EL BESO DE LA GARDENIA
(Novela corta, casi poliaca)
Por Pepe Bragas
Sinopsis.- El hallazgo de un cadáver con un extraño objeto en el ano en la habitación de un hotel de Torremolinos dará oportunidad a un grupo de tres guardia civiles de la Policía Judial de Málaga a entrar en contacto con una peligrosa mafia de urbanismo en la Costa del Sol. Durante la investigación se contrarán con mujeres, tipos mafiosos, transexuales, drogas, dinero negro y gente dispuesta a todo por dinero.
1
Un muerto nunca se mueve a voluntad propia. Cuando aparece un cadáver, a este lugar se le llama la escena del crimen, como si fuera una obra de teatro. De ordinario, de lo primero que se preocupan los chicos del PJ es de saber el nombre técnico de la posición del cadáver y si se ajustar al manual de criminología, que si decúbito prono, que si supino o sedante etc, que ya no me acuerdo de más nombres. Sin embargo, este capullo de cadáver presentaba una postura para la que se requería un nuevo nombre técnico, diría que era una postura escatológica y desconocida como si estuviera cagando, sentado de lateral izquierdo sobre una alfombra, el otro medio cuerpo, desnudo, de espaldas sobre una cama, los brazos atados uno contra el otro sobre la cabeza, la cuerda era de seda de las que se encuentran en las tiendas de sexshop especiales para sodomizar.
El cuerpo del presunto muerto, porque la cochina muerte la ha de certificar un médico colegiado o forense, de lo contrario, la muerte no tiene valor legal, o sea, no es un muerto oficial y a los muertos ilegales no te lo puedes llevar a casa ni enterrarlos, ni llevarlos al congelador. Por lo menos hasta después de la autopsia y con una etiqueta en el dedo gordo como los jamones. Y este muerto había aparecido en la habitación de un hotel cuatro estrellas en Torremolinos «Orfeo Azul», propiedad de algún implicado en una Operación Malayasea, pero esto no tiene que ver con el caso y por to tanto no constará en el Sumario.
Parecía ser del género varón, o medio varón, y presentaba innumerables cortes inciso contusos sobre todo la chamuscada piel de su cuello y el dorsal, la sangre era ya negra y no roja, se le había pegado como un reloj Casio sobre la zona lumbar superior. Tenía un sujetador puesto y en la cabeza llevaba una peluca de muejer. Al tener los brazos levantados, dejaba ver pequeñas heridas como de balas, posiblemente ejecutadas con un punzón, arma que no se encontraba ni de leches en la escena del crimen. Cabía la posibilidad de que se tratara de un arma ritual, por ello, por lo general, según las novela que he leído jamás se dejan en la escena del crimen.
Sin necesidad de mover el cadáver pude observar que de la zona del ano le salía unos veinte centímetros un objeto cilíndrico de gran diámetro, objeto por identificar, aunque yo diría que era un consolador descomunal. Las nalgas estaban rojas como si hubieran sido previamente azotadas por unas correas o flagelos, la sangre no llegó de romper la piel. Había en la habitación un fuerte olor a mirra quemada, un palito color violeta había ardido por completo sobre un soporte de madera con orificios para sostenerlos. Una extensa mancha de sangre seca cubría la solería, y sobre la mancha pisadas de pies descalzos que aparecían un cuadro abstracto, un pie pequeño con puente casi femenino.
–No remováis nada ni hagáis fotos hasta que no se presente su Señoría, y si nos toca la del Dos, para qué queremos más con lo pejiguera que es esa tía –inquirió el sargento Cayetano Conchabo de la Policía Judicial de la Guardia Civil de Málaga, a sus hombres, un guardia de nuevo ingreso y una civila preñá.
–Menuda artillería que le han metido a este tío por el ojo del culo, parece como si fuera una flauta..., no mi sargento, tranquilo que no se la voy a sacar -admitió el guardia Carricondo con cierta ironía, y musitando palabras para él mismo, mímica que los demás no entendían, hablar solo era una de su debilidades.
–Parece, sin duda que el presunto muerto se dejó atar, de lo contrario las ligaduras no serían tan sofisticadas, un criminal no tiene tantas consideraciones, lo hubiera hecho con un cordón de cortina o cable de teléfono –analizaba el sargento Cayetano como quien desde su cátedra de Criminología pretende hace hipótesis de campo.
A las dos horas llegó su Señoría con el secretario y el forense, y no dieron ni las buenas tardes, eran ya la 5 de la tarde, no se habían dado mucha prisa, para qué, si el muerto se no iba a marchar, la jueza del número DOS de Torremolinos, que le tocaba de guardia, era una mujer que más que jueza parecía una miss por su atractivo, su fachada exterior de labradas caderas y senos convocando gritos de guerra, pero con muy mala leche guardada tras su apariencia de modelo, a todo ponía pegas con un seseo sevillano que no tenía ninguna gracia. Le acompañaba el médico forense: un hombre agarrado a los sesenta años medio miope con gafas de pilotar submarinos.
El sargento Cayetano Conchabo, que no se conchababa tampoco con nadie, le hizo un saludo leve de militar, con un “a la orden” descafeinado, casi sin ganas, con evidente resignación de subordinación al Poder Judicial. Ella no le dio la mano y pasó de largo mirandole de soslayo, y mostrando su Señoría un signo de asombro, con cierto desagrado, al creer que aquel Hotel correspondiera a demarcación de la Guardia Civil y no en el de la Policía Nacional, justo por unos doscientos metros, ella era más partidaria de trabajar con los de la “chapa” que con los “verderones”, por alguna razón secreta que ella guardaba muy adentro y no se sabía muy bien, son situaciones reales de la vida, una personas o grupos te caen mejor que otros, por simple coincidencia de longitud de ondas o por resentimientos de una mala experiencia.
–¿Tenéis su filiación, sabéis quién es su familia, dónde vive, por qué estaba aquí, cuánto tiempo lleva a en el Hotel, le conocéis, tiene coche, el olor en la habitación, hay semen, no le habréis tocado sin mi permiso...? –inquisitiva y pertinaz la jueza no había más que preguntas encabalgadas, sin una coherencia lógica, nada más que para hacer patente su autoridad judicial y por joder la marra de que ella era la que dirigía el cotarro.
–No, no lo sabemos, esperaba que su Señoría me diera la orden de empezar a trabajar – aventuró el sargento Cayetano en una respuesta correcta y coherente, sin duda acertada, por la veteranía de otras actuaciones con la del DOS, como generalmente se le conocía a aquella tía de acibarado carácter. Cuando en realidad ya lo sabíamos casi todo, por Galindo y Macía llevaban horas trabajando en ello.
Cuando llegó el delicado y cruel momento de que el forense, ayudado por el inestimable apoyo de la Policía Judicial, sacaran al cadáver el objeto cilíndrico a modo de consolador del interior del ano delante de la Jueza, hubo cierto momento de rubor y recato, pero el guardia Carricondo, un cachondo metal desde que lo parieron, le echó jeta, se puso los guantes de gluten y dio un tirón seco, cuando lo tenía en la mano se lo mostró directamente a su Señoría y dijo: esto tiene que doler..., pero su Señoría, muy profesional no comentó nada. Era un tubo de aluminio blanco taponado los extremos por corchos.
Una vez finalizada la inspección ocular, tomado fotos, medidas, minuciosos registro de ropas y cajones de armarios, inspección del cuarto de aseo, recogida de muestras, y levantamiento del cadáver, su Señoría, una vez en el aparcamiento del Hotel y antes de tomar el taxi le hizo saber al sargento que precintara la puerta de la habitación, y que llevara al día siguiente sus primeras diligencia, y además que fuera acompañado su superior inmediato. El sargento le cerró la puerta trasera del taxi donde ella se sentó poniendo a la vez cara de cerdito feliz, luego se puso a pensar el motivo de tener que ir con su superior. Reunió a sus hombres, un equipo de cuatro incluido el fotógrafo, en la habitación del crimen y cerró la puerta. Esa tarde el sargento tenía prisas le tocaba ir recoger al segundo de sus hijos a la academia de inglés.
– ¡Está buena la tía! –profirió el guardia Carricondo a la vez que hacía un gesto de saca y mete con los dos puchos cerrados, un gesto claro y obsceno de follar.
–Carricondo, ¡joder!, que no está el horno para bollos –desaprobó el sargento su gesto descortés con cierto signo de preocupación– , ¿tú le has dicho o le has hecho algo?, mira que te conozco, que tú eres capaz, que lo de “esto tiene que doler” no me gustó a mí tampoco. Me ha dicho que mañana quiere verme a primera hora con el teniente, y quiero saber si habéis metido la pata en algo, luego no quiero mares mías. Además el teniente me va a preguntar.
–Le juro mi sargento que no le hemos mirado a la cara. Es cierto que está buena, pero quién se le insinúa, es una autoridad y te mete en prisiones militar en un abrir y cerrar de ojos. Uno es tonto hasta cierto punto. Esa tía no nos traga, y hasta que alguien no le cante las cuarenta nos va a tratar con esa altanería de superioridad. Pues no sé por qué esa distancia, la Policía Judicial, según el 444 de la 6/85 depende funcionalmente de la autoridad judicial y del Ministerio Fiscal –sentenció Carricondo. Pero el Fiscal no viene nunca a levantar un cadáver.
–¿Qué bien te sabes el artículo?
–Sí, mi sargento, no ves que es capicúa: cuatro, cuatro, cuatro.
El guardia Carricondo y el sargento Cayetano se hablaban de tú porque eran de la misma promoción de guardias en Úbeda, pero desde que este último se hizo sargento jamás le volvió a llamar Cayetano, a secas. Llevaban catorce años en el Cuerpo, tenían mucha confianza y lealtad entre sí y además llevaban casi tres años en el Equipo de Policía Judicial de Málaga, y vivían, para más relación familiar en pabellones contiguos de Comandancia de los Ángeles. Y es que sus respectivas mujeres, eran amigas, salían juntas de compras y alguna que otra tarde se juntaban para tomar café en el pabellón de una u otra.
Mientras los dos seguían haciendo sus conjeturas, en una porfía de ideas como demostrándose uno a otro sus capacidades innatas policiales, alardes de ingenio: que si había mariconeo de altos vuelos, el fotógrafo y el otro guardia salieron a recepción para hacer sus pesquisas e indiscretas preguntas, más que interrogatorio, si quieres saber ignora, y mientras más ignores más te pondrá la gente al día. La Costa del Sol se estaba convirtiendo en refugio de mafias de todas las naciones, tráficos de drogas, y algún que otro crimen, por una parte saltaba a la vista que cuando existe un crimen las investigaciones se convierten en una obsesión sobre todo porque da pie a destapar asuntos sucios de lo que nadie podía sospechar, meter la nariz en un crimen suponía ventear algún asunto, que sumado a otros y otro no resueltos hacen que alguna vez caigan peces gordos en las almadrabas.
–Ya tenemos la filiación mi sargento –entró de nuevo a la habitación del crimen el fotógrafo y el guardia.
– ¿Quién es?
– El jardinero –interrumpió con cierta ironía e Carricondo.
–No me jodas, calla de una puta vez.
–Se llama Rosario Desvariado Fabra con DNI...., hijo de José y de Obdulia, natural de La Coruña, nació el 1 de Marzo del 55, varón, y con domicilio en Hotel Ofeo Azul, es el director de este hotel...
–Ahora sí que la hemos cagao, tengo que llamar al teniente, ya, ¡me cago en la mar!, este fiambre es gordo. Llama al Puesto de Torremolino y que quiero aquí una pareja en custodia de precintos y alejamiento de paparachis, ya. Pon un radio urgente a la Comandancia. Hay que ponerse a trabajar ya.
–Mi sargento, me da el tufo de que aquí hay más de un asesino, me da el olor a un perfume fuerte y muy especial, penetrante, a lo mejor quemaron la mirra para disimular ese perfume de lujo y, sin duda, exclusivo. Si fue una mujer, debía ser muy fuerte.
Los hombres de la Policía Judicial son sujetos seleccionados que están muy acostumbrados a trabajar bajo presión, a llevar muchos asuntos a la vez en su agenda, a moverse constantemente, a tener los oídos bien abiertos a razonar en medio de la confusión, es decir, que son gente con capacidad innata de deducción, lógica y no precipitación. Nada les satisface hasta que acabar con todas las preguntas o que todo encaja como un cubo de Rubi. Controlar los nervios y los sentimientos ha de ser una de sus cualidades, pero es que el sargento Cayetano jamás se ponía nervioso, tenía la sangre enmascarada. Lo que le pasaba es que hablaba rápido como una locomotora, y aunque parecía alterado, sabía muy bien lo que ordenaba.
A la hora de haber dado la novedades al teniente Mágnum, aféresis de su apellido Mallorquí: Puigmagnum, nada tenía que ver con la marca de los revólveres americanos, llegó al Hotel Orfeo Azul acompañado del un conductor, por supuesto de paisano, la Policía Judicial siempre actúa vestido de paisano o civil como mejor se le quiera llamar. El sargento Cayetano le puso en antecedentes.
–Gracias, Cayetano, no te vayas que voy a hablar con el comandante, así me apuntas si me pregunta algo raro.
A la vuelta a Málaga, el sargento y el teniente se vinieron juntos por la autovía, venían hablando de Rosario Desviado y del golpe bajo que le iba a dar a la familia. Por qué motivo la jueza querría verlos a los dos, ponían caras de circunstancias. Pero al tratarse de una persona importante y el caso, sin duda, iba a traer cola, le dijo al Carricondo que se hacía cargo personalmente del caso. Luego el teniente preguntó que cuando jugaban el partido de fútbol sala con motivo de la próxima Patroma. El teniente Mágnum tenía 25 años, hacía poco que había salido de la academia de Aranjuez y aún tenía el síndrome de la necesidad de gastar energías militares.
Llegaron los de la funeraria y se llevaron al transexual al frigorífico del Depósito de Cadáveres de Torremolinos.
2
Al día siguiente, mientras el sargento Cayetano y sus hombres estaban en el depósitos de cadáver de Torremolino para presenciar la autopsia, el teniente Mágnum, permanecía de pie en el despacho del comandante Lucanor Gómez, Jefe del Grupo de Policía Judicial, haciendo la confesión matinal de novedades diarias a los 8´30 horas, sin faltar, ante de tomar café a las nueve en el bar de Oficiales. El comandante pertenecía a la Escala Ejecutiva, polilla de Valdemoros, un veterano con casi cuarenta años de servicio activo, en los años 90, años duros del terrorismo y con motivo de su ascenso a teniente por oposición estuvo destinado en La Salve (Bilbao) en grupos antiterroristas. El comandante Lucanor, a pesar de su genio, y aspecto de boxeador, en el fondo era buena persona, te daba siempre una oportunidad, pero sólo una y nada más. Podías tomar decisiones por tu cuenta, sin contar con él, pero solo una, la siguiente jamás te atreverías.
– Teniente, ¿has leído el "Sur"?, bueno, pues te los voy yo a leer: “...en un reconocimiento llevada a cabo por el periodista que informa de este suceso y un fotógrafo de la redaccion, encontraron en los jardines del hotel Orfeo Azul un punzó ensangrentado, que ha sido entregado a Guardia Civil de Torrequemada....” ¿Pero qué coño de inspección ocular habéis hecho, cómo es posible que lleguen unos gilipollas de la prensa y encuentren el arma del crimen, ¿esto no es serio...?, y luego nos quejamos que los jueces y fiscales se nos cabrean. ¿Que le dijo yo ahroa al coronel?
–Pues no sé que contestarle mi comandante, yo..., llegué cuando la inspección ocular se había dado por confluida.
-Teniente, esto no me lo cuentes, te puedo meter nun paquete...
La severidad de su rostro hacía juego con un mostacho de múltiples colores al cual se agarraba cuando se enfadaba. El único fallo que tenía el comandante Lucanor es que era alérgico a oficiales de la escala superior procedentes de Aranjuez, como era el caso del teniente Mágnum, un oficial de 25 años procedente de la especial, sin experiencia, con preparación universitaria desde luego, pero sin experiencia, dos años en Zaragoza y otro otros dos en Aranjuez, dominaba dos idiomas, y le tenía alergia porque duraban muy poco en las Unidades, además por esas fechas, el teniente había solicitado el curso de helicópteros, lo que supondría que muy pronto le iba a perder, no quería entender, en su cazuela bien despejada por una incipiente calva que, estos oficiales, se presentan voluntarios para toda misión por arriesgada que fuere, para Mozambique, una misión en Timor Oriental o Bosnia, sus carrera cosiste en eso precisamente: en llenar su Hoja de Servicios del máximo posible de cursos, misiones y calificaciones de sobresaliente para llegar, en el futuro, a lo más alto de su empleo, al generalato. El comandante Lucanor pertenecía a ese grupo de militar trasnochado que basaba la disciplina en el miedo y no en el convencimiento, todavía hablaba con multitud de tacos y de usted, y guardaba en su casa una pistola “mora” (sin numerar y sin papeles), por si acaso se presentaba la desafortunada ocasión de tener que defenderse y quedar impune.
– Cada santo que lleve su vela, aume tu responsabilidad y deja de disculparte, tienestendencia a defenderte y eso es signo de debilidad de carácter, un mando es responsable de sus subordinados aunque estén jodiendo con su amante, ¿endiendes?, y para eso estamos nosotros para vigilar y comprobar que se cumplen las órdenes y las normas y las leyes.
El teniente estaba deseando que sonara algún teléfono o el timbre del Coronel Primer Jefe, que ocupara al comandante, para salir del despacho a todo trapo, reconociendo para sus adentro que el sargento Cayetano y sus hombres habían hecho una chapuza de inspección ocular, pero por otra parte, lo disculpaba porque el jardín junto a la piscina del Hotel Orfeo Azul era muy extensa, y además, cómo era posible que un periodista en un simple paseo encontrara el arma homicida. Los periódicos provinciales y las televisiones locales, tenían motivos para estar contentos, pues, sin duda el caso iba a saltar a los de tiradas nacional, motivos, para que los “guerreros del cuarto poder” pudieran rellenar sus páginas con un caso que interesaba a los telespectadores de la televisión basura. Titulares: Directo de Hotel asesinado con ritos satánicos.
Esa mañana, los teléfonos de la ORI (Oficina de Relaciones Informáticas) de la Comandancia estaban intratables, los periodistas pedían información o una rueda de prensa, algo para echarte al corvo pico de halcón, por el contrario, la ORI, no podía dar más información que la que había, no había nada, y toda oficiosidad lleva a tener que hacer rectificaciones o a dar pistas al asesino a asesinos.
–En cuento estén reveladas las fotos que me las traigan. Quiero estar puntualmente enterado de todo.
–Sí, mi comandante, sí mi mcomandante.
–De acuerdo, vale –dijo el comandante llevando la mirada a otros documentos de su mesa.
Ese “vale”, era en el lenguaje del comandante la señal inequívoca de que te podía retirar. En el momento en que el teniente se despedía con la coletilla militar: ¿ordena alguna cosa más?, a la vez que hacía además de ponerse firmes con los dos brazos al costado, sonó le sonó el móvil, a buenas horas las campana. Cuando salía por la puerta vio como el comandante le hacía un además con el dorso de la mano, casi como una bendición para que se fuera tranquilo. Cuando empezó a hablar el tono militar desapareció para convertirse en el de un ser humano normal. De todas formas, el teniente Mágnum, había sido adiestrado en sus años de Academia en la más dura disciplina y en el terror sicológico, y conocía uno de los principios fundamentales que más halagan a los superiores: el principio de la subordinación y acatar la autoridad, cuando el superior siente que has acatado su autoridad, en ese momento, en que se siente superior, puede llegar a ser complaciente y benévolo, baja un poco las defensas.
Diez minutos después, el teniente Mágnum y uno de sus hombres salían de paisano en coche de matrículas camufladas por la autovía dirección a Torremolinos, por el camino usó el teléfono móvil para llamar al sargento Cayetano y quedar citados en la puerta de los juzgados de Torremolinos, para echarle la bronca y a la vez preguntarle cómo acabó el resultado de la autopsia, por cierto aún no había concluido, a pesar de ello, ya se podía saber entre algunos detalles que el cadáver estaba hasta el gorro de cocaína, la muerte a causa de un paro cardiaco por las múltiples puñaladas y la pérdida de sangre, siempre quedaría la duda de su si podía haber salvado de no haber estado amarrado a la cama.
El rito de la apertura del cadáver había seguido la técnica de Mata modificada. En la cavidad craneal no se encontró ningún tipo de fractura, las meninges eran normales, el encéfalo también aunque el corte transversal presenta signos de isquimia, cerebelo y bulbos normales. En la cavidad torácica, pulmones completamente comunicados por un derrame interpleural, desprendimiento de masa en el emitorax derecho y cuatro orificios de percusión. Corazón en sístole, no perfirado, corte en la mitad inferior de la aorta, lo que el ha provocado la muerte. La cavidad abdominal, abierto el estómago, presenta restos de comida en proceso de digestión, (carne de vacuno, patatas, zanahorias, vino y algún pastel?; hígado sin degeneración cirrótica, pero un megalohígado posiblemente debido a la antigua afección de una posible hepatitis, vesícula biliar descargada; riñones amarillentos posiblemente por el consumo de algún estupefaciente: cocaína. El resto de las víscera de color normal. Daños en el recto por penetración de un objeto cilíndrico con rotura de la fibra muscular del esfínter anal, no hay restos de semen. En las uñas de manos y pies no presenta signos de lucha, son cuidadas y tienen hecha manicura.
Las consideraciones médico legales, son quince, aunque las más interesantes y generalizando se concluyen con que la muerte se debió al corte inciso contuso de la aorta, que por el tamaño, profundidad e intensidad de las lesione, debieron ser producidas con un arma blanca de hoja estrecha y afilada que debe tener entre 15 y 20 centímetros de longitud. La suma del total de las heridas de penetración del arma homicida son siete, en dirección horizontal desde la espalda al interior del cuerpo. Que la data de la muerte debieron de ser sobre las tres y media de la madrugada.
Con esta anticipación de la autopsia se podía hacer conjeturas, muchas hipótesis de campo, pero nada más, quedaban por analizar los resto de semen encontrados en las sábanas, si era de uno o más varones. La pruebas de ADN tardarían dos semanas. Las fotos y pruebas de las pisas de manchas de sangre en la habitación quedarían como prueba hasta poder compararlas con un sospecho, esta técnica se basa en el sistema Bertillón de identificación de pisadas y en un principio policial: todos los objetos del universo son únicos, y por este principio de individualizar tipos y sujetos, se llega a conseguir tal números de características o puntos de coincidencia que sea imposible dudar que la prueba pertenezca al individuo. Con una pisada podemos establecer: talla, peso, posición de los dedos respecto a la zona metatarsal, talón, apoyos. De momento con esa pisada, y a boto pronto, teníamos a una persona de unos 60 kilos, oversupinator (el talón pasa el apoyo al metatarso y puntera) y poco más.
En cuanto llegó el teniente Mágnum a la puerta del Juzgado, ya estaba en la puerta el Sargento Cayetano esperándole, mientras hablaban subieron por las escaleras hasta el primer piso donde se encontraba el Juzgado de Instrucción número Dos, el color predominante es el negro de la togas de los abogados y fiscales combinado con un verdeázul de las policías, el olor de los juzgados es siempre el mismo: brillantina y el sudor de los detenidos. El secretario del Dos, “secretario de la realidad” o el de la “fealdad pública”, parecía un hombre amable y atento tras sus gafas con montura metálica dorada, en esos momentos hablaba con un administrativo sobre la intemporalidad del empleo, el exceso de sumarios y el poco sueldo, enmudecieron, y al requerimiento de que querían hablar con la jueza, les anuncio que estaba sola y que podían entrar, ella, les estaba esperando, cosa extraña no tuvieron que esperar como era de costumbre. En cambio, en otros juzgado, y si el titular del mismo no estaba ocupado o atendía una visita, se permitían entrar directamente a su despacho únicamente a los P.J., o llamarlo al móvil sin ningún cortapisas, pero con esta mujer no.
-Pase, siéntense por favor, no he visto aún el atestado. ¿Lo traen consigo? – inquirió la jueza.
-Sí, por supuesto Señoría, aquí lo tengo, lo que hemos podido averiguar hasta ahora es bien poco, del resultado de la autopsia tenemos nuevas conjeturas –empezó el teniente Mágnum.
-¿Cómo me dijo que se llamaba, teniente? –preguntó la jueza .
-Puigmanum, es un apellido mallorquí, pero he tenido que aceptar que me llamen Mágnum, que así es como me conocen mejor en todos los círculos.
-Pues lo siento pero yo le llamaré, teniente Puigmangmun. Bueno, yo aun no tengo el acta de la autopsia. Ya me están dejando al margen y es lo que les quiero advertir, yo tengo que saber cada paso que da Guardia Civil, no quiero que se me puentee. Les advierto que voy a decretar el secreto del sumario. Nadie habla con la prensa, si se habla con ella ha de ser con mi autorización, ¿queda bien claro?...
-Si nosotros siempre hemos contado con el Juez Instructor para todo.
-Bueno, para lo que interesa, porque esta mañana la prensa se quiere poner medalla, y estos fallos, al punzón encontrado en el jardín por ello no se pueden cometer, ustedes son los expertos...
Mientras la jueza seguía con su vocabulario técnico-jurídico rencoroso, el sargento Cayetano pensaba en otra cosa, en que las culpas de todo lo tienen siempre los expertos. Los políticos, por ejemplo, prometen esto o lo otro, se adelantas a los acontecimientos, quieren tranquilizar a la población como en el caso de las vacas locas o la legionella, les da igual, porque, después cuando han metido la pata hasta donde la pringan le echan la culpa a los expertos. “...dijimos estos o aquellos porque lo expertos nos aconsejaron o nos dieron los informes...” Por otra parte, el teniente Cayetano, pensaba que allí debería estar el comandante Lucanor, recibiendo las directrices judiciales.
-...a mi no me dan medallas –continuaba la jueza- cuando se resuelven los casos, son para ustedes.
Y hala con las medallas, la jueza debió seguir la carrera milita, y de seguro hubiera sido un oficial de carácter.
Por otra parte, la policía científica y los investigadores en general, saben, por experiencia, que es conveniente anticipar todo lo que se sospecha o se sabe o se supone, o parece..., por que de lo contrario se queda uno sin argumentos para una nueva ocasión, la información ha de ser repartida “a cazo”, es decir, poco a poco para que no indigeste, y aproveche al que la reparte. Demasiado garbanzos a la vez hartas, pocos puede ser un manjar. Y es que quien posee la información posee el poder. Por qué sino, en todo orden de la vida económica, efe afán del amiguismo o de la información privilegiada, y es que adelantarse a los acontecimiento es casi un don divino, apreciado y muy tenido en cuenta, cuando se acierta, por la cúpula de los altas esferas del poder general. Hay personas con el don graciable de la “esponja informativa”, se enteran de todo sin querer en cambio otros ni queriendo, no cualidades comparables al arte: se tiene o se es un mediocre. Y este era el caso particular del sargento Cayetano, un hombre simpático, abierto y que hacía amistad con la gente, sin esfuerzo, natural, luego se ofrecía a ayudar en las gestiones administrativas de su amigos, eso le convertía en centro magnético de información.
-No se preocupe su señoría que la tendré cumplidamente informada.
-Eso espero.
Lo que quería su Señoría, la dama del ajedrez judicial, era harto simple, y que pasaba con frecuencia, no enterarse por los periódicos o canales de televisión del seguimiento de las investigaciones, no deseaba que los PJ se le fueran de las manos, lo que se llama en términos camperos: “atar la perdiz”. Lo que sucede en el Poder Judicial español era muy diferente a lo que estamos acostumbrado a ver en las películas de Hollywood, sobre todo en aquella famosa serie de “Hill Street” que tanto nos en señor a contar con el Fiscal, y los pactos de este con los delincuentes, a saber que era el Fiscal quien dirigía las investigaciones y quien autorizaba las actuaciones de la policía. En España es muy distinto, los Fiscales aparecen al final, durante el juicio oral como acusación, se han quejado siempre en los medios de comunicación de la falta de personal y de medios, como para ponerse a investigar. No obstante el sargento Cayetano conocía al Fiscal Antidrogas, el cual le resolvía, a título personal muchas dudas técnico-legales, en lo cual se sentía muy aliviado, pues si tenía que preguntar a los servicios jurídicos por instancia, iba apañado.
A los diez días, apareció otro cadáver, esta vez el de una mujer en la habitación del Hotel Olimpus Oro, gracias Dios era en demarcación policial, le correspondía la investigación a los de la “chapa”. El cadáver era de una mujer con rasgos caucásicos, y había sido atada en las dos manos con un lazo o liana de seda color carmín idéntico al que utilizaron para inmovilizar a Rosario Desviado. Había en los dos asesinatos una relación, un autor o varios, pero que, sin riesgo a equivocarse, la suma de pruebas debía dar una sorpresa favorable para los investigadores, a pesar de ello, y todo parecía fácil de no ser por múltiples razones: diferentes jueces de instrucción, diferentes cuerpos policiales, o cuerpos hermanos en mutua colaboración, sí, era cierto, lo iban a hacer, se iban portar como corresponden a hermanas de diferentes padres El sargento Cayetano había encontrado en los archivos de personas desaparecidas un detalles que podían relacionar a una mujer denunciada como desaparecida en Marbella con el cadáver de la mujer en el Hotel Olimpus Oro, un anillo con pequeña esmeralda. Quedaba meterla en el SAH (Sistema Automático de Huellas), pero solo nos daría una respuesta si la mujer estaba fichada. La familia que presentó la denuncia de la desaparición en la Comisaría de Marbella, era los Dostovisntchy, dedicados a los negocios de la restauración.
Cuando le llevó el anillo, efectivamente pertenecía a la hija desparecida.
3
Los contactos entre los dos cuerpos policiales se mantuvieron con intercambio de datos, además el subdelegado así lo dispuso: colaboración. Los contactos o juntas de seguimiento estaban autorizadas previamente sin necesidad de autorización previa, es decir, que el tema era libre para la mejor información.
Se podía saber que la mujer asesinada era de origen caucásico y se sospechaba se dedicara a la prostitución a “oficios sexuales”, abundancia de mujeres del Este dedicadas no al oficio más viejo del mundo sino al abuso más denigrante y permisivo de la humanidad, por una simple cuestión: el abuso vejatorio al que han sido sometidas las mujeres, y no digamos ya en países islámicos, iberoamericanos o terceros. Pero a los pocos días, se supo que el cadáver pertenecía a la hija de un magnate ruso, afincado en Marbella, con influencia en la política de Moscú, y ello desencadenó una oleada de llamadas telefónicas a nivel ministerial.
Un fax desde Madrid, de la Subdirección General de Operaciones iba a revolucionar las costumbres trasnochadas de un pasado cercano, la orden del Ministerio del Interior era rotunda, la investigación se iba a llevar conjuntamente, por un inspector de la Bligada del seguimiento de la Prostitución venido desde Madrid y un oficial de la Guardia Civil en Málaga. Era la primera vez que dos miembros de Cuerpos policiales diferente iban a hacer, lo que se podía llamar: una pareja, y nunca mejor dicho por lo que iba a pasar.
El comandante Lucanor no estaba muy contento de la orden del fax, incluso llegó a pedir confirmación del mismo y desde Madrid le dijeron que era cierto además mandaban otro con el nombre del inspector/a: Dª Rita Albornoz dos Passos. Si la confirmación no le agradaba menos que una mujer de Madrid viniera a decirle a la Guardia Civil lo que tenía que hacer, pensó que mejor que se metiera en su cocina y se hiciera un potaje con su pringá. Todo parecía adelantarse, de una forma imparable al famoso bulos de la reunificación de los dos Cuerpos. Pero como era una orden superior, no hubo más remedio que acatarla como es de costumbre y, sobre todo, ponerla en práctica.
-Pase Puigmangún. Le tengo que dar una noticia que le agradará mucho. Viene de Madrid una inspectora, la inspectora Rita Albornoz de la Brigada de Prostitución Internacionall. La cual será su pareja, profesional me refiero, en lo concerniente a la investigación de Rosario Desviado y la rusa.
-Si usted lo ordena mi comandante, para mi no tiene discusión posible. Me parece muy bien, siempre y cuando se adapte a mi forma de trabajar.
-Le pido que ella no note nuestra disciplina militares, usted sea abierto, pero ya sabe no deje papeles secretos sobre la mesa, las mujeres tienen un don especial para ser espías, y le repito, manténgame informado de todo, y lleve sus notas, que después, seguro que los de Madrid nos pedirán detallado informe.
El teniente era un joven militar con amplio horizontes, bien parecido y resueltas maneras. La inspectora Rita, de 28 años, soltera, tenía un cuerpo esbelto y aunque su pelo era corto, los óvulos de la cara se le pronunciaban, era una mujer echada para adelante que soportaba muy bien trabajar bajo presión, fría y sin pelos en la lengua
Cuando Rita Albornoz llegó a Málaga lo izo en avión, viaje pagado por la Dirección General de la Policía, cosa extraña puesto que las Hojas de viaje para península son siempre en tren. El personal que fue a recogerla al aeropuerto el Rompedizo, se quedaron como atónitos, aquella inspectora debía estar muy considera en Madrid, y esta forma de viajar era sin duda, una prueba de ello. Además venía con dietas que le permitían hospedarse en un hotel de la capital de Málaga, ello le iba a proporcionar cierta libertad de movimientos. En cuanto llegó a la Comisaría de Málaga, allá por Carranque, el personal del grupo operativos la bautizó como la Rita Hayword.
Al día siguiente, se celebró la primera reunión de trabajo en un despacho de la Comisaría de Policía entre la inspectora y el teniente. Los grupos operativos siempre trabajan de paisano, y se apoyan del personal de uniforme cuando han de hacer registros, identificaciones, controles...
–Buen clima tenéis aquí –empezó la inspectora a relajar la tensión de la primera entrevista.
–Esto es la Costa del Sol – respondió el teniente sin continuar la banal conversación que siempre estimula, y estuvo desviando la mirada a la ventana con deseos de volar.
–Seamos sinceros desde el principio –dijo la “Hayword”- llevo muchos años en el Cuerpo y ya sé que a nadie le gusta que vengan los de Madrid a revolver sus asuntos, pero yo también soy una mandada Así que aceptemos esta situación que para mí también es desagradable y empezemos a trabajar, ¿no cree?
–Yo no he dicho nada de eso.
–Pero lo piensa, y para mí un pensamiento, en un colaborador, vale tanto como las palabras que se dicen, así que lo siento teniente, quiero jugar limpio, ¿no sé por qué nos obligan a trabajar en pareja? La tradicional pareja de la Guardia Civil...
–No me gustan los comentarios en contra de la Guardia Civil.
–Ni a mí las actitudes machistas. Mejor será que trabajemos a la forma tradicional, cada cual por su cuenta y si me entero de algo que pueda decir, te lo diré
La primera entrevista fue veloz como una carrera de galgos. Mágnum salió de la Comisaría sin despedirse de nadie y son cara de enfado que no le permitían contar chistes al conductor, el cual entendió el mensaje de su teniente y sin decir nada se trasladaron a la Comandancia como quien lee los pensamiento y el gesto de preocupación. Cuando llegaban a la altura del Campo de fútbol de la Rosaleda, le sonó el móvil, era el telefonista de la centralita: “ El comandante Lucanor quiere hablar con usted urgentemente”. “Dile que estoy comunicando”. El teniente necesitaba un tiempo de reflexión, cinco minutos para planear su nueva estrategia, adivinaba lo que quería el comandante, pero no podía presentarse ante él, con la mala leche que tenía cuando el bigote se le encrespaba, sin duda alguna, tenía el sentimiento de haber metido la pata, pero su ella la que empezó a provocar.
–¿Qué ha pasado con Rita Albornoz?
–Nada mi comandante, que esa tía tiene resabiada, y no nos traga, así de sencillo.
–Pero hombre, a nosotros no nos traga nadie, le daré una oportunidad más, entienda que sobre este caso está muy pendiente el Ministro del Interior, el Subdelegado del Gobierno, los empresarios, la prensa internacional, y me tienen hasta los cojones, así que a partir de ahora os llevaréis mejor que amantes o se acuerda usted de mí, a Hierro te mandan, no dejo que me toque el tricornio ni a mi padre siquiera. Así que se vuelve para la Comisaría y le pide perdón si es necesario, la invita a comer o lo que usted vea, queda claro..., queda claro o no, teniente.
El teniente se sitió humillado y todo por culpa de una mujer que no se portaba como tal, sino directa a la herida.. Cuando salió del despacho cometió el error de saltarse el conducto militar y fue con el cuento al coronel, como es costumbre en ellos, que éste le atendió como a un hijo. Luego la tensión se notó en la sala de Oficiales a la hora del primer café de las mañanas, la hora de las novedades oficiosas. El coronel confiaba absolutamente en la capacidad de mando del comandante Lucanor, profesionalidad, leal y demostrada dedicación las 24 horas a sus misiones, más los éxitos que se podían ver en el cementerio de cruces y medallas de su uniforme por la desarticulación de comandos terroristas, organizaciones de tráfico de droga y un sin número de aciertos que, de forma inequívoca le avalaban y le permitían ciertas licencias en el uso legítimo de su mando.
Y es que, desde ese momento, el Comandante Lucanor tragaría menos a los niños bonitos de “sangre azul”, o los llamados de academia o especial de Aranjuez, sobre todo por resentimientos de la antigua división de escalas. Y es que el teniente Mágnum, incomprensiblemente, pertenecía a la escala Superior de Oficiales, una escala superior a la del comandante que pertenecía a la Ejecutiva, sin embargo su empleo era superior y estaba sus órdenes. Un galimatías que sin duda el Estado Mayor revolvería con gran acierto en el futuro.
La inspectora Rita, no se había quejado a sus superiores de Madrid, que menuda podía haber armado, pero al oído atento del Comisario le llegaron noticias del desafortunado primer encuentro. Ella era hija de un policía de la escala básica que fue víctima de una bomba lapa colocada en su coche. Este trágico suceso le había, en principio trastornado, pero según pasaron los años, la afianzaron su carácter y su deber de servicio.
Cuando el teniente volvió a la Comisaría por imperativo legal, entregado por sus mando al circo de las fieras, tenía el rostro enrojecido por una de esas broncas injustas de las que no te dan opción a defender, llegó con la mente de un traidor y una actitud de derrota, analizó la situación, tenía que hacer la paces con Rita pensó en lo complicado que le era mortificarse, ahora la veía como a una diosa rodeada de su corte de ángeles custodios ante la que te tenía que arrodillarse. Pero como la imaginación nos suele jugar malas pasadas, sufría más de lo aceptable. Contaba que el tiempo pasaría y que mañana sería otro días. Al momento de llegar el agente de la puerta ya le avisó de que se pasara primero por el despacho del comisario Provincial, tomó el ascensor, recorrió el pasillo, observó que los policías e inspectores ya no se saludaban militarmente porque ellos habían esta condición, todo se hablaban de tú y parecían contentos. Entró al amplio despacho del Provincial y se saludaron cordialmente, se sentó, sin advertir que detrás, en un sillón estaba “La Hayword”. Al verla de nuevo hubo como un silencio y a la vez una sonrisa complicada. El comisario tenía una actitud como de hombre bueno más que de árbitro, pero no fue necesario mediar porque ella redujo la tensión, adelantándose con una pregunta muy oportuna.
–¿Me ha dicho que te gusta mucho la equitación?.
–Es cierto los caballos son mi gran amor, mi padre fue oficial de caballería en el Escuadrón del Valdemoros.
–A mí también me encantan los caballos, son uno animales que entienden más que las personas. Mi padre no tenía caballos, pero mi abuelo sí, en Ciudad Real.
–Los árabes le llamaban los hijos del viento...
Con esta agradable conversación, Rita había salvado el prestigio de su inevitable compañero de investigación, y casi como si no existiera la presencia del provincial, ellos dos salieron del despacho como si no hubiera pasado nada esa misma mañana. Tal ve el error estuvo en que nadie se encargó de presentarles, fue como su dos imanes opuestos entraran en contacto. Todo olvidado, sin una referencia a lo sucedido, el mejor lugar para empezar a trabajar era sin duda el bar de la Comisaría donde empezaron a desplegar sus teoría sobre la posible relación entre los crimen, y lo único que le unía era el lazo de atadura. Lo primero que había que hacer era empezar desde el principio, entrevistar a los recepcionistas de los hoteles, y a los familiares, la preguntas son el único camino para llegar a la verdad. Ellos sabían que en los que se oculta, está la verdad y esa es la tarea del investigador, buscar en la basura del subconsciente, en la basura de los contenedores, en la basura del mundo.
4
-¿Conduces tú o conduzco yo? –preguntó Mágnum con cierta prudencia para no ofender o molestar.
–Mejor conduces tú, yo no conozco bien la ciudad.
Cuando el coche salió de la Comisaría era media tarde, las luces de los escaparates empezaban a guiñar, la temperatura era correctamente educada, el tráfico endemoniado como siempre, da igual la hora que sea las ciudades moderna no descansan nunca, de noche se le inyectan los ojos de luces sicodélicas. La carretera de Cádiz a la altura de Huelin presentaba el atasco de siempre, morrocotudo, el ficus del centro de la redonda, cerca del puente, se erguía con la falsedad de la tranquilidad amazónica, grande como un globo aerostático, había un espesor de ruidos y claxon que recordaba un día de mercadillo.
–Si el recepcionista tuviera anotado a todas la personas que se alojan en el hotel, iríamos al grano, pero lo que hacen, normalmente, es anotar el DNI de una persona por habitación. Por eso las mujeres, casi nunca aparecen en los registros de los hoteles.
La conversación camino a Benalmádena costa, se desembarazó en el sentido más confabulador posible. Ella era la primera vez que visitaba la Costa del Sol y se asombraba de los edificios, de lo cuidado de la calles y del imposible número de turistas. Cuando ella vió que aparcaban cerca del hotel Orfeo Azul, comentó.
–Yo creí que íbamos al Hotel Olimpo Azul donde apareció la rusa, me interesa empezar por allí.
–Qué más da, si vamos a ir a los dos hoteles, no están muy lejos uno del otro.
–Sí, pero no es lo mismo, eso me demuestra que tu vas buscando resolver primero tu crimen.
–Otra vez no, por favor, no empecemos..
–Te lo advertí esta mañana, quiero lealtad, si tu te enteras de algo me lo dices, y si yo me entero de algo te lo digo, somos como el Espíritu Santo, una sola persona. Pues ahora te vuelves y al Hotel Olimpus Oro, no pienso ceder.
Se estaba poniendo en evidencia que la jerarquía es necesaria en todo los órdenes de la vida, siempre ha de haber uno que dirija, ordene o mande y otro que obedezca, y en esta ocasión, en perjuicio de una investigación más eficaz se estaba cuestionando este principio elemental, el teniente no quería más enfrentamientos con el comandante Lucanor y lo demostraría en seguida con una nueva bajada de bandera, pero hasta cuanto tiempo.
– Si hemos de trabajar juntos, pongamos unas reglas –propuso el teniente Magnum- hemos de hacer un plan de trabajo, contarnos todo lo que averigüemos, y enseñar al que no sabe..
–Me parece bien, pero sin líos.
El coche buscó un cambio de sentido y se dirigieron hacia el Olimpus Oro, durante el corto trayecto, unos tres kilómetros separaba un hotel de otro, no hablaron ni una palabra, ella encendió un cigarrillo y empezó a mirar por la ventanilla las colmenas de apartamentos y hoteles, Mágnum abrió la ventanilla de la parte donde iba Rita desde el interruptor de su puerta con cierto desaire, dando a entender que le molestaba el humo del tabaco, ella, sin embarco era una incorregible fumadora de tabaco rubio español. Cuando ambos llegaron hasta la recepción los dos empezaron a hablar a la vez con el recepcionista, y la frase fue prácticamente la misma salvo que ella dijo “policía” y él “guardia civil”: “Somos ... y queremos ver al director”. Ninguno daba su brazo a torcer y ella, menos aún, ya que de alguna forma no iba a permitir ser dirigida o menospreciada por ser mujer.
-Ya que estamos en demarcación policial te dejaré que lleves la voz cantante. Regla número uno: cuando se actúe en demarcación de uno y otro Cuerpo, el solista o el canario flauta será el que de cuya demarcación corresponda...
La conversación se vio interrumpida por la llegada del director del hotel, que vino expresamente a saludarlos en el holl del hotel.
–En qué puedo servirles.
–Soy la inspectora Albornoz y aquí mi ayudante..., desearíamos hacerle algunas preguntas. ¿Cómo es posible que no haya ficha de huéspedes de la habitación dónde apareció el cadáver?
Mientras el director trataba de buscar una justificación al error administrativo de no haber anotado a un huésped, el teniente Mágnum, seguía acordándose de la faena que acababa de oír “mi ayudante”, y no atendía a la conversación, no colaboraba en las preguntas y casi a todo lo que le preguntaba contestaba con un “qué, que” de despistado.
–Mire, normalmente, en este hotel los turistas vienen en grupos con agencias de viaje, y son ellas las que se encargan de dar la lista de viajeros y repartirlos por las habitaciones, eso de rellenar vichas no se hace, tenga en cuenta que este hotel tiene más de 800 habitaciones, muchos pueblos no tienen este censo. He hablado con la gobernanta y las mujeres de la limpieza de las habitaciones, y no recuerdan haber visto a ninguna persona allí.
–O sea, que en este hotel yo cojo las llaves de recepción y subo a una habitación sin que me vea nadie.
–Cosas mucho más extrañas ocurren en la vida. Y yo la verdad es que no les puedo ayudar ahora mismo, yo sé cómo pudo llegar esa mujer al hotel.
Salieronlos dos investigadores del Olimpus Oro con el mismo desaliento con el que entraron, cabía la posibilidad que alguien que trabajaba en el hotel se hiciera con una de las llaves magnéticas de la habitación. Según datos de la primera inspección ocular realizada por la policía pudieron comprobar que las huellas dactilares que había en la llave magnética de la puerta de la habitación correspondían a la mujer asesinada-
–No has hecho ni una pregunta. Menuda ayuda tengo contigo.
–Tampoco me has dado tú ninguna oportunidad, ni un ápice de confianza, no estoy acostumbrado a trabajar así.
Ahora tocaba ir al Orfeo Azul.
–Soy el teniente de la PJ y aquí un número.
Ella respondió, “un número que cuenta”.
Hablaron en recepción con el quien había sustituido al fallecido, un hombre maduro con cierta dificultad para habla en español, pudieron averiguar que Rogelio Desviado estuvo casado con una alemana, que ahora vivía en Benalmádena pueblo. Era necesario hablar con ella, siempre podía aportar algo nuevo.
Cuando ambos investigadores subían las cuestas de Benalmádena ya había oscurecido, entre curva y cuerva se podían ve las luces de los barcos en el mar, el paisaje iluminado de chalet. Había que cenar para reponer fuerzas, un lugar muy adecuado era la taberna de Tío Pepe, en el centro, junto a la iglesia, lugar donde se podía hace una cata de diferentes vinos. Mágnum vio la oportunidad de probar la resistencia alcohólica de la “Hayword”, pidieron unos vinos de solera, vaso que bebía él, vaso que bebía ellas, el vino de solera está criado en madera y tienen mucho alcohol, entra bien pero sale escopeteado, prácticamente sin haber ingerido nada sólido se habían bebido dos botellas a porfía, cuando el teniente quiso levantarse, no pudo hacerlo u cayó sobre la mesa dormido y sin poder hablar, la “Hayord”, dijo con media lengua y un hipo: “ ah, no te había dicho que aprendí a beber ron con los legionarios de Ceuta...”
Al medio día, de la mañana siguiente, alguien entró despacio en la habitación de lo que era un hostal, y corrió violentamente las cortinas de la ventana. El teniente Mágnum, acostado en una de las dos camas, se puso la almohada encima, era hipersensible a la luz del día, cuando, tardíamente, reaccionó se incorporó y se tapó el desnudo cuerpo hasta la barbilla, no había más que preguntar. Ese alguien que había corrido las cortinas era “La Haywrod” vestida y zarandeándole, en esos momentos él la miró a ella y a la cama contigua que estaba desecha.
–No te preocupes, no he abusado de tu virginidad, sí, cierto estamos en un Hostal de Benalmádena, en una habitación doble, no veas el trabajo que me costó encontrar una habitación y el precio que tenía, así que yo he dormido en esa cama. No estábamos para conducir. Si llego a saber que te sienta tan mal la bebida no hubiera abusado.
–Pero...
–Tranquilo hombre, que no ha pasado nada, qué más quisieras tú.
–Lo siento. Es la primera vez en mi vida que cojo una borrachera. No sé cómo he podido perder el control. Si son las diez de la mañana, me va a dar por desertor no estoy en la Comandancia dando novedades. ¿Qué pensarán de nosotros?
–Que piensen lo que les salga de los huevos.
Se había soltado en un lenguaje, no frecuente en ella, quizá la intimidad de la habitación como la de un matrimonio le permitía ser franca.
–Y ahora qué le digo yo al comandante, me estará buscando, yo le tengo que dar novedades diariamente a las 8´30 horas.
–Mándalo a la mierda.
Decía ella desde el cuarto de baño mientras se miraba en el espejo, y se retocaba el pelo ante de salir.
–Te espero en la cafetería-
-No, mujer, estas cosas son más serias de lo que tú cree. Ahora mismo le llamo por el móvil... Mi comandante, soy Mágnum, ya, ya lo sé, pero mire usted es que tengo una buena pista, espero hablar con la exmujer de Rosario desviado, que vive aquí en Benalmádena, he pasado todo la noche en el coche esperando a que saliera de la casa. Ya, ya le entiendo, estas cosas de seguimiento la pueden hacer otros, pero no ha podido ser así...
5
(Entrevista con la mujer de.... tendencias homosexuales)
De regreso a Málaga, la conversación entre los dos se volvió más íntima, ella le preguntó si tenía novia, a lo que respondió que sí, que tenía una novia en Zaragoza, desde hacía años, se llamaban por teléfono y las vacaciones para allá, algún día se casarína con toda la parafernalia de una boda de un joven oficial, iría de uniforme de gran gala y los compañeros de promoción les haría a la pareja, recién casada, un puente de honor con los sables desenfundados, todo un espectáculo.
–Es guapa -preguntó ella con cierto interés.
–Sí que lo es.
–Mejorando lo presente, se suele decir.
–Y tú, estás casada.
–Soy divorciada, pero no me estropees la mañana, háblame de ti, de tus proyectos, de tu gusto por los caballos...
La Hayword era morena, tenía los ojos negros con ciertas arrugas al sonreír que le daban al rostro un aire de confianza, sobre todo al reír que arrugaba un poco la nariz y se le hacían arruguitas en la sien junto a los párpados, la boca lucía cierto gracioso movimiento al decir sí, sobre todo con el labio inferior, era como un volteo carnoso y voluptuoso. Parecían contentos como si el primer choque de personalidades hubiera sido encajado en una nueva forma de trabajar amigable, como personas, que por fin han conectado.
6
En las investigaciones, no todo es patear calles, entrevistar a testigos o hablar con posibles sospechosos, sino que queda un cansado y solitario trabajo de laboratorio y bancos de datos en ordenadores, tarjetas de créditos e incluso Internet, todo sirve, todo pista por ridícula que parezca, con el tiempo puedes completar una valiosa información. El trabajo de calle lo suelen hacer guardias o agentes, los suboficiales las diferentes diligencias y consultas a diferentes organismos oficiales, judiciales o particulares, luego queda el de mezclarlo todo y romperse la cabeza para ver una luz, pero aquí, nadie ayuda, cada cual es su propio medía, y es donde se demuestras las capacidades.
Quedaba encontrar el lugar donde se venden lazos de seda para sodomizar, un fragmento había sido enviado a Madrid para el análisis de tejidos y averiguar origen de fabricación. Quila procedimiento con el arma homicida, cuya originalidad en el diseño, le daba aun aspecto como de ritual. Las huellas de sangre de una persona descalza. Alguien tuvo que ver al asesino entrar en el Hotel, a no ser, que estuvieran buscando al hombre invisible. La mujer de Rosario Desviado acusaba a su marido de homosexual, lo cual obligaba a buscar en los lugares frecuentados por este tipo de personas. La Hayword usaba sus archivos personales considerado de alta seguridad, la prostitución de alto “standing”, calificada con las siglas AS, donde figuraban: banqueros, artistas, financieros y otros millonarios. Archivos que se completaban con las escuchas ilegales a los teléfonos de las mujeres o hombres que se anuncian en los periódicos como “Contactos”, más las informaciones aleatorias o de ocasión, más las denuncias. La vida sexual de los españoles prostitutos, estaban perfectamente anotada y registrada.
FALTAS PÁGINAS………
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