PRESENTACION DEL LIBRO ORIHUELA DULCE PUEBLO,  de Antonio Colomina Riquelme

                                                              Por Ramón Fernández Palmeral.

 

      Esta tarde (6 de abril de 2006) he asistido a la presentación del libro de Antonio Colomina Riquelme, titulado “Orihuela dulce pueblo”. En Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Alicante, acompañado por algunos miembros de El Grupo Poético Miguel Hernández de Alicante, había mucho público conocido y otros no tanto, habían venido de Orihuela, entre ellos el poeta Manuel-Roberto Leonís.

     El acto fue presentado por Pilar Girona Gutiérrez, periodistas y directora de "Orihuela Digital", y María Ángeles Quintero, filóloga, representando a la Editorial ECU de Alicante donde se ha editado el libro; también asistió Pablo Riquelme, Redactor Jefe de la Revista Orihuela Digital. Las cuales presentaron al autor del libro con gran precisión.

     Antonio Colomina Riquelme nació en la calle Triana de Orihuela, (1940). En la solapa del libro nos dice que cursa estudios primarios en el Oratorio Festivo de San Miguel, tras los cuales entra como empleado en una sastrería, actividad que compagina con la ayuda al negocio de su padre como Asentador de Frutas y Hortalizas de la Lonja. Hace oposiciones a Funcionario del Estado y es destinado a Madrid; posteriormente a la Línea de la Concepción; a Algeciras; a Cáceres y por último a Alicante, ciudad donde realiza estudios de Bachiller, Curso de Acceso a la Universidad, Teología, Pedagogía, Didáctica…

    Antonio, sentado en el centro, entra las dos presentadoras de su libro: Pilar y María Ángeles, y tras los agradecimientos oportunos y de buen sentido, nos dijo que publica el libro gracias a la aceptación que han tenido sus artículos en la red, no me cabe duda alguna, porque se le nota su amor por Orihuela y por los libros, no ya como oriolano de sangre sino como admirador de la tierra que le vio nacer y crecer hasta su juventud y por la que siente especial cariño. El hecho de ayudar a su padre en la Lonja le hizo conocer a muchas personas que trabajaban allí o de los que venían y así enterarse de las historias que se contaban y que un adolescente como él absorbe como gran pureza y fidelidad. Luego nos describió la composición de los 24 capítulos del libro. Tras terminar el acto de presentación Antonio tuvo una cola impresionante para firmar libros, al fin conseguí que me dedicara uno, que dice: “Para Ramón Fernández Palmeral, gran poeta, escritor e investigador y estupendo amigo, con todo mi afecto”. Lo cual le agradezco el que me tenga en tan alta estima.

     Yo he seguido los artículos de Antonio Colomina a través de Internet, desde que empezó a publicarlos en "Orihuela Digital", recuerdo que el primero se titulaba «Sastres», que fue el 24 de febrero del 2005, y en el libro aparece el primero de los artículos. Ahora tenemos esos artículos en el papel, en libro físico, porque el libro es tangible y testigo del tiempo. Este libro es una parte de la historia de Orihuela, pero puede ser por similitud la historia del cualquier pueblo en la España de los años 50, en fin, una verdadera joya memoralística. Los artículos al igual que el libro se han ilustrado con fotografías antiguas en blanco y negro, fotos del recuerdo, y algunas familiares, foto en definitiva que como escribiera su paisano Miguel Hernández “Algún día/ se pondrá el tiempo amarillo sobre mi fotografía”, porque en definitiva es el tiempo que el pasa sobre la fotografía, ya que la fotografía no cambia en absoluto, es una constante. Ellas ven cómo pasa el tiempo sobre nosotros.

     El título “Orihuela dulce pueblo” ECU, Alicante, 2006, se debe a una estrofa de una canción popular que dice: “Orihuela dulce pueblo, / donde tengo yo mi amor./ Y dile que no me olvide,/ que muy pronto volveré yo…” Presenta el libro un prólogo de Pablo Riquelme Ballesteros, Notas del Autor y 24 artículos e ilustrado con 45 fotografías inéditas de parajes y gentes oriolanos. Consta de 157 páginas. La portada se presenta color mármol rosa con una fotografía antigua de Orihuela, en la contraportada nos hace una introducción rápida de que el libro trata de los usos y costumbres de la ciudad oriolana en los años 50 y 60.

     A pesar de que ya conocía los artículos leídos en la pantalla, anoche estuve leyendo el libro hasta bien avanzada la madrugada, porque me cautivó, porque posee interés, está muy bien escrito, en una forma directa, viva, con anécdotas curiosísimas, de un pasado cercano y no ajeno al cotidiano vivir de esta zona de la Vega Baja, anécdotas que está en la memoria, pero como escribe en el prólogo Pablo Riquelme también tiene una ventaja, la de la distancia, la del alejamiento, y Pablo nos lo expone muy bien diciendo: «Vive en Alicante [se refiere a Antonio Colomina], y seguramente ese “exilio” de corta distancia le ha permitido guardar limpios los recuerdos para no perder los lazos, la visita y el cariño». Efectivamente cuando uno se encuentra inmerso en el devenir diario de un pueblo, o de nuestros pueblos, en sus calles, con sus gentes, uno carece de esa perspectiva necesaria de ver el pueblo desde el monte, desde el alejamiento en el tiempo, desde ese “exilio”, porque esto afirma lo que como ya escribiera Ortega y Gasset en "Meditaciones del Quijote", en la frase «Los árboles no nos dejan ver el bosque», porque en realidad el bosque es una naturaleza mimética e invisible, nos damos cuenta que el paisaje es visible cuando oculta otros paisajes invisibles, la invisibilidad es como el negativo, sin el cual no podemos ver lo positivo, y la transforma en esa parte nueva, es decir, que Antonio Colomina al estar fuera de la ciudad de Orihuela la ve con otros ojos, y la recuerda en tu tiempo que se quedó parado, y con estos recuerdos por medio de asociación de ideas crea un idilio con Orihuela.

    Fuera de la filosofía sobre la realidad y el recuerdo, centrémonos en algunos artículos que he creído, y son más interesantes, a pesar de que todos los son:
    Nos nombrará las sastrerías: Almira, Moya, Abad, Guillermo…y estas sastrerías tenían, al menos, seis empleados, y algunos como Guillermo hasta veinte. Al final de artículo se lamenta de que el gremio haya desaparecido a favor de la confección. Sin duda alguna aquellos sastres artesanos de los pueblos, te medían la tabla de la espalda y, a marcando con la tiza te hacían un traje a medida para toda la vida.
    En II nos habla, cómo no, de su colegio menor: “Oratorio Festivo de San Miguel”, cuyo director era don Antonio Roda López, sacerdote, un hombre que puso todo su empeño en levantar el colegio y cómo, en el salón de actos idea poner un cine para los domingos, que los chavales lo abarrotaban. En aquellos años la películas era casi todas de producción española, yo recuerdo muy especialmente «Marcelino pan y vino”, o la tan famosa “Bienvenido Mister Marshall”, del año 1952, de Berlanga. Tiempos en que uno se creía de verdad la película, y uno se metía en el papel del protagonistas.
    En el III nos recuerda la Lonja donde su padre era Asentador número dos, y pasó allí muchas horas de su niñez y adolescencia, recuerda que el número de teléfono era el 45, un teléfono de manivela que enlazaba con una Central Telefónica. Esto no desconocen nuestros jóvenes que lleva cada uno un teléfono móvil y se creen que siempre ha sido asÍ. No cuenta el narrador que en Semana Santa en la Lonja se introducían los pasos de El Prendimiento y la Oración del Huerto para limpiarlos y florearlos. Este artículo enlaza muy bien con el último que no habla de la Semana Santa Oriolana, que sin duda alguna es una oferta cultural de primer orden.
    No pretende esta reseña comentar todos los artículos, para eso está el libro, para leerlo y disfrutarlo. Recuperaremos la afición a la zarzuela, a la radio,  a los cines de su época, o enterarse a qué se le llama “rezar las estaciones”. Todo el libro está lleno de anécdotas simpáticas, en el articulo 16, nos habla de los oficios, y guarda un recuerdo para los pastores de pavos, a los de ovejas o cabras, y nos recuerda en la pág. 102 que el universal poeta Miguel Hernández era pastor, un pastor de Orihuela que conoció a dos premios Nobel de Literatura a Pablo Neruda y a Vicente Aleixandre.


  En fin, no me extiendo más, invito a los lectores a su lectura, lo recomiendo en la seguridad de que no les aburrirá su lectura y yo nunca miento.

 

 

 

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