

EL SEÑOR DE BAEZA (Autor anónimo)
Todos los caballeros salieron de la iglesia de Santa Cruz envueltos en sus negras sedas y tafetanes, se acoplocaron sus grandes sombreros para impedir que, aquella mordiente luz de un día baezano del Corpus Christi del año de Gracia de Nuestro Señor de 1476, cuando los olivos yan enseñaban sus pequeñas cuentas esmeralda en las ramas, entrara a quemar sus rostros impolutos y de señores. Los caballeros murmuraron en voz baja algunos comentarios que sobre el Señor de Baeza, mientras aún la luz de los cirios blandías sus llamas titubeantes muy cerca del Altar Mayor. También hubo comentarios sobre la lenta y solemne procesión que se formaba alrededor de la Custodia de plata, todavían dentro de la iglesia.
Don Rodrigo Benavides, el nuevo señor de Baeza y doña Leonor, y a tres pasos de ellos, la hija de ambos doña Beatriz, que por la expresión habida en sus fisonomías, demostraba una satisfacción no disimulada por ser el alto honor clerical de ser ellos los primeros en ir bajo el palio junto al Obispo y la corte de Sacerdotes. Don Rodrigo era alto, gallardo, y fuerte, ojos castaños, frente amplia y mirada inquisitiva, calzaba grandes espuelas de oro que resonaban por el empedrado de las calles hacia la Torre de los Alijartes. Por el contrario doña Leonor era menuda, de ojos graciosos y no mostraba al sol ni un hueco de holanda que quemara su fina piel, pues era de un blanco castellano que deslumbraba las miradas.
Bajando por la Puerta de Úbeda hacia la torre de los Alijares también venían los Carvajales, siempre hostiles desde la iglesida del El Slavador, siempre ballestas en manos, los siempre partidarios de de Enrique IV. Este linaje había dado dos maestre de la orden del Temple, eran muy venerados en León, sus antepadaos habían mostrado fiereza contra los in files moros en la de Las Navas.
Pro nadie sabía de los amores, imposibles, por un lado, de doña Beatriz, hija del señor de Baeza, con el joven don Alonso Carvajal, hermoso y purísimo mozo, de los más que ha dado tierras baezanas, hijo de don Álvaro Carvajal. Aquella mañana con un sol baezano rompiendo la plata de los candelabros y de la Custodias, (había dos precesiones) iban a conocerse los verdaderos impedimentos que un amor puro, encontraría por el enfrentamiento de las dos familias baezanas opuestas, competitivas hasta la intolerancia…
(El resto del texto es imposible de leer)
Revista PERITO (Literario-Artístico)
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