniano sobre el romanticismo.
En lo que respecta a esta última posibilidad Miguel Hernández siguió en sus trece a pesar del conflicto bélico. Así se puede comprobar leyendo la carta que escribió, en Madrid, desde la Academia de la 6ª División, fechada el 22 de septiembre de 1938, a los padres de Ramón Sijé,: “(...) En Madrid he vuelto a ver a Cossío y he vuelto a preguntarle por la copia de la obra de Pepito. La guarda cuidadosamente, según me ha dicho, y espera su edición con el mismo deseo que nosotros. (...)”.
E, incluso una vez terminada la contienda que había enfrentado a los españoles, persistía en su empeño. Volvía a la carga nada más recobrar la libertad tras su encarcelamiento en la prisión de Torrijos, adonde había ido a parar tras su intentona de escapar a Portugal y pasar por prisiones lusas y onubenses. Se comprueba ello por la carta que escribe a José María de Cossío, desde Orihuela, a 19 de septiembre de 1939, que comienza “Desde ayer en Cox”, y que por lo que se refiere a Sijé, dice: “(...) Escribo en casa de Sijé, sobre la máquina con que copió nuestro querido muerto su ensayo sobre el romanticismo. Sus padres y su hermano quisieran, como yo, ver publicado ese gran estudio de nuestros poetas clásicos y románticos en estos días en que hace tanta falta encaminar hacia la letra más noble de la poesía a nuestra juventud. Escríbame en cuanto pueda (...) y dígame algo sobre todo esto.(...)”.
Como se sabe, el ensayo de Sijé, mejor dicho, la copia mecanografiada que había recogido Miguel Hernández del Ministerio de Instrucción Pública, en enero de 1936, había pasado de manos del poeta oriolano a las de su protector Cossío. Se conserva en los archivos de la Casona de Tudanca (Cantabria). En el libro Miguel Hernández: las cartas a José María de Cossío, Prólogo, estudio y notas de Rafael Gómez, Institución Cultural de Cantabria, 1985, p. 79, se lee: “Miguel escribe esta carta con la misma máquina de Sijé, con cuya memoria mantiene una ruptura ideológica pero no afectiva. Y aquí están con la misma máquina copiadas por Sijé las 339 cuartillas. (...) Si ya no prevalecía la contextura ideológica de Ramón Sijé en el sólido entramado cosmovisionario de Miguel Hernández, aún pervive sin embargo un afecto inquebrantable hacia su ‘querido muerto’ (...)”.
La libertad del poeta duró bien poco. Diez días después de enviar a Cossío la carta anterior Miguel Hernández fue detenido de nuevo en Orihuela el día de su onomástico, al salir de la casa de los Sijé, y otra vez se reanudó su periplo carcelario que no habría de interrumpirse ya hasta su muerte.
También durante su penosa situación en las prisiones por las que pasó hubo momentos en que continuaba pensando en la edición de la obra de su amigo-hermano. El investigador Aitor L. Larrabide publicó en la revista “Letras de Deusto”, vol. 30, nº 86, Enero-Marzo 2000, pp. 241-248, un artículo titulado “Últimas cartas inéditas de Miguel Hernández”, donde daba cuenta de tres no incluidas en la edición de su Obra Completa ni en los estudios de los exegetas de Sijé. Una carta de Miguel Hernández cuyos destinatarios eran los “Queridos y segundos padres y hermanos”, sin fecha, donde, sobre el particular que ahora interesa, escribe: “Dentro de unos días hará un año más de la desaparición (desaparición aparente, fingida) de nuestro Pepito que sigue viviendo en todos los que no hemos dejado de quererle. Una de las primeras [cosas] que haré en saliendo de aquí será ir a visitarle como me tengo prometido hace tiempo. Y otra de las cosas que no dejaré de hacer será la edición de todas sus cosas.(...) Justino: No creo [que] estés esperándome a la puerta de la Comisaría todavía (...).”. Aitor L. Larrabide, afirma en su trabajo que “No lleva fecha pero por alusiones a la Comisaría de Orihuela, podríamos situarla en los primeros días de octubre de 1939”, añadiendo que un párrafo de ella fue publicado por María de Gracia Ifach (en p. 269 de su libro Miguel Hernández, rayo que no cesa, Plaza & Janés, Barcelona, 1975) y se extraña de que no la publicara íntegra. Pienso que por lo que dice respecto a la fecha de la muerte de Pepito (Ramón Sijé), que ocurrió la Nochebuena de 1935, resulta más probable que la fecha de esta carta fuera la de unos días antes del 24 de diciembre de 1939 y, escrita, por tanto, en la cárcel de Conde de Toreno.
Después de este documento de finales de 1939 no he podido encontrar otra manifestación hernandiana en relación con su propósito de publicar el ensayo sobre el romanticismo de su amigo-hermano muerto. Sus propios avatares carcelarios y su pensamiento pendiente siempre de la penuria y padecimientos de su amada Josefina y de sus hijos (Manuel Ramón, el primero, y tras su pronta e inesperada muerte, la de Manuel Miguel, el segundo) primaron sobre toda otra cuestión. Y así, dramáticamente, a la espera de una libertad que no llegaba, moría Miguel Hernández en la cárcel de Alicante el 28 de marzo de 1942. Sin ver cumplidos muchos de sus anhelos. Entre ellos, la publicación del ensayo sijeniano.
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Murió Ramón. Murió Miguel. Pero tanto uno como otro habían dejado muchos amigos en Orihuela y en otros lugares del mundo que no los olvidaban. Pasaban los años -diez, veinte- durante los que hubo algunos intentos de que viera la luz pública La decadencia de la flauta y el reinado de los fantasmas...
En el antes citado libro de Francisco Martínez Marín Yo, Miguel se lee en la p. 171 que “(...) recuperación del original al terminar la guerra, en manos de la familia; de ésta a manos de un grupo de amigos y, finalmente, un fallido intento de publicación con el patrocinio de una entidad local cuya supervisión estimó que tenía ‘ideas muy avanzadas’. Luego, llegó el Vaticano II y obligó a recapacitar a los ‘conservadores’... pero el ensayo siguió sin ver la luz”. Y en la Ponencia “Ramón Sijé-Miguel Hernández: una relación mitificada”, de Eutimio Martín, en las páginas 43-44 del Tomo I de Miguel Hernández, cincuenta años después, Actas I Congreso Internacional Miguel Hernández 1992, Alicante-Elche-Orihuela, 1993, puede leerse que “(...) el entonces obispo de León y capitoste del Régimen, Luis Almarcha escribió al abogado oriolano Antonio García-Molina la siguiente carta fechada en León, 14 de febrero de 1961: ‘Muy estimado amigo: la revisión de la obra de Sijé produce la impresión esperada. Victoriano Crémer, uno de los mejores poetas actuales ha publicado en radio León las adjuntas cuartillas. El chantre de la catedral, Luis López Santos, director del Instituto de C. M. y director del Centro de Estudios e Investigaciones San Isidoro me acaba de dar su buena impresión y cree que debe publicarse. Hace falta un ajustamiento de la copia con el original pues hay errores de copia. Veré de conseguir un estudio muy necesario por marcar esta obra un momento muy interesante de la literatura española. Conviene reunir todo el material publicado e inédito de Sijé. Decidme vuestras impresiones y propósitos a fin de concordar con este grupo de literatos la colaboración que convenga.’.”.
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Y así se llegó al año 1972. En Alicante llevaba ya cuatro años desarrollando sus fines el organismo cultural denominado Instituto de Estudios Alicantinos, creado por la Diputación Provincial en 1953, siendo presidente de la misma don Artemio Payá Rico, y siguió vivo bajo la presidencia de don Lamberto García Atance. Cuando la ocupó el general don Alberto Lagarde Aramburu, en 1960, cesaron todas las actividades del Instituto, permaneciendo en un estado de hibernación, incluso bajo la Presidencia de don Alejo Bonmatí Gonzálvez, 1964, hasta que un nuevo Presidente de la Corporación Provincial don Pedro Zaragoza Orts, 1966, le dio nueva vida y comenzó a funcionar otra vez en una segunda etapa desde 1968.
Hubo, después, otro cambio en la Presidencia de la Diputación Provincial y, por tanto, en la Presidencia del Instituto de Estudios Alicantinos. En 1972, ocupaba ambas Presidencias don Manuel Monzón Meseguer, oriolano. El Instituto de Estudios Alicantinos, dirigido por Juan Orts Serrano, desarrollaba sus funciones en diversas Secciones. Dos de ellas son las que se ocuparon del asunto de este artículo. Una era la denominada de Filología y Literatura y otra la de Publicaciones, presididas, aquélla, por Vicente Ramos, y ésta por quien esto escribe.
Formaban parte de la citada en primer lugar Joaquín Ezcurra, Manuel Molina. José Guillén, Antonio García-Molina y Manuel Martínez Ros, oriolanos o vinculados a la ciudad del Segura, más Adrián Espí, Rafael Coloma, Miguel Martínez-Mena, Rafael Azuar, Vicente Mojica y José Ferrándiz Casares. Eran miembros de la citada en segundo lugar, la de Publicaciones, Enrique Llobregat, Juan Mateo Box, José Antonio Cía y Manuel Martínez Blasco.
Como se aprecia con la simple lectura de los nombres mencionados la inmensa mayoría eran decididos admiradores del poeta, Miguel, y del ensayista, Ramón. De sus respectivas obras literarias, se entiende.
Tanto la Sección de Filología y Literatura como la Sección de Publicaciones dedicaron parte de su trabajo en los años 1968 a 1972 a llevar a cabo actos y publicaciones relacionados con Miguel Hernández y, por ende, en ellos, salía a relucir el nombre de Ramón Sijé. No es el momento, aquí y ahora, de extenderse en detallarlos. Es una historia que está todavía por contar. Solamente cabría hablar de la II Asamblea Comarcal de Escritores celebrada en Orihuela el 21 de mayo de 1972, organizada por la Sección de Filología y Literatura, con Ponencias y Comunicaciones donde profusamente se trató de ambos creadores literarios. Quien pergeña este trabajo asistió a dicha Asamblea representando, por delegación del Director, al Instituto de Estudios Alicantinos, y cree recordar que allí, o poco después, se le preguntó por la publicación de la obra de Sijé, pero de los dos Sijé, Ramón y Gabriel. Se está refiriendo a Antonio García-Molina Martínez, amigo personal que fue de sus coterráneos escritores, y que leyó en dicha Asamblea, emocionadamente, una Comunicación de un gran lirismo titulada “Apuntes para una biografía de Gabriel Sijé”, dedicada a Pepe Torres. Y es que ambas Secciones del Instituto de Estudios Alicantinos habían informado y aceptado favorablemente la publicación de obra de los dos hermanos. Sobre esta Asamblea editó el Instituto, en 1974, el libro II Asamblea Comarcal de Escritores. Orihuela, 1972. Ponencias y Comunicaciones. En él también se hace referencia a Gabriel Sijé por otro participante, Manuel Ruiz-Funes Fernández, en su Ponencia “Cuatro narradores de la Vega Baja”; en las dos últimas páginas del libro Manuel Molina dedica sendos poemas a Carlos Fenoll, Miguel, Ramón y Gabriel.
Se iniciaron los trámites burocráticos por parte de la Sección que yo presidía (emplearé la primera persona de aquí en adelante) para llevar a cabo el acuerdo de publicación. Se comenzó con decidir la índole de la obra de Gabriel que debería ver la luz pública. Del menor de los hermanos sólo se conocía publicado hasta entonces cuatro poemas, en prosa poética, titulados “Pasión sin voz”, “Tránsito”, “Verbena” y “Canto del suicida”, que firmaba todavía con su auténtico nombre y apellido, Justino Marín, en un libro de pocas páginas titulado Poemas acompañando a los en verso escritos por Jesús Poveda y Carlos Fenoll, editado en Orihuela por Ediciones “Silbo” en 1936, y un solo libro, de su autoría como Gabriel Sijé, que se titulaba Del sencillo amor. Poemas de mi amigo, aparecido en Madrid, 1944, edición a cargo de Adolfo Lizón, con la dedicatoria “A Ana, en recuerdo de todas sus preguntas”. Había escrito varias obras de teatro (Don Servando Ilusión, Locura, Monólogo de arte, Nada pasa y Sombras), ninguna publicada ni representada, además de artículos y narraciones breves aparecidas en periódicos y revistas. Se escogió como más adecuado para su publicación el género narrativo y con el nombre de Cuentos vieron la luz, con un Prólogo-Recuerdo de Antonio García-Molina, los que llevan por título Magda y Ernesto, Album, El campanil blanco, Mariquilla Miracielos, Tragedia del hombre que tenía una hermosa cabellera, Una palabra, y Una historia demasiado vulgar (este último ganador del Premio de cuentos “Concha Montalvo”, publicado en el semanario ‘Domingo’, Madrid, el 16 de enero de 1944). El Colofón del libro Cuentos, de Gabriel Sijé, dice que se terminó de imprimir en noviembre de 1972. El nombre de Gabriel Sijé (nacido Justino Marín en 1915, en la misma fecha en la que cinco años antes había venido al mundo Miguel Hernández, y muerto el jueves de Corpus Christi de 1946) es, hoy en día, difundido con acierto por la Caja de Ahorros del Mediterráneo al crear el Premio de Narrativa Breve Gabriel Sijé, en recuerdo del mironiano autor de La estancia silenciosa.
Mientras tanto, seguía su curso el expediente de la publicación de la obra de Ramón Sijé. Con el hermano mayor no se planteaba duda alguna. Se publicaría el ensayo sobre el romanticismo que tanto había deseado Miguel Hernández verlo puesto al alcance del lector desde que lo retiró del Ministerio de Instrucción Pública en enero de 1936 y que no consiguió, pese a sus esfuerzos.
He de reconocer que no fue fácil. Pero se logró. La decadencia de la flauta y el reinado de los fantasmas. Ensayo sobre el romanticismo histórico en España (1830-Bécquer), de Ramón Sijé, se acabó de imprimir, como expresa el Colofón, “el 16 de junio de 1973, al cuidado de la Sección de Publicaciones del Instituto de Estudios Alicantinos, integrada por Juan Mateo Box, Enrique Llobregat Conesa, Manuel Martínez Blasco y José A. Cía Martínez y presidida hasta hoy por Gaspar Peral Baeza”. Permítaseme la innecesaria -ya que está escrito en el libro- trascripción del último párrafo, pero es una forma de agradecer a mis compañeros de Sección entonces, hoy ya todos ellos fallecidos, la ayuda que me prestaron para poder editar al amigo-hermano de Miguel Hernández antes de que yo dejase la Presidencia de las publicaciones del Instituto a ruegos del Director, Juan Orts Serrano, para pasar a ocupar la vacante que dejaba en la Secretaría General Técnica el profesor Domingo Carratalá Figueras, que se trasladaba a Valencia por motivos profesionales. Así fue como este libro de Sijé ha tenido siempre para mí un significado especial: la de sentirme coadyuvante en que se cumpliese el deseo de Miguel Hernández de difundir la obra de “con quien tanto quería”.
Varias personas contribuyeron eficazmente a que la edición saliera adelante. A tres de ellas se les manifestó, redactado por mí en el mismo libro, lo que sigue: “El Instituto de Estudios Alicantinos desea hacer constar su más profundo agradecimiento a don José Torres López, hermano político de Ramón Sijé y depositario de su obra, por las facilidades otorgadas para la edición de este libro. Asimismo expresa su reconocimiento a don Antonio García-Molina Martínez y a don Manuel Martínez Galiano por su colaboración con la Sección de Publicaciones de este Instituto en dicha edición”. Como ya se ha difundido por Ramón Fernández Palmeral, en su obra de reciente y oportuna aparición, con Prólogo de José A. Sáez Fernández, titulada Simbología secreta de La decadencia de la flauta y el reinado de los fantasmas, de Ramón Sijé, Alicante, Editorial Palmeral, 24 de diciembre de 2005, p. 11, confirmaré que, en efecto, la solapa del libro la escribí yo.
Puestos a recordar detalles de aquella edición he de citar el nombre de dos personas que me ayudaron y alentaron en mi tarea. Se trata de José Guillén García, director que fue del Instituto “Gabriel Miró”, de Orihuela, ya fallecido, y Miguel Martínez-Mena Rodríguez, escritor hernandiano, hoy con la salud quebrantada. A todos los nombrados renuevo mi personal agradecimiento.
A José Guillén García le pedí que escribiera una nota introductoria para el ensayo de Sijé en carta que le dirigí fechada el 5 de mayo de 1973, proponiéndole dos nombres más para el caso de que él no pudiera redactarla. Uno de ellos el de Manuel Martínez Galiano, quien en definitiva fue el “meritorio autor del prólogo” (juicio de Robert Marrast en su artículo “Ramón Sijé y el Romanticismo o el arte del galimatías reaccionario”, p. 52 del libro Miguel Hernández: tradiciones y vanguardias, Serge Salaün y Javier Pérez Bazo, eds., Alicante, Instituto de Cultura Juan Gil-Albert, 1996). Me contestó José Guillén en su carta de 11 de mayo de 1973 que “He hablado con Martínez Galiano y está dispuesto a redactar el prólogo (...). No se lo he dicho a (...) ni he pensado yo en hacerlo (...)”. En el libro recientemente publicado al que he aludido pocas líneas arriba, de Ramón Fernández Palmeral, pp 42 y 43 se afirma por Martínez Galiano que la culpa de escribir el prólogo de La decadencia de la flauta... la tuvo Pepe Guillén, que se lo propuso, y “yo no supe decir que no”. Pienso que José Guillén no informaría a Martínez Galiano que su nombre le había sido propuesto por mí, o que no conserva la correspondencia que mantuvimos en aquellas fechas, o que le ha fallado la memoria.
Para la edición se utilizó la copia, 327 folios, que había mecanografiado Manuel Martínez Galiano tomada del original en poder de José Torres López, ya que la copia que también tenía Antonio García-Molina mostraba errores. Así me lo hacía saber el autor del Prólogo en su carta de 15 de enero de 1973: “ (...) junto con su difícil lenguaje, hace pesada y dificultosa su lectura, y esa sería la causa de los errores que se observan en la copia de García-Molina. Lo que yo tengo es otra copia de ese original, aunque la mía está cuidadosamente revisada y corregida.(...)”.
Quien estaba al corriente de cuanto sucedía respecto a la edición del ensayo de Sijé, sin pertenecer a Publicaciones, dado su interés por todo lo que se relacionase con Miguel Hernández, era Miguel Martínez-Mena. A él quiero hacerle llegar ahora, como entonces se lo hice llegar, mi más profundo agradecimiento. Fue el único que al escribir sobre la edición de la obra de Sijé se acordó de los problemas y sensaciones que la misma provocó en mí. En la revista ASÍ, Alicante, enero 1974, escribió “(...) terminada la edición (...). Todo ello esconde bullebullentes anécdotas, tales, los escollos salvados por Gaspar Peral hasta ver el texto impreso (...)”. Y en el semanario alicantino ORIENTESE, de 8 de diciembre de 1973, p. 8, hace referencia a que “ (...) José Torres López, hermano político de Sijé, prestando a Gaspar Peral Baeza, a cuyo cuidado estuvo la tirada, las máximas facilidades (...)”. No sé si Miguel Martínez-Mena recogería sus artículos escritos a propósito de la edición del ensayo de Sijé, que fueron numerosos, además de los dos acabados de citar, en su anunciado libro que concluía en 1981 y que titulaba Miguel Hernández, en la piel de toro que nunca, que yo sepa, se publicó, aunque en el reciente libro de Fernández Palmeral antes nombrado, p. 55, se afirma que en el Catálogo de la Biblioteca de la Generalitat Valenciana aparecen cuatro libros suyos, uno de ellos Todo en torno a Miguel Hernández, 1976, cuya existencia pública no he podido confirmar.
Olvido los escollos, como los llama Martínez-Mena, y los silencios anteriores y posteriores de algunos. Prefiero recordar la propia satisfacción que tuve al leer el ensayo de Sijé, al corregir las pruebas de imprenta -aunque alguna errata se escapó y aún me sigue amargando-, y, sobre todo, al contemplar ante mí el primer ejemplar ya hecho realidad.
Y recuerdo, a pesar del tiempo transcurrido, las emociones que sentí, entre las que cuento dos, en particular. Una, la que me produjo la lectura de la carta que recibí de Mª de Gracia Ifach, fechada en Madrid a 28 de diciembre de 1973, que, en parte, transcribo: “(...) He recibido el libro de Ramón Sijé que me envían (...). Puede usted suponer mi alegría al tener entre mis manos un trabajo del que tengo conocimiento hace años. Y tenía que ser el día 24, fecha del aniversario triste de su autor, cuando lo recibiese. Estoy convencida de que si no llega la guerra, Miguel Hdez. [sic] hubiese conseguido su publicación en 1936. Leeré con la máxima atención “La decadencia de la flauta” para la que redactaré una nota crítica, de la que le daré noticia, aunque no pronto, por la cantidad de trabajos que tengo acumulados. (...)”. No sé si Mª de Gracia Ifach publicó la nota crítica prometida. Mantengo la esperanza de que aparezca entre los papeles de su archivo que a mediados del año 2004 su nieta Margarita Roig Ribes cedió a la Fundación Cultural Miguel Hernández. Y otra, más cercana en el tiempo, al leer las palabras que Juan Cano Ballesta me decía en una carta: “(...)Creo que mereces la gratitud de todos los hernandistas por lograr, durante tus años en el Instituto de E.A., la publicación de esta obra del amigo entrañable de Miguel, que ilumina algunos aspectos del poeta”.
Como hubo quien se preguntó por los móviles que rompieron el prolongado silencio del ensayo sijeniano, por la oportunidad de su edición, si ésta servía para adornar vanidades provincianas y “si en la selva presente de la cultura española los caminos que conducen a la luz pública son irregulares y tortuosos” aunque es de reconocer que añade que “Con todo, en el caso que nos ocupa, se hace preciso agradecer el rasgo por cuanto contribuye a desinmovilizar la imagen objetualizada, que nos ha sido entregada, de unos años decisivos que no vivimos” (Cecilio Alonso, en su artículo “Fascismo, catolicismo y romanticismo en la obra de Ramón Sijé”, Barcelona, Camp de l’Arpa, nº 11, Mayo 1974), termino con la afirmación de que en lo que a mí concierne, y creo que, también, a los que propusieron y aceptaron la edición, nadie nos obligó a que se publicase el ensayo de Sijé por motivaciones políticas o religiosas. Tan sólo motivaciones literarias. Y, por supuesto, afectivas. Ni vanidades provincianas o localistas. Por mi parte, insisto, la libérrima voluntad de sumarme a los amigos y admiradores de Miguel Hernández que pretendían llevar a cabo lo que el universal poeta oriolano no logró pese a su decidido empeño: la publicación del ensayo sobre el romanticismo de quien en la Orihuela de ambos, se le había muerto “como del rayo”. Y, añado, en recuerdo de una fraternal amistad.
GASPAR PERAL BAEZA
Alicante, Marzo 2006
Nota.- Artículo cedido por su autor para ser incluido en el Homenaje a Ramón Sijé.